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El incendio que arrasó Aldeanueva del Codonal el 24 de agosto de 1919

por Jesús Fuentetaja
4 de septiembre de 2022
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Aladeanueva del Codonal

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Raro es el día que no salte la noticia en los telediarios de la devastadora plaga de incendios que venimos padeciendo, en este verano de calores agobiantes, como un mal presagio de lo que parece ser que nos espera, si el temido cambio climático acaba cumpliendo con su amenaza. Confiados en aquel “cual largo me lo fiais” del Tenorio, no teníamos asumido que el destino pudiera llegar a alcanzarnos con tanta rapidez, pero es una triste realidad que queramos o no, vamos a tener que convivir con ella a partir de ahora.

Verano e incendios, sobre todo forestales, han ido casi siempre de la mano. Medio centenar de grandes fuegos se han producido ya en España durante el presente año 2022, según se informaba en este medio hace unos días. Dejemos por un momento el preocupante presente y nada esperanzador futuro que nos agobia, y dispongámonos a viajar en el tiempo un siglo atrás, para rememorar quizá, el incendio más atroz de los registrados en la historia de la provincia de Segovia, cual fue el iniciado en Aldeanueva del Codonal, el día 24 de agosto de 1919. Hace unas fechas se cumplieron, por tanto, ciento tres años de aquella tragedia que cambio por completo la faz del pueblo y que trajo la desgracia a la vida y a la hacienda de sus vecinos.

CRÓNICA DE UN DESASTRE
Serían poco más de las tres de la tarde de aquel caluroso domingo de agosto de 1919, cuando un incendio en un horno casero se propago rápidamente casa por casa por toda la localidad de Aldeanueva del Codonal, sin que se pudiera hacer nada por evitar que el pueblo terminara ardiendo por los cuatro costados. Más de la mitad de las viviendas resultaron afectadas, llevándose el fuego también por delante la casi totalidad de la cosecha almacenada en los graneros, paneras y más de una tercera parte de la que permanecía aun sin recoger en la eras. De unas cien casas quedaron completamente destruidas cincuenta y tres y solo algo más de una treintena no se vieron alcanzadas por las llamas. También se quemó toda la documentación existente en el archivo municipal. La parte positiva fue que no hubo que lamentar desgracias personales, aunque lo daños materiales serían cuantiosísimos: más de trescientas mil de las muy antiguas pesetas.

El Adelantado de Segovia, testigo fiel de todo cuando de importancia ha ocurrido en la provincia de Segovia en los últimos ciento veinte años, trató el tema del incendio de Aldeanueva del Codonal con una gran profusión de información; llegando incluso a abrir una cuestación popular a través del periódico con destino a los damnificados, que luego sería dirigida a la que abriría la Diputación. La primera noticia de alcance se publicó al día siguiente del siniestro, el lunes 25 de agosto y en los días sucesivos vino informando puntualmente a sus lectores de la evolución de los acontecimientos.

Entre estas informaciones, nos han parecido destacables por su pormenorizada y personalísima narración de los hechos, las que efectuó el corresponsal del periódico en Santa María de Nieva. A continuación, se reproduce la del martes día 26 de agosto, enviada por correo a la redacción el día anterior:
“El siniestro ocurrido ayer en el inmediato pueblo de Aldeanueva del Codonal, por su magnitud y el estado de miseria en que ha quedado el vecindario, tiene consternada a toda la comarca.

Desde las primeras horas de la tarde de ayer se observó en esta villa una columna de humo que denotaba a las claras que algo anormal ocurría en Aldeanueva del Codonal, haciéndose diferentes comentarios si sería un incendio producido en las eras, en el pinar o en el pueblo; no apreciándose con claridad, puesto que los diferentes gemelos con que se observaba no alcanzaban a detallar el lugar donde el siniestro hacia presa.

Próximamente a las cuatro de la tarde, llegó a todo correr un propio, quien dio la noticia de haberse producido un incendio en la parte Poniente de aquel pueblo, habiendo tomado tal incremento que en el transcurso de una hora había deshecho ocho casas y amenazaba destruir el pueblo, puesto que el aire favorecía el voraz elemento y reclamando de estas autoridades un auxilio inmediato.

En el momento se pusieron las autoridades en movimiento, ordenando preparar la bomba y material de incendios al mismo tiempo que el dueño de la fonda don José Gómez, brindaba el auto de que dispone para llevarla con mayor rapidez y así se llevó a efecto en un corto espacio de tiempo.
Además del personal apto en el manejo de la bomba tomamos asiento en el auto el teniente de la Guardia Civil, el secretario del Ayuntamiento, a cargo del servicio; el farmacéutico Don Valeriano Tribiño, y el corresponsal que suscribe.

El aspecto que el pueblo presentaba era aterrador, indescriptible; las mujeres abrazadas a los niños, lloraban acobardadas ante los escasos muebles salvados del incendio; los hombres corrían despavoridos sin darse cuenta exacta de lo que les pasaba, solamente el señor cura del pueblo y el de Melque de Cercos, dueños de la situación, daban órdenes para aminorar el fuego.

Ambos sacerdotes trabajaron con un ardor digno del mayor encomio, acudiendo siempre a los sitios de más peligro.

Las calles por las cuales no se podía transitar, estaban cubiertas por una alfombra de granos de todas clases; los ganados y aves se quemaban sin que materialmente se pudiera hacer nada por salvarlos, y familias enteras, que por la mañana rebosaban de alegría porque veían coronados sus esfuerzos de todo el año con una regular cosecha, a las cuatro de la tarde eran presas de desesperación sin tener nada que llevarse a la boca; puesto que no solo sus hogares se habían destruido con cuanto contenían, sino que también el incendio hacia presa en las eras que comenzaba a destruir con tal rapidez que poco o nada se podía salvar de lo en ellas contenido.

A las cinco y media eran 50 casas las destruidas, con ganados y muebles y la cosecha de las eras en sus tres cuartas partes.

Los esfuerzos que se realizaban eran poco menos que impotentes.
Cumpliendo órdenes del alcalde, teniente de la Guardia Civil y demás autoridades regresé a esta en el auto para solicitar auxilios del Gobierno civil y recabar la bomba de la estación de ferrocarril, encontrándome en el camino con el Juez de 1ª Instancia, que acudía al lugar del siniestro y el servicio de incendios de Nieva, que también acudía espontáneamente a prestar auxilio.

Ya tenía el alcalde de esta villa (Santa Maria de Nieva) datos del siniestro por el señor juez municipal de ésta que en motocicleta acudió a ponerse a disposición de las autoridades del pueblo incendiado, y daba órdenes para que con la mayor rapidez se llevara la bomba y material de la estación, a lo que se brindaba el propietario don Jacinto Balbuena y comunicaba con el señor gobernador, quien mandó otra bomba y personal en el correo de las diez (Se refiere al tren denominado Correo de Santander que transcurría por la antigua línea férrea de Segovia-Valladolid)
También se personaron en Aldeanueva los diputados señores Esteban y Llorente con otras personas de significación de esta localidad a brindar auxilios en nombre de esta villa (Santa María de Nieva) al vecindario de aquel pueblo, mientras el alcalde de ésta señor Escudero, se enteraba del pan y vino que se podía mandar; e inmediatamente de regresar aquellos señores se remitieron 60 kilos de pan y 10 arrobas de vino y esta mañana se mandaban 240 kilos más de pan y 20 arrobas de vino, leche y huevos.

A las dos y media de la madrugada, pasó por ésta, al lugar del siniestro, el señor gobernador con otras personalidades, regresando a Segovia hora y media después”.

Hasta aquí la precipitada crónica de aquel día, suscrita por ahora anónimo corresponsal del periódico en la zona, puesto que no aparece su nombre en la referencia periodística consultada.

SE PRECISAN AYUDAS URGENTES
Nada más conocerse los hechos se puso en marcha la maquinaria administrativa para estudiar las ayudas económicas que eran necesarias acordar con urgencia, ante la gravísima situación que afectaba a la gran mayoría de los vecinos de Aldeanueva. El primer paso fue la creación de una Junta local en el propio pueblo, que se encargaría de canalizar y distribuir aquellas que se fueran recibiendo.

La primera iniciativa corrió a cargo del gobernador civil Sr. Llaneras, quien al día siguiente de producirse el incendio llamó por teléfono al ministro de Fomento, para demandar con toda urgencia del gobierno el envío de auxilios que atenuaran las funestas consecuencias de la catástrofe. Lo único que obtuvo del ministro fue la promesa de facilitar al pueblo algún recurso extraordinario, o la realización de alguna obra de carácter público, pero no la ayuda urgente y necesaria que se demandaba en aquellos trágicos momentos.

Por su parte, el presidente de la Diputación, el riazano Mariano González Bartolomé, se comprometió en carta dirigida al alcalde de Aldeanueva del Codonal, a convocar un pleno extraordinario de la Corporación provincial para estudiar la forma en la que poder ayudar a los vecinos afectados. Dicha sesión fue celebrada el día 18 de septiembre de 1919, siendo presidida por el gobernador civil y con la presencia del senador del Reino, Cano de Rueda y del diputado a Cortes por el distrito de la capital, marqués de Cañada Honda; mientras que el resto de los representantes en Cortes por la provincia, que no estuvieron presentes en la reunión, enviaron un escrito de adhesión a cuanto se acordara y ofreciéndose para colaborar en lo que fuera preciso. En dicha reunión, fueron adoptados, entre otros, los siguientes acuerdos:
– Solicitar del Gobierno de Su Majestad la concesión de un crédito extraordinario por la cantidad de 250.000 pesetas que se destinaría a remediar la situación angustiosa del pueblo de Aldealengua del Codonal.
– Que se solicite del señor ministro de Fomento la construcción inmediata del camino vecinal de Aldeanueva del Codonal a Santiuste de San Juan Bautista y se conceda una corta extraordinaria de pinos en el pinar de propios que posee el primero de dichos Ayuntamientos con el fin de proporcionar trabajo a los braceros y poder reconstruir más económicamente las casas incendiadas.
– Solicitar igualmente del señor ministro de Gracia y Justicia destine alguna cantidad a la reparación de la iglesia parroquial del pueblo.

UN DONATIVO ESPECIAL
Como anécdota muy peculiar, digamos que el guitarrista Andrés Segovia, actuó en un concierto nocturno celebrado en el Alcázar, cuya recaudación fue cedida en donativo por la Infanta Isabel “La Chata”, tan vinculada a Segovia, para que se hiciera entrega de la misma a los damnificados por el Incendio de Aldeanueva del Codonal. Dicha recaudación ascendió a la cantidad de 1.034 pesetas, de las cuales se entregaron a la causa benéfica 784 pesetas, siendo la diferencia resultante de 250 pesetas los honorarios que percibió el ya afamado músico, que no renunció ni a un céntimo de lo que había acordado. El resto de los gastos del concierto corrió a cargo de la Academia de Artillería.

REPARTO DE LA SUSCRIPCIÓN ENTRE
LOS DAMNIFICADOS
La suma de las pérdidas declaradas por cada uno de los 71 vecinos afectados por el incendio ascendió al total de 332.970 pesetas. Las cantidades satisfechas por los seguros a la suma de 69.039,77 pesetas; resultando por tanto, unas pérdidas líquidas de 263.967,63 pesetas.
Los donativos y cantidades procedentes de la suscripción ascendieron al importe líquido de 21.242,90 pesetas, que descontada la cantidad de 9.661,50 pesetas anticipadas para permitir la siembra de los campos, resulta un total a percibir de 11.581,40 pesetas. Esta liquidación fue aprobada por acuerdo de la Junta provincial del día 27 de agosto de 1920 y no fueron satisfechas a los interesados hasta casi dos meses después, concretamente el 18 de octubre. La relación de 71 perceptores se iniciaba con Anselmo Martín García y se cerraba con los huérfanos de Policarpio Gómez y de Eulalia Arribas. Año y medio después, concretamente con fecha 29 de marzo de 1922, se hizo un segundo reparto entre los damnificados por un total de 1.861,86 pesetas. Todo ello según figura en los estadillos de distribución de las ayudas facilitados por la familia Agüero, a quien agradecemos su colaboración.

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