La persistente presencia entre nosotros de la nefasta pandemia, que tanto dolor y sufrimiento y cambios de sistemas tradicionales de vida y costumbres está produciendo, ha extendido sus efectivos negativos también, y de una forma rigurosa y amplia, a todas las actividades culturales que habitualmente se venían desarrollando en nuestra ciudad. La alteración de las mismas va a suponer tiempo y tiempo de trabajo, a medida que los efectos del Covid-19 vayan disminuyendo, para poder recuperar una activad total. Hay que considerar mérito indudable todos aquellos esfuerzos que se vienen realizando para tratar de que sigan ‘vivas’ algunas actividades, esfuerzo y buena voluntad a los que hay que agregar ahora la esperanza de que paulatinamente puedan ir llegando otras recuperaciones, entre las que hoy menciono la inauguración, ya anunciada pero sin fecha posible aún, del nuevo museo de arte que se está instalando en el histórico Torreón de Lozoya.
Los trabajos de todo tipo que vienen impulsando desde hace ya tiempo los equipos directivo y técnico de la Fundación Caja Segovia para mantener vivo su contenido se espera que pronto puedan verse coronados con el éxito final. Trabajos llevados contra viento y marea en todos los aspectos referidos a instalaciones y montajes, salvando todo tipo de obstáculos y que parece que están ya en la recta final.
El Torreón de Lozoya es un edificio emblemático en Segovia, pues tras un largo periodo habitado por varias familias que fueron propietarias, hasta llegar a ser academia preparatoria militar y colegio de Hermanos Maristas y de Madres Concepcionistas, se produjo en 1968 la afortunada adquisición por parte de la extinta y tan añorada Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia, una entidad con mucha solera en capital y provincia.
El equipo directivo de aquél momento, con la feliz iniciativa de su director, Fernando Albertos Redondo, que ocupó el cargo en un extenso período desde 1945 a 1979, acordó emprender la nada fácil obra de restauración del edificio, cuy estado de conservación era muy deficiente. El acierto de encomendar la nada fácil tarea al arquitecto y pintor Joaquín Vaquero Palacios –de feliz memoria por su plena identificación personal y artística con Segovia- pronto se dejó sentir con la marcha de las obras, que a su término ofrecieron a la ciudad un majestuoso y renovado palacio, que ha servido para concentrar, junto a muchas obras de arte, infinidad de actividades culturales, artísticas y sociales, a la vez que ha sido testigo, hasta el momento, del paso por él de cientos de personalidades de todas las profesiones, especialmente las artísticas.
La plena dedicación de Fernando Albertos, apoyado en la exquisita sensibilidad de su esposa María, y con el pleno respaldo siempre de las sucesivas juntas directivas, supusieron la incorporación al Torreón de numerosas y valiosísimas obras de arte de todo tipo (pintura, escultura, tapices, cristalería, bargueños, lámparas, mobiliario, etc.) que constituirán una buena parte del contenido que se está dando al nuevo y tan esperado museo.
Es la planta primera del Torreón la que siempre ha sido considerada como la planta noble del mismo, dotada de una serie de salas de decoración sobresaliente y con una adecuada ambientación, por lo que ha constituido la principal recepcionista de ceremonias destacadas de la vida social segoviana.
La historia cultural del Torreón es larga y fecunda, por lo que esperamos confiadamente que, a raíz de la inauguración, nuevas y valiosas aportaciones a ella se sigan produciendo. No en vano los trabajos realizados por la Fundación Caja Segovia están persiguiendo afanosamente estos objetivos.
