“Tras el largo y cansado viaje de estos días, por fin pudimos tomar una buena ducha y tener una cama en la que dormir y poder descansar. ¡Y cómo hemos dormido! Parecía que llevábamos días sin hacerlo, y es que dos días de viaje son muchos.
Nos despertamos a las 7:00 horas. Habíamos quedado con Terry para desplazarnos a Wanaka, en la isla Sur de Nueva Zelanda, donde me esperaba un periodista para hacer un reportaje del proyecto y la carrera. Tras atender al periodista, junto con dos compañeros, realizamos un entrenamiento a la orilla del Lago Wanaka, donde además de entrenar he podido contemplar la belleza del paraje, rodeado de montañas. Tras el entrenamiento, la tarde transcurrió tranquila.
El reconocimiento del recorrido de la carrera no lo he podido realizar, y creo que ya hasta el día de la carrera sera difícil que me puedan llevar.
Tras la primera toma de contacto con los lagos y la montaña al día siguiente nos tocaba disfrutar de un espectacular trekking a lo largo del río Matukituki hasta llegar a Aspiring Hut, un refugio situado a nueve kilómetros del inicio y hasta el que se llega caminando por un cañón entre las montañas que conforman el parque nacional del Mount Aspiring.
El día no acompañó, por lo que no pudimos subir a ver el glaciar Rob Roby Glacier. Una lástima. También pudimos observar parte de la diferente fauna existente en la zona, en especial las ovejas, todas ellas con dos corderos –los cuales están bien gordos– así como vacas, que curiosamente no tienen cuernos.
La vegetación existente en la zona es muy abundante, el paseo por la zona de bosque nos ha sorprendido, por la majestuosidad de sus árboles. Las formas de algunos nos han dejado maravillados.
Poder compartir esto con Bea es gratificante, pero a la vez extraño, ya que no acostumbro a ir a las montañas con ella así, con tranquilidad.
Aquella tarde nos cayó el diluvio, por lo que pasamos el resto de la jornada en el interior del refugio junto con otras personas.
Lo cierto es que lo vivido en esa jornada será algo difícil de olvidar, por todas las imágenes que se nos quedaron grabadas en la retina: ese valle, el glaciar, la claridad del agua, así como las diferentes cascadas que nos iban sorprendiendo a medida que pasaban los kilómetros.
Tras el espectacular día vivido, teníamos preparado para el miércoles una jornada algo más excitante, pues se trataba de una excursión en avioneta, pudiendo divisar los glaciares y los picos de las montañas, seguido de un paseo en barca por los fiordos. Pero por causas meteorológicas, la excursión no se pudo realizar hasta el viernes.
Por culpa del mal tiempo no nos quedó más remedio que conformarnos con el paseo de regreso y pasar el resto del día en Cromwell, localidad cercana a Wanaka, también conocida como la ‘bola de fruta del sur’, situada sobre el Valle Clutha, en el Lago Dunstan.
El oro se descubrió en la zona de Kawarau y de Clutha en 1862, lo que propició la llegada de cientos de miles de mineros. Cuando las minas se comenzaron a explotar, Cromwell se convirtió en un importante pueblo agricultor.
La ciudad originalmente se situó junto a los ríos Clutha y Kawarau, y la presa hidroeléctrica de Clyde fue abierta en 1994. Después de mucha controversia, se creo también el Lago Dunstan detrás de la central. Un tercio de la ciudad fue recolocada por este motivo, es por ello que Cromwell, a día de hoy, se divide en la parte antigua y en la parte moderna.
El Lago Dunstan, por tanto, fue motivo de importantes cambios en Cromwell. Antaño eran dos importantes y salvajes ríos, hoy en día es un tranquilo y hermoso lago en el que poder pescar, nadar, hacer esquí acuático, navegar…
A día de hoy Cromwell se ha convertido en el punto más importante de la isla del Sur de Nueva Zelanda en el cultivo de fruta y de vino. La presa de Clyde también es importante e imponente. Posee más de 100 metros de alto y genera electricidad suficiente para dar luz a Christchurch y Dunedin.
Finalmente, para acabar el día y la estancia en la granja de los padres de Terry disfrutamos de una cena familiar. En estos momentos ya estamos en el hotel de la carrera y, tras la excursión, reconocí parte del circuito del sábado.
Referente a la carrera, las sensaciones que estoy teniendo tras los tres primeros días de aclimatación son buenas. Ha costado, porque doce horas de diferencia son muchas, pero parece que nos vamos entonando. Los entrenamientos previos a la prueba se asimilan, que es lo importante, y ahora solo queda disfrutar de una buena carrera.