Sucedió a la una de la madrugada del 6 de enero de 1929, festividad de los Reyes Magos. A esa hora comenzó a salir un denso humo de las instalaciones del Café Castilla, ubicado en Juan Bravo, 72. Los bomberos, con sede entonces en San Clemente, llegaron rápidamente. Pero… enchufadas las mangueras a los registros públicos del agua, ésta no llegaba. Vecinos y bomberos intentaban apagar con los medios que tenían. El Teatro Cervantes dejó todos sus extintores, pero el incendio iba a más.
Éste, el incendio, había comenzado en el almacén del recinto donde se encontraban varios sacos de serrín que, al quemarse, proyectaron un denso humo que hacía imposible acercarse al lugar. El jefe de bomberos buscó al encargado del Ayuntamiento para dar y cortar el agua desde los Depósitos. El paso del líquido estaba cortado por la noche para la ciudad. Cuando se subsanó la ‘anomalía’ y las mangueras se pusieron a ‘trabajar’ habían pasado un par de horas. Más que suficientes para que el incendio se llevara entre las llamas la gran mayoría de lo almacenado.
Los bomberos hubieron de destruir una gran parte del piso del café para poder entrar al sótano. Todo el recinto, tras apagarse el incendio, presentaba un estado desolador. Las pérdidas económicas habían sido grandes. Las críticas al Ayuntamiento fueron de todo orden. Nadie entendía, y menos aún el dueño del local, Rafael Ramírez, cómo ‘en esta época del año con los depósitos llenos’, el agua estaba cortada.
Pérdidas lamentables
La Exposición Ibero-Americana se desarrolló en Sevilla entre mayo de 1929 y junio del siguiente año. Cuando los de la prensa preguntaron por la razón, les contestaron que tenía como misión ‘mostrar el hermanamiento entre España, Hispanoamérica, EE.UU., Portugal y Brasil’. Por España fueron invitadas las regiones. Entre las de Castilla la Vieja y León estuvo Segovia. Los gastos de la oficina y pabellón en la ciudad hispalense fueron por cuenta de la Diputación Provincial.
Hete aquí que días después de haber sido clausurada la muestra, el presidente de la Diputación segoviana, Francisco J. de Cáceres, emitió la siguiente nota a los medios de comunicación:
‘Una vez clausurada la muestra de la Exposición, la Diputación de Segovia envió a la capital andaluza a su maestro carpintero con la finalidad de que se hiciera cargo, embalase y remitiese los objetos que la Corporación tenía depositados en el Pabellón de las Diputaciones.
Este funcionario, tan pronto como llegó a Sevilla, nos comunicó haber encontrado en mal estado de conservación algunos de los objetos enviados y expuestos. Unos días después recibimos en Segovia lo remitido, donde se pudo comprobar que un privilegio, propiedad del Ayuntamiento de la ciudad y un añal del siglo XVI, de la Diputación, se encontraban, el primero totalmente destruido y el segundo en muy mal estado de conservación’.
Los perjudicados levantaron acta notarial, instruyeron diligencias para depurar responsabilidades por la mala custodia y conservación de los citados objetos… ¿y qué? Pues eso, lo que ustedes están pensando. Que si tú, que si aquel, que vaya usted a saber…
Y el Támesis por Valladolid
Antoine de Lalaing viajó por España entre 1501 y 1503, acompañando a Felipe el Hermoso. Reunía en su misma persona los títulos y ‘agradecimientos’ de Conde de Hoogstratenm, señor de Montigny, secretario del Tesoro de los Países Bajos con Carlos V, formando parte de su Consejo Privado, Caballero de la Orden del Toisón de Oro… el belga –nacido en el Flandes español cuyo dominio permaneció alrededor de 200 años-, falleció en Gante mientras acompañaba a Carlos V para castigar una sublevación de sus habitantes. ¡Qué me dices! ¿El referido Rey, también I de España, metido en guerras? ¡No-me-lo-puedo-creer!
¿A qué viene este rollo patatero? Pues, por dejar constancia que D. Antonio, que, como ya describí mas ‘pa’ arriba, llegó para viajar por España, publicó más tarde su cuaderno de viajero y… de su paso por aquí, por la ciudad del Acueducto, dejó escrito: ‘por Segovia corre un rio llamado Eresma procedente de Toledo’… ¡Con dos…! ¿Y el Támesis por Valladolid?
Pudo ser una tragedia
Sepan. ‘El Cordón de Oro’ fue el nombre de un salón de baile que ubicado en el barrio de Santa Eulalia, calle de San Antón, abrió sus puertas en 1880. En las fiestas de carnaval del año siguiente, cuando todo estaba preparado para los bailes ‘carnavaleros’, tan solo unas horas antes de abrir sus puertas, se hundió la techumbre por completo. No había nadie en el local. Fue al amanecer del domingo de carnaval. Febrero de 1881. No volvió a tener actividad.
Curioseando
Por si no lo saben. En término de Santiuste de San Juan Bautista –lugar de mis raíces paternas-, discurre un arroyo conocido con el nombre de ‘Estanquero’. La historia se debe a que ‘paseaba’ sus aguas por tierras pertenecientes al regente del Estanco de la localidad. También se sitúa en referido el arroyo de la ‘Ermita’, pues discurría por el lugar donde estuvo ubicada una construcción del siglo XII, en el paraje ‘Cuesta de Lutero’.
Séame permitido pensar…
‘Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos’. (Jacinto Benavente). Una reflexión sobre la manipulación y el cinismo.
