Los gobiernos de la eurozona que, como en el caso de España, se hallan inmersos en «dolorosos» procesos de consolidación fiscal deben tratar que estos «inevitables» ajustes sean en la medida de lo posible favorables al crecimiento, algo que no se consigue con subidas de impuestos y sí con el recorte del gasto público improductivo, señaló ayer el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
«Muchos Estados han buscado la consolidación fiscal mediante aumentos de impuestos porque es lo que resulta más fácil y eso no ayuda al crecimiento, puesto que se produce en una región donde los gravámenes ya eran elevados», afirmó Draghi al preguntarle por la consolidación fiscal española. En este sentido, el presidente del BCE se mostró partidario de favorecer el crecimiento de la economía a la vez que se llevan a cabo ajustes mediante la bajada de impuestos y el recorte del «gasto público improductivo», aunque admitió que esto resulta más difícil de aplicar para los Ejecutivos.
Asimismo, respecto al relajamiento de los objetivos de déficit autorizados por la Comisión Europea a media docena de países, el banquero italiano subrayó la suma importancia de que estas decisiones «se reserven para circunstancias excepcionales».
«La consolidación fiscal es y continúa siendo inevitable. Esto debe quedar claro», afirmó.
Por otro lado, Draghi volvió a calificar de «intolerable» la tasa de paro juvenil que soportan algunos de los países miembros de la zona euro y apuntó directamente a la legislación nacional, criticando el hecho de que la flexibilidad laboral recaiga solamente sobre los trabajadores más jóvenes.
«El motivo por el que se registran esas tasas de parados jóvenes es que las legislaciones dejan esa única vía de flexibilidad», señaló
El argumento del economista no es novedoso, ya que hace apenas dos semanas se escuchó esta misma idea de boca de la canciller alemana, Angela Merkel, que instó a las economías europeas más afectadas por el desempleo juvenil a aplicar un poco más de «justicia generacional, en clara referencia al contrato único, que el Gobierno de Mariano Rajoy ha descartado aplicar.
Por lo demás, justificó la decisión del Consejo de Gobierno del BCE de mantener inalterados los tipos de interés en el mínimo histórico del 0,5%, donde los situó en la reunión del pasado mayo.
Asimismo, el BCE revisó a la baja sus expectativas de crecimiento para la zona euro este año, hasta una caída del 0,6% del PIB, mientras que mejoró su pronóstico para 2014, hasta un crecimiento del 1,1%.
En concreto, el instituto emisor espera para 2013 un retroceso de la actividad del 0,6% frente al -0,5% de la anterior previsión, mientras que para el próximo año augura una expansión del 1,1%, frente al anterior pronóstico del 1%.
Al mismo tiempo, el organismo revisó también sus anteriores previsiones de inflación para este año y el próximo. Así, la entidad espera que los precios suban en 2013 un 1,4%, frente al 1,6% del pronóstico de marzo, mientras que en 2014 lo harán un 1,3%, en línea con su anterior previsión.
Tras las palabras del presidente del BCE y su falta de estímulos a la economía, la respuesta de la Bolsa no se hizo esperar. Así, el Ibex 35 retrocedió a los 8.216 puntos tras cambiar las primeras ganancias de la sesión. El selectivo se dejó un 0,89% y cerró su segunda jornada en rojo.
La decepción de los inversores por la ausencia de medidas del banco emisor para atajar la recesión que asola a la mayoría de la Eurozona se trasladó al mercado de deuda pública. La prima de riesgo española repuntó hasta los 314 puntos básicos.
