Manuel Bernardo Domínguez. San Millán. Cerámica. Sin fecha. La primera afición del artista, dibujar, la logró satisfacer entrando en el taller de cerámica de Daniel Zuloaga. La segunda, dibujar Segovia, la fue satisfaciendo a lo largo de muchos años, recogiendo con sus lápices y pinceles los más diversos motivos, monumentos y personajes. Sin embargo, conocemos pocas cerámicas, ya que los productos que salían de las manos de los aprendices se sellaban como obra de taller, nunca con la firma de los jóvenes, algunos de los cuales pronto trataron de conseguir líneas propias, alejadas de los esmaltes brillantes a que tan dado era el maestro.
Jesús Barriopadre. Plaza de San Millán. O/l. 1950. Entre los asistentes al Curso de Pintura de Paisaje del año 1950, además de los pensionados por el Ministerio de Educación, hubo dos becados por el Ayuntamiento y por la Diputación de Segovia, pero sus nombres no figuran en ninguna relación. Sin embargo, todos los asistentes se comprometían a dejar una obra a los organizadores. Y como ésta es una que se halla entre los fondos de la residencia en la que los cursos se desarrollaban, resulta fácil suponer que uno de los becados bien pudo ser el Jesús Barriopadre firmante de este lienzo que hoy forma parte de la colección de la corporación provincial. Con el realismo que caracterizaba las obras del momento.
Ivan Uglow. San Millán. O/l. 1952. El templo románico, con su torre morisca y su chapitel barroco, luciendo sus formas, pintadas con colores secos, en medio del barrio. La acompaño con un texto de Luis Felipe Vivanco: “Vuelvo por el puente y San Millán, con el barranco ya apagado. La calle en cuesta termina en la silueta amoratada de Peñalara, quieta y descansada, y debajo mismo, el chapitel y la torre de San Millán. Y encima, en el cielo perdido, el cuarto de luna creciente. Estar con estas cosas y volver a casa y tomar algo caliente -una taza de te o de café- después de haber estado un rato con ellas. También he pasado al pie de la Casa del Crimen, el alto caserón con arco de medio punto y balcones con tejadillos. Y al pie del ábside apagado de San Millán ¡cómo sopla el viento frío!”
Henry Boulage. En el Pinarillo. Lápices de colores. 1958. Este pintor fu uno de los que prolongaron el postimpresionismo parisino con un estilo, más de Toulouse Lautrec que de cualquier otro, con el que pintó los barrios de París y, sobre todo, Montmartre. Pero algún viaje hubo de hacer ya que, en 1958, dos años antes de su muerte, estuvo en Segovia donde, desde el Pinarillo, pintó una vista del barrio de San Millán, como fondo de una escena de género, que no creo que se diera, de la que son protagonistas varias mujeres, jóvenes todas, que cogen agua de la fuente que el Ayuntamiento de la ciudad había instalado en aquel paraje.
Vizcaíno. San Millán. Aguafuerte. Sin fecha. Riguroso de dibujo y fiel a lo representado. El barrio cambiaba, como nos dice el texto de Luis Felipe Vivanco: “Paseando por el arrabal de Segovia con el niño de la mano. Mezcla de casas viejas y construcciones (que no arquitectura) recientes… Dejamos a la derecha San Millán, con sus dos pórticos laterales, y subimos por la carretera del Calvario. Vista longitudinal de Segovia desde la catedral y el acueducto. Detrás de éste vemos cerros y cuerdas altas. Y la lluvia en tarde nublada. A la vuelta me recorro detenidamente los capiteles de San Millán. ¡Qué pureza de invención y que prodigio de creación estética! Encuentro varias obras de arte sin edad y sin historia. Abiertas siempre hacia el futuro”.
Antonio Madrigal. San Millán. O/l. 1959. Segovia comenzaba a ser vista de otro modo y a ser pintada de otro modo también. Y parece que pintar San Millán, con colores puros, yuxtapuestos, para alumbrar unas formas geométricas, aristadas y recortadas, muy alejadas de las que hasta entonces habían sido propias del realismo hispano fue la probeta de ensayo. La literatura, aquí la pluma de Moncho Alpuente, cabalgaba a otro ritmo que el pincel: “Llego al arrabal de San Millán, bautizado por el templo inevitablemente románico y singularmente agraciado, modelo y resumen del románico segoviano, con sus cuatro ábsides y sus galerías porticadas, sus esgrafiados y sus bóvedas de estilo califal”.
Mesa Esteban Drake. San Millán. O/l. 1961. Ayer decíamos que a Segovia estaba llegando un arte nuevo y diferente, algo que se hace evidente en esta pintura en la que vemos como por aquí aparecía también lo que ya se había dado en Europa cuando “tras el carnaval del fauvismo llegó la cuaresma del cubismo”, con formas cúbicas, deconstruídas y parco de color. Y sigo dando la palabra a Moncho Alpuente: “Al arrabal de San Millán, que fue barrio morisco y artesano, se le conoce también como Barrio de las Brujas. Las retrató del natural con sus implacables pinceles el maestro Ignacio Zuloaga que tuvo estudio en la Casa del Crimen, otro edificio emblemático del barrio, escenario de un sangriento suceso que tuvo su terrible secuela en el patíbulo”.
Cipriano Juárez (Puchero). San Millán. O/l. Sin fecha. Sin conocimientos de pintura, sólo guiado por lo poco que en Segovia podía ver, este artista, a quien todos conocíamos como Puchero -nombre que adoptó para firmar sus cuadros-, supo hacer del tabuco en el que vendía cacahuetes un cenáculo al que acudía todos los jóvenes que sentían la comezón del arte, y pintar un no pequeño número de cuadros de temas locales. Como tantos naifs se dejaba llevar siempre por los complejos del parecido y del color local, a partir de lo que planeaba lo que quería hacer en sus lienzos, siempre un tanto desmañados y toscos. Vivía en el barrio de San Millán y pintó una vista de la cabecera de la iglesia, la que decía que se sabía de memoria.
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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