Una impresionante selección española de balonmano arrolló ayer a Dinamarca en una gran final del Mundial disputada en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Los ‘Hispanos’ destrozaron a sus rivales con un gran juego colectivo, una intensidad que agotó a los daneses y liderados por el muro infranqueable en que se convirtió Arpad Sterbik, que hizo imposible cualquier intento de remontada.
La escuadra de Valero Rivera fue claramente superior en todo el partido para conseguir su segundo oro, tras el conquistado en 2005 en Túnez, desde el 3-0 de entrada hasta que, en la segunda parte, creció como la espuma su confianza para, en el primer cuarto de hora de juego tras el descanso, poner un 9-2 de parcial con el que sentenció el duelo y acabó de enterrar a una Dinamarca que se topó con su peor cara donde menos lo quería, en la final, y que terminó el torneo con su mínimo de anotación, unos escasos 19 goles.
España nunca dejó de pisar el acelerador hasta llegar a los 18 goles de máxima, con Sterbik dejándose la piel en cada lanzamiento como si fueran los ‘Hispanos’ los que tuvieran que remontar. El portero, sustituido por Sierra para recibir la ovación cerrada del Sant Jordi, fue la punta de lanza de un sistema defensivo nacional que no titubeó en ningún momento ni tuvo flaqueza alguna.
Además, el seleccionador nacional apostó por una pequeña revolución al dar entrada de inicio a Antonio García y Joan Cañellas en detrimento de Alberto Entrerríos y Dani Sarmiento en busca de lanzamiento exterior, el punto más ‘débil’ del conjunto patrio, y le dio resultado. La salida en tromba española, con un parcial de 3-0, llegó con goles exteriores ante la sorpresa de la defensa danesa, ineficaz ante el huracán que se les vino encima.
Asimismo, el ataque nacional estuvo fino y fue capaz de superar a un Landin que es de los mejores porteros del Viejo Continente. España supo jugar sus cartas muy bien y tanto el lanzamiento exterior como el juego de pivote rindió como no se podía ni esperar, sumándose a la fiesta defensiva, más habitual en los ‘Hispanos’.
De hecho, tal fue la seguridad en la retaguardia, que Dinamarca tardó prácticamente cinco minutos en anotar el primer gol. Una selección acostumbrada a marcar con facilidad que se encontró con un gran Arpad Sterbik y un muro 6-0 liderado por Viran Morros.
Aguantaron los ‘vikingos’ gracias a su gran portero Niklas Landin, con cuatro paradas de mérito en los primeros minutos, pero poco a poco salió a la luz la mejor España, una que no solo defendió a las mil maravillas, sino que corrió al contraataque, hurgó en la herida rival y, minuto a minuto, fue inflando su diferencia en el marcador. De esta manera, el conjunto de Ulrik Wilbek no pudo ni igualar el electrónico más allá del empate inicial, e, incluso, con la primera inferioridad numérica española fueron los ‘Hispanos’ superiores (1-0). La intensidad de los de Valero Rivera fue altísima, no dejando respirar a unos daneses poco dados a tener que dar la vuelta al luminoso, una situación que hizo que se les escapara la final.
El guión no cambió en la segunda parte. España fue todo un ‘tsunami’ que ahogó cualquier atisbo e intento de remontada de Dinamarca, que estaba sin ideas, agotada y ausente en un Palau Sant Jordi que dio la talla, lleno hasta la bandera. Además, Sterbik siguió comprando números para ser el mejor de la final, y es que secó a los ‘vikingos’ y les dejó con dos goles anotados en los 15 primeros minutos de la reanudación.
Pese a verse ya campeón, el portero no cesó en su empeño, como tampoco lo hizo el resto de la selección española. En el banquillo, los jugadores lo celebraban pero era salir a pista y ponerse el mono de trabajo para lograr el título.
