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El Adelantado de Segovia

El Guarda de Panes de Valseca

por Álvaro Pinela
20 de febrero de 2022
en Segovia
El Guarda Valentín llega al caño junto a su burro, conversa con unos vecinos y unos niños suben al animal. Álvaro Pinela.

El Guarda Valentín llega al caño junto a su burro, conversa con unos vecinos y unos niños suben al animal. Álvaro Pinela.

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Acompañado por lo general de una burra, y ataviado con vestimenta de pana para el invierno, sombrero, una banda blanca cruzada en el pecho y una placa dorada, se hacía ver al Guarda de Panes del pueblo. Una figura de empleo de carácter municipal, que como otras tantas, han dejado su pervivir y su memoria en el tiempo. En el caso de Valseca, era denominado Guarda de Panes, y también Guarda de campo, municipal, e incluso Guarda rural.

La figura del Guarda, muy arraigada al desarrollo del siglo XIX y la primera mitad del XX, se extendía en las características que ofrecía el servicio por todo el territorio nacional, adaptándose a la orografía de cada zona y las necesidades a preservar en cada una de ellas: la montaña, accidentes fluviales, el monte, la función cinegética, o en el caso de Valseca y otros muchos lugares de Castilla, la campiña cerealista. La extinción del Guarda de Panes, tuvo mucho que ver con la mecanización del campo y las concentraciones parcelarias de los términos municipales, con ello desaparecieron sus pasos.

El Guarda era nombrado por el pleno una vez votada la propuesta en votación. Y después era trasladada su designación al entonces Gobierno Civil de Segovia.

Entre las funciones del Guarda de Panes, estaba la encomienda de recorrer el término, comprobando el amojonamiento del mismo; que los campos de cereal no fueran asaltados por caballerías, ganados o por el ultraje de alguna persona; preservar el estado de las lindes, prados y caceras; custodiar y observar el mantenimiento de las distintas fuentes naturales para el abastecimiento de las personas y el ganado; controlar la entrada de los cazadores y servir de auxilio o ayuda en determinados casos.

El trabajo del Guarda, en diferentes épocas del siglo XIX, era más temporal, y se asignaba la plaza; mientras que en la primera mitad del siglo XX, tenía una periodicidad más constante. Por norma. Durante prácticamente toda la primera mitad del siglo XX, el Guarda se encargaba de la custodia de todo el término municipal. Sin embargo, en el siglo XIX, el Ayuntamiento elegía tres guardas, “dividiendo el término en tres cuarteles para cada guarda, como era costumbre: Valseca, y los despoblados de Boones y San Medel”.

Un interesante documento histórico, lo encontramos en la celebración de la sesión extraordinaria del Ayuntamiento y la Junta Municipal el día 12 de noviembre de 1877, dirigido al nombramiento de los Guardas de Campo. Una convocatoria a la que se presentaron cinco solicitudes personificadas en: Esteban Valverde, Esteban Arahuetes, Timoteo Perlado, Antonio de Antonio y Celedonio Arahuetes. Por votación, se acordó la desestimación de Esteban Valverde y Esteban Arahuetes, quedando agraciados, “Timoteo Perlado, para el término de Boones; Antonio de Antonio, para el de Valseca y Celedonio Arahuetes, en San Medel”.

La sesión establece una serie de condiciones a los seleccionados. El acuerdo, precisa que: “Por desempeñar dicho cargo se les abonará la cantidad de 20 fanegas a cada uno, bien de trigo o bien de cebada”.

Desde el nombramiento del cargo, “no se concretarán más que a dar cuenta según lo manda la instrucción, sin abandonar su término; y hasta tanto no cumplan el contrato de Guarda que es hasta el día 12 de noviembre de 1878, no podrán irse a ganar jornal de ningún género en casa de nadie”. En otra de las clausulas, “se prohíbe bajo la más estrecha responsabilidad que cojan propinas cuándo una persona ha hecho un daño y sí dar parte como corresponde”.

El estado de algunas carreteras y caminos, también era su encomienda. De esta manera, se les recuerda, “que quedarán sujetos a sostener la carretera de este pueblo que enlaza con la de Segovia y Valladolid”, un cometido que quedaba encargaba a los dos guardas de los términos de Valseca y San Medel, “comprometiéndose el ayuntamiento a darles las correspondientes herramientas para el sustento de ellas”; precisando, que no se deberían “dejar carros ni ganados atravesarla, no siendo que haya alguna salida conocida”.

Las caceras, eran otro de los cometidos, recalcando en la sesión, que quedaban “sujetos los tres guardas agraciados a hacer las caceras de San Medel por su cuenta”, abonándoles por dicho trabajo, que deberán tener terminado para el día 20 de febrero de 1887, “tres cantaros de vino”, detalla.

También el trabajo tenía su premio. Así, se les comunica que “por los partes que presenten de daños, se les abonará por cada uno, la misma costumbre que tenían en los pueblos convecinos, y por los que este pueblo de Valseca solamente les llevaran un Real”.

Muchas veces la incidencia venía dada por la pérdida de ganados y animales, que el Guarda encontraba en distintos lugares. El Guarda de Campo, era el encargado de dar parte de los mismos, así como de las características del animal y la zona donde se había encontrado extraviado. En este sentido se estima, que “por los cerdos que encuentren en las tierras se les llevará 2 cuartos de Real”. De esta manera quedaban sujetos los titulares “a los daños y perjuicios que se relacionan”.

Entre sus funciones también debían estar pendientes de los permisos de entrada y restricción del ganado a los campos, los pastores, con los rebaños de ovejas; el cabrero con el de cabras; el porquero, con la piara de cerdos, o el mulero con el grupo de caballos, mulas, burros y machos.

El alguacil, como era costumbre, pregonaba el día del patrón por las calles: “Por San Isidro, se dan los prados y se vedan las lindes”. Y esa misma voz legendaria, dos meses después, cuando se secaba el pan del término, era la encargada de pregonar a corneta y voz abierta, “se da la espiga”, con ello, los ganados hacían el aprovechamiento.

El Guarda de Panes, además del pago sujeto del municipio por sus atribuciones, muchas de las veces recibía anticipos remunerados por parte del Pósito, un almacén también municipal, cuya función primordial consistía en realizar préstamos de cereal en condiciones módicas a los vecinos necesitados. Un dato que queda recogido en la sesión del día 26 de noviembre de 1881, en la que se señala, “que ya venía constando que el Pósito venía anticipando de un año para otro el salario para el pago de los Guardas de Campo, en lo referente al trigo, por importe de 30 fanegas”. En dichos años, el presupuesto municipal rondaba los 12.500 pesetas, y los benefactores con cargo de guardería quedaban incluidos en dicho ejercicio.

En otro acuerdo municipal, se indica, que “el Guarda podía poner una pena de un Real por caballería, a quién soltase los ganados a los rastrojos, estando las mieses de trigo por aventar y los garbanzos sin trillar”. O el detalle de otra sesión, en la que se deja constancia, “de haber observado que en algunos parajes del término se ha observado algún desorden tanto en los panes como en los pastos”, por lo que se determinó, “que se amoneste y se encargue a los Guardas rurales la vigilancia sobre ellos”.

Los partes de pérdidas de animales, eran remitidos por el Alcalde al Gobierno Civil, para su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia. Mientras que el animal localizado, por lo general, era depositado en el corral de la Posada del pueblo, hasta que acudía su propietario. Una de las cosas curiosas de estas publicaciones, es la descripción del animal de turno, todo un retazo de cultura, de lo que se conoce como las señas de semovientes. Un ejemplo lo encontramos en la publicación del Boletín de 1863, donde el alcalde, Cesáreo Agudo, lo pone en conocimiento del Gobierno Civil: “el sábado día 4 del corriente le dio parte el guarda de los sembrados del mismo pueblo haber hallado un pollino cuyas señas se indican a continuación: Edad cerrada, pequeño, pelo castaño, desherrado de todos remos, tiene una matadura en el lomo en la parte que coge la cincha”. También era otra de las funciones del Guarda, la vigilancia y el tránsito de gentes, como queda refrendado en un pleno del año 1862, donde se da a conocer a los representantes municipales, la misiva del Gobernador Civil de Segovia: “para que se observe y vigile por la noche el tránsito de personas sospechosas aparentemente de la tranquilidad pública”; por ello se decide “encargar a los guardas rurales del campo que estén en expectativa si por el término de esta jurisdicción causase alguna por una sospecha las detengan”.

El grano una vez recolectado en parvas, quedaba en montones de cebada y morenas de trigo en la era. Una situación que propiciaba que muchos labradores, pasaran la noche velando por la cosecha junto a los mismos. De la misma manera, que el Guarda se mantenía vigilante.

Otra de las actividades muy dada en el pueblo era la de ir a espigar. Consistía en recoger las espigas tras la siega, una vez que hubiera permiso para entrar a los rastrojos. Lo hacían sobre todo las mujeres. De su entrada en los rastrojos debía de estar pendiente el Guarda, que en algunos casos y observando a gente forastera en los panes, les hacían devolver a la tierra los granos recogidos.

¿Y quién fue el último Guarda de Panes de Valseca?. Lo desempeñó Valentín Hernangómez, hasta mediados de los años 70 del siglo pasado. Estaba casado con Tomasa, y domiciliados en la calle La Iglesia, Anterior a su cargo, lo fue, Juan Manso(1971), y Cipriano Pinela(1950), entre otros.

El de Guarda, fue otra de esos empleos municipales que han pasado a la historia del pueblo con especial presencia en el siglo XIX, como también lo fueron el Bulero(persona encargada de recoger las bulas para destinadas a los pobres); el Apreciador(revisaba los cotos del término municipal de manera frecuente); el relojero de silla(pendiente del reloj de la iglesia); el candilero(encargado de mantener encendidos los candiles en las principales calles y fachadas), o el sereno. Todas ellas dejaron su huella en aquella Valseca del siglo XIX, y hoy en papeles de archivo.

Una cazuela de castañas, por San Martín

En el siglo XIX, una de las encomiendas principales en la bifurcación del término municipal, era la de procurar mantener limpias y fluidas las principales caceras del término. El Guarda, en lo que su corta disponibilidad tenía, dada las múltiples funciones que ostentaba, se encargaba de mantener alguna, pero era habitual, que periódicamente, los vecinos a Prestación Personal, realizaran las tareas.

En el año 1881, el Ayuntamiento restableció la antigua costumbre de dar una cazuela de castañas a todo vecino por la limpieza de las caceras de los comunes de San Medel. Un bando público nos lo recuerda. “Qué el día de San Martín(11 de noviembre), se convoque por edicto y citación personal al vecindario para la limpieza y conservación de las caceras desde las ocho hasta las siete de la tarde, y que a esta hora, se reparta como antiguamente a cada vecino una cazuela de castañas y el vino de costumbre; pagándose su coste como renta que produzcan las tierras de los comunes de San Medel, y si no hubiese bastante, que se ayude el coste con los fondos de los depósitos municipales con cargo al presupuesto de Policía Urbana”.

Otras de las caceras principales que se atendían por prestación personal de los vecinos eran las de el Parralejo y la de la Fuente Vieja.

Florencio Llorente, pastor jubilado

El pastor jubilado, Florencio Llorente (88 años), conocido como el Chato, explica que los entrepanes, los vedaban el día de Santa Águeda(5 de febrero), y ya estaban reservados hasta el día de San Antonio(13 de junio), que se daban por ocho días en los que ovejas los podían carear. En este tiempo que estaban vedados, “si te metías y te pillaba el guarda te denunciaba. Pero como había muchas ovejas, siempre te metías algo”. Era el día de San Isidro cuando se daban los prados, principalmente destinados para los ganaderos de vacuno y los ganados de labor. La costumbre marcaba que se pagaban los mismos el día del patrón. Llorente recuerda también que los Guardas eran los encargados de vigilar que los rebaños trashumantes que pasaban por la Vereda de San Medel no se metiesen en los sembrados, “lo que alguna vez se libraba por los ganaderos dando alguna moneda al guarda”. Eran tiempos para las ovejas en los que se entraba muy tarde a los rastrojos, “no se entraba hasta la virgen de agosto(15 de agosto), incluso sobre esas fechas todavía había trigos sin cosechar”. El alguacil, era el encargado de pregonar, en ese momento, “se dan los rastrojos y se vedan las lindes”, misivas sobre las que el Guarda tomaba especial custodia.

Una referencia a lo explicado por Llorente, la encontramos un siglo atrás en la sesión de pleno de 11 de junio de 1869, donde se plantea el desvedar las lindes y entrecunetas de San Medel, el cerro Alto, el Barranco del Francés y el Valle Quilú. Y tras un largo debate, sobre su conveniencia, el alcalde, determinó, “que siempre había sido costumbre de permitir pastar al ganado lanar de este pueblo antes de ir a la sierra, lo que ahora se daba”, dando curso del mismo al Guarda.

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