A falta de documentación fehaciente sobre el nacimiento de la sociedad, y habida cuenta de la primera referencia periodística del Casino data del año 1906, todo parece indicar que la sociedad podría haberse fundado en los últimos años del siglo XIX, estableciendo su sede en el edificio actual de la Plaza de Abastos, donde se concentraban buena parte de los servicios del pueblo como la carnicería, la tienda grande, la Casa del Aguardiente -actualmente el edificio de la biblioteca-, todos ellos compartiendo la parte oriental de la plaza. Esta sede podría haberse alquilado inicialmente a su propietaria Lucía Rodríguez Avial, hasta que la sociedad decidió afrontar la compra del inmueble. La adquisición de la sede fue seguida de una importante renovación de sus instalaciones que bien podría haberse inaugurado coincidiendo con una edición de los nuevos estatutos, elaborados en la imprenta de Mauro Lozano durante el año 1936, y que según reza en su contenido, revocan a los anteriores que regulaban la sociedad. Mucho después, en el año 1965, la sociedad se inscribe en los Registros Provincial y Nacional de Asociaciones.

LOS ESTATUTOS DE LA SOCIEDAD
La lectura de los primeros estatutos de la Sociedad de Recreo Casino de Carbonero El Mayor pone de manifiesto que su normativa adopta todas las generalidades de estas sociedades de recreo que se mencionaron en el encuadre histórico. De la interesante lectura de su articulado se puede destacar:
Art 1. “Tiene por objeto proporcionar a sus socios medios lícitos de distracción y recreo”. Art.3.-“ Son actos que se prohíben expresamente: Exposición, propaganda o discusión de doctrinas o asuntos de carácter político o religioso, los juegos prohibidos por las leyes y todo aquello que ofenda al decoro individual o a las prácticas de una exquisita corrección».
En su Art. 4 se establecen tres clases de socios, fundadores, de número y accidentales “Los socios fundadores, todos aquellos que en 1936 constituían la Sociedad; los que hayan pagado la cuota, como socios de número durante cinco años consecutivos; los que abonen a su ingreso en la Sociedad la cuota de 150 pts”.
Los socios de número debían abonar a su ingreso la cuota de 100 pts, pasando a fundadores cinco años después. Los socios accidentales, entraban sin pago de cuota, con la condición de que no sean vecinos del pueblo o tengan consideración de funcionarios públicos.

Entre los derechos de los socios destaca en el Art 7. 4. “Concurrir acompañados de las personas de su familia que habiten en su domicilio, o forasteros que se encuentren temporalmente en su compañía, a cuantas veladas y funciones celebre la Sociedad” y en el Art.7.7. “Los socios fundadores tendrán derecho a percibir la parte alícuota que les corresponda del saldo activo de la Sociedad si ésta llegara a liquidación como únicos propietarios que son de todos sus bienes”.
Las obligaciones del pago de una cuota mensual se establecieron de 2,50 pts para los fundadores de número y de 4 pts para los socios accidentales.
Como es costumbre, en su articulado se contemplan privilegios y prioridades para los hijos de los socios cuando éstos solicitan el ingreso en el Casino.
El Art. 23 establece que la sesión ordinaria de la Junta se celebrará el segundo domingo de enero, en la cual se renovarán la mitad de los seis cargos directivos de la Sociedad, a saber Presidente, Vicepresidente, Secretario, Tesorero y dos Vocales.
Por aquellos años, los enseres que completan su patrimonio aparecen detallados en los primeros documentos hipotecarios, algunos se conservan actualmente, como el reloj de armario, la mesa de billar y los libros que componen su biblioteca, con notable valor bibliográfico como la enciclopedia España Regional. Geografía descriptiva, el Anuario general de España Bailly Bailliere o el Tratado de agricultura y zootecnia, y quedando solo como testimonio para la memoria, la estufa, seis candiles de carburo o los tres aparatos de gasolina que dispensaban el combustible para los mecheros que usaban los fumadores de la época.

LOS DOS CASINOS
Como ya se indicó anteriormente estas sociedades recreativas florecieron con diversas etiquetas como, Círculo Católico, Ateneo, Casino obrero, etc. El municipio de Carbonero el Mayor no fue ajeno a estas circunstancias y cabe indicar la existencia de otro casino, cuyo local se encontraba ubicado en la misma plaza, uno enfrente del otro, dirigido por Pablo Pascual, conocido por todo el mundo como Pablo “vato”. Este otro casino era conocido como el casino de los pobres, en contraposición al primero conocido como el casino de los ricos, y estuvo funcionado hasta los primeros años de la década de los sesenta, cuando las referencias recogidas sitúan su desaparición.
LA NUEVA ÉPOCA DEL CASINO
En torno al año 1971, y bajo la presidencia de “Don Paco”, -así se conocía entonces al practicante sanitario titular en este municipio– el casino emprende una importante reforma de sus instalaciones quedando el edificio con la estructura que conserva actualmente: las instalaciones del bar en la planta inferior y los locales de los socios en la primera planta, modificando también el trazado de la escalera y dotando al edificio de una nueva cubierta. La reforma precisó una importante ampliación de capital que tuvieron que afrontar sus socios y que bien podría ser de unas cinco mil pesetas por socio. Al mismo tiempo se creó una comisión encargada de redactar unos nuevos estatutos, siguiendo el modelo del casino segoviano de la Unión, y adaptados a las nuevas circunstancias. La comisión estuvo formada por Fructuoso Llorente, Salustiano Soblechero, José Rubio y Mariano Pascual. Estos nuevos estatutos están ahora desaparecidos, si bien, y como hecho anecdótico, cabe indicar que en el primer punto de estos nuevos estatutos, aludiendo a los derechos de los socios, se indicaba: “Todo socio tiene derecho a un asiento”, lo cual justificaba el elevado número de asientos que albergaba su sede.
La sociedad se rige actualmente por unos nuevos estatutos, aprobados el 24 de octubre de 2004 siendo presidente Siro García Valverde y secretario Pedro de Andrés Arévalo, los cuales siguen manteniendo las categorías de socios fundadores, de número y de honor. De su articulado cabe destacar el art. 32, que habla sobre la eventualidad de una disolución de la asociación, estableciendo como destinataria del sobrante líquido a la Ermita de la Virgen del Bustar.

EL CASINO EN LA ACTUALIDAD
En la actualidad la junta directiva está compuesta por: José Antonio Mayo Arévalo (presidente), Elena Soblechero Domingo (tesorera) y José Muñoz Pérez, María del Carmen Niño Garrido, Gonzalo Llorente Navas y Mario Navas Pascual en la categoría de vocales. Como es preceptivo, todos los años se renuevan en el mes de diciembre tres de sus seis componentes, manteniendo el cargo de secretario o el de presidente de forma alternativa, para preservar la continuidad en la gestión. La sociedad cuenta con 113 asociados, que satisfacen una cuota anual de 50 euros; el número de socios no está cerrado y se admiten nuevas incorporaciones y, aunque puede considerarse que la sociedad goza de buena salud, sí resulta preocupante que en los últimos diez años haya disminuido en 33 el número de socios que integran la sociedad.

Las actividades que la sociedad mantiene actualmente son una cena-baile anual, que tiene lugar en el mes de enero en un restaurante de la localidad y un campeonato anual de mus que se celebra en las instalaciones del Casino durante el mes de noviembre; este campeonato celebra este año su 50 edición y la inscripción está abierta a cualquier persona. La planta inferior del edificio continúa habilitada como bar independiente, desde la reforma del año 1975, y se continúa cediendo en alquiler a un particular para su explotación, el cual mantiene la obligación de dar servicio a los socios cuando estos hacen uso de la planta superior del casino.
Cabe destacar que en el año 2018 se intentó rescatar el aspecto cultural de la institución mediante un ciclo de conferencias, donde se abordó la historia de este casino, a cargo del autor de este artículo y, en la segunda conferencia, se habló del personaje histórico, Esteban Pastor, que hunde sus raíces en la localidad, a cargo del historiador local Fernando Gimeno, sin embargo, esta iniciativa no consiguió la deseada continuidad en el tiempo.
