En la obra, dilatada obra, de Jesús González de la Torre nada hay programado. Todo fluye. Y nos encontramos ahora ante una exposición que es en definitiva el resultado de toda esa experiencia vital que comenzó hace ya años en Segovia, adonde llegó con tan sólo unos meses de edad procedente de su Madrid natal.
Nunca se propuso lanzarse de cabeza en tal o cual movimiento artístico [“Yo hago lo que hago como sé; y no sé si bien”]. Su obra siempre se ha guiado por su inspiración que, según defiende a ultranza, está condicionada desde siempre por su Segovia cuasi natal. Está convencido de que su obra es como es gracias a esta tierra que rezuma misticismo por los cuatro costados y jura y perjura que los paisajes que ve desde el Alcázar y el Valle del Tejadilla, “donde eduqué mi mirada”, dice, son sus fuentes inagotables para trabajar. Por eso, cuando alguien le pregunta dónde están aquellos paisajes que pintaba en los inicios de su carrera artística, él siempre responde: “Están ahí detrás. Pues ¿hay algo más místico que la vista desde el Alcázar de las tierras donde está el convento de San Juan de la Cruz y la enigmática Vera Cruz?”.
De todas formas, quienes hayan seguido la fecunda trayectoria de Jesús González de la Torre y vayan a ver a La Alhóndiga la muestra ‘Por un no sé qué’ no se harán ese tipo de preguntas. Comprenderán que esta colección de una treintena de óleos y acrílicos es un compendio esperado, una evolución natural en su expresión, y mediante ella quiere rendir un homenaje a las mujeres y hombres que, pertenecientes a religiones y culturas diferentes, han dejado huella en él: Santa Teresa, las beguinas, místicos sufíes…
Esta exposición no es una recopilación de los últimos trabajos de González de la Torre y, aunque sí ha incluído alguno de reciente creación, su inauguración ya estaba prevista para hace unos tres años en el Monasterio de Silos a través del Museo Reina Sofía. Pero como en otros sectores, la crisis se llevó por delante el proyecto y tocó seriamente la salud del pintor. “Los artistas somos muy sensibles”, confiesa. Ahora, recuperado, por fin cuelga este sentido y de- seado homenaje en La Alhóndiga gracias a la intervención y el aliento de su mujer, Charo.
La exposición fue inaugurada oficialmente ayer con la asistencia de las concejalas de Cultura, Clara Luquero, y Turismo, Claudia de Santos. Al acto acudieron numerosos ciudadanos entre los que se encontraba un buen puñado de amigos incondicionales del artista, que se muestra orgulloso del catalólogo-libro que se ha editado para la ocasión. Está prologado por José María Parreño; un prólogo “de excelente calidad pues en él aúna sus muchos conocimientos con su fina sensibilidad de poeta”, afirma.
La muestra permanecerá abierta al público hasta el día 7 de noviembre.
