La obertura de la edición de este año 2021, del festival Titirimundi 35, ha corrido a cargo de la compañía Belova-Lacobelli, apellidos de las dos creadoras del espectáculo Chaika.
Era la primera vez que estas artistas actuaban en Segovia. El público está expectante. Cuando se abre el telón vemos un escenario que ilumina tenuamente la figura de dos mujeres como pegadas entre sí, una es joven, y la otra, la que es mayor, es vieja, y es una marioneta. Hay además unos mínimos objetos: una mesa de tocador, un libro, y una tela blanca y alargada que cae desde el telar y simboliza un lago. Además un peluche y una gaviota.
Chaika, que significa gaviota en ruso, es el título del espectáculo basado en la obra de Chejov del mismo título y en el trabajo impecable de manipulación e interpretación de Teresa Lacobelli, la estupenda actriz y marionetista. Con Natacha Belova ha compartido la dirección del espectáculo.
Teresa Lacobelli abraza a su marioneta por detrás y le presta sus dos piernas, su brazo y su mano, a la vez que le insufla su respiración y su voz. Estamos ante una de las formas del arte del títere: una actriz y manipuladora con su marioneta del mismo tamaño. Sobrecoge esta figura doble, inquieta su humanidad desdoblada, nos atrae la conversación entre ellas, pudiera todo ello recordarnos a nuestras eternas, inconscientes y secretas conversaciones con nosotros mismos cuando no nos reconocemos o nos perdemos.
¿Y esta tela que es? Le pregunta a su alter ego, y su alter ego le responde: -El lago.-Pues vaya una mierda-, contesta
Y eso es lo que le pasa al personaje encarnado en la marioneta, que no se reconoce, que parece vivir en la tierra del hielo, cuando el pasado se difumina y el presente no tiene interés, algo por otra parte parecido a lo que está a punto de sucederle a Arkadina, el personaje de Chejov, que comienza a estar en el ocaso como actriz. Esta vieja gloria del pasado no sabe porque está ahí, ni qué es lo que tiene que hacer, su desorientación unida a su genio y fuerte carácter de diva en las postrimerías resulta hilarante, y a menudo reímos con su desorientación, como nos reímos cuando alguien se cae en la calle. Porque también hay humor en Chaika.- ¿Y esta tela que es? Le pregunta a su alter ego, y su alter ego le responde: -El lago.-Pues vaya una mierda-, contesta.
La actriz Teresa Lacobelli, la llamaré ahora Teresita, con una voz dulce y deliciosa como de madre que acompaña a una niña perdida le recuerda a su marioneta que está ahí para representar el personaje de Arkadina y que esta será su última función de la obra de Chejov.
-¿Arkadina?-, se extraña la marioneta, -no, yo soy Nina. -Nina no, ya eres mayor. Aun la marioneta quiere hacer de Nina como cuando era joven, aun Teresita con la misma ternura y paciencia le recuerda que ya no es joven para hacerla. Es conmovedor y bello el momento en el que las cabezas, la de la marioneta y la de la actriz, se funden y se transforman una en otra, Nina – Arkadina, marionetista- marioneta.
Es hermoso el momento cuando Teresita le coloca un espejo de mano para que se mire, y no se reconoce. El silencio que prosigue, interpretado divinamente, cautiva por su elocuencia. Siempre hay más de un significado en este tipo de forma escénica: marionetista- marioneta, se superponen unos en otros como en una sucesión de espejos.
Nina, la actriz que aspira a ser como Arkadina
Entre dialogo y dialogo, marioneta- marionetista, trascurren los sucesivos actos de los que se compone la obra de Chejov. Por el paso de ellos, para los que conocen la obra, pueden reconocerse algunos apuntes de sus personajes, no tanto sus conflictos. Nina, la actriz que aspira a ser como Arkadina y a quien admira, interpreta a la gaviota el personaje que ha escrito el hijo de Arkadina para ella. El hijo de Arkadina, Treplev, enamorado de Nina y que espera la opinión de su madre, este hijo que se siente abandonado por su madre a quien ama y admira y no que no es correspondido. Trigorin, el amante de Arkadina, dramaturgo reconocido y prepotente que seduce a Nina y la abandona preñada.
Es el personaje del hijo, representado por un peluche y una voz desagradable de niño insoportable que grita constantemente, ¡mama mama!, lo único que a mi juicio no convence de este trabajo, este personaje no merece ser tratado tan mal. En el montaje de Belova- Lacobelli lo relacionan con el conflicto de Hamlet y su madre, se escucha algún fragmento del mismo, pero ello no es suficiente para darle la importancia que este personaje tiene en la obra de Chejov y muy especialmente por su relación con Arkadina. En el trabajo de Belova- Lacobeli es tratado muy despectivamente, está representado por un peluche y es un niño muy mal educado, de esos que molestan un domingo en el restaurante.
Estamos ante un trabajo excelente de la actriz y marionetista Teresa Lacobeli. Estamos ante el enigma de la identidad, o de la perdida de la misma.
Ficha artística
Dirección: Natacha Belova et Tita Iacobelli.
Interpretación: Tita lacobelli.
Diseño integral: Natacha Belova.
Funciones en Titirimundi: Teatro Juan Bravo, 2 y 3 de septiembre.
Compañía: Belova-Lacobelli.
