Para que un equipo como este Caja Segovia gane al Inter, aparte de una confabulación estelar (vale la ciclogénesis explosiva que ayer se abatió sobre la ciudad), debe existir también otra confabulación de elementos deportivos que propicien que un equipo de “mocosos” (dicho con todo el cariño) se le suba a las barbas a otro con jugadores absolutamente consagrados en este deporte.
Esa confabulación deportiva se dio cita en el Pedro Delgado con los 2.500 aficionados que llenaron por primera vez esta temporada las gradas de un pabellón que les echaba de menos. Ayer, el Caja jugó sin la presión de verse ante un grande, motivado sin duda por las seis victorias consecutivas, además se encontró no con uno, sino con dos porteros en estado de gracia, y tuvo la suerte de cara en momentos clave del choque, como cuando Rafael empotró un balón contra el palo a portería vacía, o cuando Eka primero, y Gadeia poco después, acertaron con el poste cuando el Inter ya se jugaba el todo por el todo con el portero-jugador.
Ahora bien, para que no parezca que la victoria segoviana fue sólo cuestión de suerte, porque no sería justo hacer esta afirmación, habrá que decir que el planteamiento del conjunto local en la primera parte fue impecable, obligando al Inter a jugar en estático, desnudándole así las carencias que aún muestra el equipo de Jesús Velasco, al que se le han sumado tres nuevos jugadores a los que lógicamente les cuesta adaptarse a sus compañeros.
David Madrid había señalado en la previa que ensayaba una variante táctica para sorprender a Velasco. Y lo cierto fue que en el primer tiempo, y en algunos momentos de la segunda parte, su equipo no llegó a renunciar al juego de cuatro, pero sí a adelantar a uno de sus componentes, obligando al Inter a retrasar a un defensor, creando más espacio entre las líneas cuando el avanzado aparecía por el centro. Este hecho vino a dotar de más claridad la salida del balón de los de casa, que en el minuto 5 se adelantaron en el marcador por medio de David, que remató a puerta vacía un servicio de Sergio tras un imperdonable fallo en el control de Rivillos cerca de su área.
El Inter, que generaba más peligro en las contras que en el ataque estático, comenzó a dar muestras de su falta de puntería en un segundo palo claro de Borruto que, molestado lo justo por Víctor, envió el balón fuera, pero no fallaron en otro contragolpe veloz tras una gran intervención de Juanjo, que propició un tres para uno que el extravagante Oitomeia convirtió en el gol del empate.
El partido, intenso desde el saque de centro, se metió entonces en unos minutos preciosos de juego, con ambos conjuntos imprimiendo calidad en sus acciones, y con los porteros haciendo perfectamente su trabajo. Curiosamente, cuando el choque atravesaba por un momento de respiro, David sacó de banda cerca de la portería de Juanjo, y el balón rebotó en el brazo de Eka de manera tan involuntaria que, de 2.500 personas que había en el pabellón, sólo una gritó “¡mano!”. Pues a esa persona fue a la que escuchó uno de los colegiados, que señaló el punto de penalti para alegría de los locales, protestas de los visitantes, y sorpresa general. Fabián no falló.
La cosa pintaba bien para el Caja, pero en fútbol sala todo es susceptible de cambiar en un momento, y así sucedió cuando Jesús Herrero, que ya tenía una amarilla por una acción anterior, se aturulló con el balón en los pies, y en la lucha con Borruto le hizo falta. Los árbitros no perdonaron la segunda amonestación, y a pesar de que Gonzalo comenzó su recital con una gran intervención en el doble penalti ante Eka, no pudo evitar que Álvaro marcase el 2-2 con el Inter jugando en superioridad. Poco después, en otro contragolpe, Rafael perdonaba el 2-3 con su remate al palo.
En el segundo tiempo al Caja comenzó a pesarle casi todo, comenzando por su falta de entrenamientos ya que varios jugadores no habían podido ejercitarse a lo largo de la semana por diversas molestias, y el Inter pasó a controlar el partido, no con comodidad, pero sí con una cierta claridad. Ese fue el momento en el que Gonzalo decidió reivindicarse como un gran portero, y con sus intervenciones logró sujetar al equipo cuando peor lo pasaba.
David Madrid rotaba y rotaba, pero salvando un minuto de raza en el que los segovianos agobiaron con su presión la portería de Juanjo, el resto fueron lanzamientos cercanos de Borruto, que dejó detalles más que interesantes, y grandes intervenciones de Gonzalo, cada vez más crecido.
Pero a cinco minutos para el final del choque, el Inter decidió tomarse un respiro, y ese momento de “relax” fue el que aprovechó David para volver a recuperar un balón en el centro de la cancha, avanzar unos metros y batir a Juanjo con un lanzamiento raso. Del éxtasis del 3-2 se pasó al sufrimiento cuando Velasco colocó a Rafael de portero-jugador, y asedió de manera constante la meta segoviana, rematando a portería en prácticamente todos sus ataques. Pero Gonzalo había echado el candado sobre su portería, y tan cerca estuvo el gol del empate como el cuarto gol, que terminó llegando tras un doble penalti que Palomeque marcó a la tercera, con expulsión de Juanjo incorporada por adelantarse en dos ocasiones. Así que, como en las grandes tardes de hace no tanto tiempo, el Caja ganó al Inter, el Pedro Delgado se vino abajo aplaudiendo a su equipo, y por dos horas el fútbol sala fue lo que siempre debería ser, puro espectáculo.
