La política es una droga ansiosa de poder que no atiende a sentimientos ni razones; es capaz de juntar a las personas mas dispares en una misma formación, convertida en frente común con tal de asegurarse un sillón. No empatiza con nadie, solo busca votos cuando los necesita, y se mantiene al margen de la sociedad ¿Dónde han quedado esos parlamentarios de discursos serenos e ingeniosos? ¿Dónde el respeto al contrario? ¿Dónde el comportamiento honesto y cabal? ¿Dónde la propuesta de acciones concretas para problemas concretos?
El parlamento se ha convertido en un mercadillo donde el rival es el enemigo, los discursos carecen de contenido, apenas se distingue de una discusión en un bar, y el respeto se ha cambiado por insultos mas propios de un hincha deportivo que de un diputado. Esto ya no es lo que era, y dista mucho de lo que debiera ser un lugar donde se llevan propuestas y soluciones a problemas, que requieren de un discurso sereno y sosegado donde buscar un acuerdo para el bien colectivo.
La entrada en el parlamento de partidos extremistas ha provocado un cambio notorio en el discurso de la clase política; donde el vale todo es la norma que seguir, y sacudir el avispero una conducta habitual.
