Hace cinco temporadas, cuando el Caja Segovia era uno de los equipos de referencia en la División de Honor, Jesús Velasco, por aquel entonces técnico del equipo segoviano se cansaba de repetir que el fútbol sala se estaba convirtiendo en algo parecido al rugby si se continuaba permitiendo la defensa con los brazos y con las manos. Era la época en la que comenzaban a mandar los equipos casi violentos en defensa en detrimento de los que apostaban por el juego.
Cinco años más tarde, el fútbol sala no solo no ha mejorado absolutamente nada en ese aspecto, sino que ha ido a mucho peor, porque como ya se advertía años atrás, si el colectivo arbitral (que es quien decide sobre la aplicación del reglamento) no ponía coto a esas defensas, al final todos los equipos iban a terminar practicando lo que nadie penaliza, los agarrones, los empujones con los brazos sobre el jugador que recibe de espaldas, y los bloqueos con los codos, por poner tres ejemplos de situaciones que se pueden contemplar en cada partido de fútbol sala, prácticamente sea de la categoría que sea. Los árbitros tienen bastante más en cuenta las defensas de cintura hacia abajo, que las que se realizan de cintura hacia arriba.
Lo curioso es que, dentro de la normativa del fútbol sala, sí existen determinadas situaciones que los colegiados están dando por válidas en los partidos. Así, los bloqueos que se emplean para obstaculizar el avance de un contrario están estipulados como libre indirecto por las Reglas de Juego aprobadas por la FIFA, que en su regla 12 establece como falta sancionada con un tiro libre indirecto “ obstaculizar el avance de un adversario”.
SUJETAR SÍ, EMPUJAR NO Una de las acciones que sí se permiten en el fútbol sala actual es la de sujetar con los brazos al jugador que recibe de espaldas a la portería contraria. Así, se permite que el defensor tenga los brazos extendidos sobre la espalda del atacante. Pero en el momento en el que los brazos se encojan y se vuelvan a estirar, este hecho será considerado como empujar al adversario, acción que sí está considerada como falta.
Pedro Galán, presidente del Comité Técnico de Árbitros de Fútbol Sala, ha hecho mucho hincapié al colectivo arbitral de la necesidad de poner coto a la multitud de agarrones que se realizan prácticamente en cada acción a balón parado cercana al área contraria. Pero, como sucede con el fútbol once, una cosa es advertir a los jugadores de que a la próxima se va a señalar la infracción, y otra bastante distinta es hacer efectiva la ‘amenaza’, un hecho que no se sucede en los partidos.
UN DEPORTE DE ENTRENADORES De esta manera, y en vista de que los colegiados están interpretando el reglamento de manera muy laxa, los entrenadores de los equipos de élite han variado sus estrategias. Ahora, en lugar de apostar por el espectáculo y la preponderancia de la calidad individual, la apuesta es por la defensa a ultranza, las rápidas transiciones en busca del gol, y el simplismo en el juego en posicional, con balón largo del portero al pívot, sin correr excesivos riesgos. Y es que el fútbol sala ha pasado de ser un deporte de jugadores, con magníficas individualidades que decidían partidos, a ser un deporte de entrenadores, con la táctica siempre por encima de la calidad, con cada vez menos acciones brillantes en los partidos, más portero-jugador porque los finales igualados, con un número muy bajo de goles, son numerosos, y los aficionados cada vez más resignados a ver cómo lo mejor de los partidos de fútbol sala se suele ver en los últimos cinco minutos.
