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EL ACCIDENTE DE ADAMUZ

por Emilio Montero Herrero
27 de enero de 2026
EMILIO MONTERO
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Estamos todos conmocionados por el terrible accidente de Adamuz, una catástrofe ferroviaria de proporciones históricas en España. En estas circunstancias muchos, especialmente del mundo político, salieron con la vulgar retórica de que no es el momento de pedir responsabilidades y que de lo que se trata es de estar con las víctimas. Es normal que los políticos digan estas cosas, pero usted y yo no somos políticos. Usted y yo somos unos pringaos que estamos pagando impuestos hasta quedar exangües para financiar unos servicios públicos que van cada vez peor.

Y si pagamos impuestos es para que nos garanticen la máxima calidad de servicios en infraestructuras, no para que nos digan que el tren vive en España el mejor momento de su historia, cuando todas las evidencias dicen todo lo contrario. Es innegable que estamos viviendo un caos ferroviario: accidentes, reducción de velocidad y retrasos en los trenes.

Pagamos impuestos para que se invierta en un mantenimiento adecuado, lógico y responsable de las vías y de los trenes, no para que las advertencias de maquinistas hayan sido ignoradas durante meses y que tenga que ocurrir una desgracia épica para que los hagan caso. Pagamos impuestos para que tengamos alta velocidad, no velocidad variable, según lo que ADIF vaya considerando a cada hora del día, asumiendo con miedo esa responsabilidad. Vimos cómo la velocidad de un tramo la bajaron de 230 Km/h a 160, unas horas después se puede volver a los 230 y posteriormente la vuelven a reducir a 160. ¿Cuál es el criterio válido? Pagamos impuestos para que se nos de información veraz, rigurosa y puntual, no con misión propagandística diciendo que vamos a circular a 350 y ahora resulta que no se puede ir a más que a 160. Pagamos impuestos para que se nos de seguridad y confianza y no incertidumbre y caos. Pagamos impuestos para que se compren los mejores materiales, no materiales low cost, como han denunciado algunos sindicatos. Pagamos impuestos para que la comisión de investigación de accidentes ferroviarios sea realmente independiente, como nos viene exigiendo Europa desde 2016. En definitiva, pagamos impuestos para que lo que tiene que funcionar funcione. Si no funciona hay que exigir responsabilidades. Por las víctimas y sus familias, por todos los que alguna vez tenemos que tomar un tren, debemos exigir esas responsabilidades.

Si los maquinistas llevan meses avisando del estado de las vías con sus numerosos partes de información de riesgos (PIR), los usuarios llevan meses subiendo vídeos de cómo tiemblan y botan los trenes, y de repente un tren descarrila, no puede sorprendernos. Si inmediatamente después del accidente empiezas a reducir drásticamente la velocidad de los trenes de alta velocidad en cientos de kilómetros de vía, tampoco hay que ser un genio para advertir que se duda del estado y seguridad de la misma.

Las vibraciones no solo son incómodas. Nosotros cuando nuestro coche vibra lo llevamos a un taller. Si nuestro corazón late más de la cuenta vamos al médico. Puede que no sea nada o que nos tengan que operar inmediatamente. Esos saltos, botes y sacudidas, con máquinas de ese peso y a esa velocidad, pueden provocar daños peligrosos tanto a los trenes como a la propia vía, comprometiendo gravemente la seguridad. Expertos y usuarios concuerdan además que esos botes de los trenes son un fenómeno de los últimos años. El bote no es sólo un bote, es un preaviso, y si lo desprecias el siguiente aviso puede ser una catástrofe. Hay que estudiar el origen de las vibraciones. Las vibraciones son el termómetro del sistema.

Prueba de este deterioro es la huelga convocada por el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF) para los días 9, 10 y 11 de febrero después de denunciar durante los últimos meses ese deterioro continuo de la red, exigiendo al Gobierno mayor inversión y mantenimiento de las infraestructuras y protocolos de seguridad eficaces.

Todo esto incide en un insuficiente gasto en el mantenimiento de la red ferroviaria, que ha descendido por usuario en los últimos años pese al aumento del gasto absoluto Al ajustar por inflación, por el crecimiento de la red, sin olvidar que no contamos con unos Presupuestos Generales del Estado, los que tenemos son de hace tres años, la capacidad de mantenimiento efectivo ha disminuido sustancialmente respecto a los niveles de hace 10-15 años. En resumen, aunque el presupuesto total puede parecer mayor en términos nominales, la inversión por kilómetro real es notablemente inferior a la de hace una década. ¿Hasta qué punto es casual la posible relación entre el accidente y la caída de la inversión en el mantenimiento de la red ferroviaria? Parece bastante claro.

Otro suceso preocupante es el problema de la gestión de la emergencia. El hecho de que el centro de control no tenga constancia en ese momento de la situación del otro tren implicado, ni de que se ha producido un impacto posterior, es especialmente preocupante. Aunque serán los investigadores quienes deban analizar en detalle todas las grabaciones y determinar responsabilidades. Las conversaciones evidencian fallos graves en la monitorización y en la coordinación en un momento crítico, dejando en evidencia un sistema no acorde con las necesidades actuales y los progresos de la tecnología. Por ejemplo, debería disponer, al menos, de un sistema de geolocalización.

El presidente del gobierno ha garantizado absoluta transparencia y claridad en la investigación. Claro mientras no peligre su sillón. ¿Nos podemos fiar del “príncipe de las mentiras”? ¿Emplearán el manual del apagón, muchas explicaciones, pero todavía no sabemos lo que realmente pasó? En el centro de todo está la corrupción y la incompetencia de políticos burócratas e inútiles que no rinden cuentas. La incompetencia se paga dimitiendo.

De momento, el presidente anuncia la celebración de un funeral de estado laico, un ridículo y grotesco acto que impide a los familiares de las victimas el verdadero consuelo de la oración. Una tétrica ceremonia que ya vivimos en las víctimas del coronavirus y la Dana y que desprecia profundamente el sentir de los españoles.

Todos tendremos que tomar un tren en algún momento. El azar se repite con los trenes en los últimos meses. Azar de que no salga, de que se pare. No ya de que se estrelle. Debemos esperar los resultados de las investigaciones que se están realizando. Hay muchas cosas que hay que indagar.

Este terrible accidente nos recuerda la vulnerabilidad de la existencia humana. Creemos que tenemos una larga vida por delante, pero se acaba en un instante. Un delgado hilo nos mantiene vivos.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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