Entre enero y agosto, en una de las pocas zonas de España donde la sombra caerá total sobre el sol, nace Eclipse Academy & Gastronomy, un programa que no se conforma con la foto del fenómeno, sino que lo convierte en aprendizaje, territorio y mesa.
La propuesta se define como un conjunto de experiencias formativas y sensoriales previas al eclipse. No es un evento puntual ni una charla aislada para coleccionar datos. La idea es otra: entender el fenómeno, entrenarlo y llegar al día clave con seguridad y conocimiento. Por eso el corazón del proyecto son talleres participativos impartidos por expertos, comprensibles y adaptados a distintos niveles, donde se aprende haciendo. Se trabaja la comprensión del eclipse solar, cómo observarlo de forma segura, qué ocurre antes, durante y después, la preparación del día clave y una introducción a la fotografía del eclipse, con prácticas de observación solar y cámara según nivel. El objetivo no es fabricar astrónomos, sino gente preparada para emocionarse con fundamento.
El escenario importa. La experiencia se ubica en distintos destinos. El entorno natural no actúa como decorado, sino como herramienta: es aula, es escenario y es parte activa del aprendizaje. Se combinan espacios interiores con actividades al aire libre, aprovechando el territorio como recurso educativo y sensorial, porque hay cosas que solo se comprenden cuando el cuerpo está allí fuera, quieto, mirando, esperando y midiendo la luz.
Y luego está la gastronomía, no como premio de consolación, sino como eje. La llamada Eclipse Gastronomy Experience plantea una experiencia gastronómica sensorial en la que la cocina interpreta las fases del eclipse: menús narrativos, juego con la luz, los colores y las texturas, ritmo pausado y consciente, producto de calidad y creatividad. Se suma el maridaje con vinos seleccionados y, en ediciones especiales, música en vivo —especialmente jazz— como atmósfera emocional. La mesa, aquí, también enseña.
