Después de tres jornadas, apenas un ocho por ciento del campeonato, sí hay un hecho evidente y palpable: el nivel de Barcelona y Real Madrid, los equipos que inexorablemente lucharán por el título de aquí a cuatro o cinco meses, los que aventajarán en diez, veinte o treinta puntos al tercero en discordia, es notoriamente bajo. Los resultados son otra cosa, al menos en lo que respecta al Barça: han sido tres victoria, sí, y acumula el pleno de puntos. Pero de los sufrimientos de Pamplona a las apreturas del Camp Nou ante el Valencia media la misma circunstancia: los genios están sin chispa y, consecuencia lógica, cuando Messi desaparece el equipo sufre horrores. Tres cuartos de lo mismo (aunque con un triunfo, un empate y una derrota) le sucede al Real Madrid: ha tenido que aparecer Cristiano Ronaldo, el triste, para sumar el primer tres de la temporada. Y, sin embargo, el Bernabéu no disfruta.
No es tonto pensar que, si no se produce una hecatombe, el margen de mejora que tienen todos los equipos a estas alturas del campeonato es directamente proporcional a la calidad que tienen en sus plantillas. O, dicho de otra forma más concreta: Barça y Madrid van a mejorar a mucha más velocidad que el resto… y cuando lo hagan, volverán a ser inalcanzables. Es cuestión de tiempo y paciencia; quizás este parón sea el punto de inflexión que necesita Vilanova para transmitir a los suyos que, a este nivel, el primer batacazo está a la vuelta de la esquina, o el que necesita Mourinho para recuperar la sonrisa de su mejor artillero, integrar a Modric en sus planes y convertir al Real Madrid en esa máquina insaciable de ganar partidos que arrasó la temporada anterior.
Mientras tanto, trabajando como hormigas a la espera de que algunos ejerzan de cigarras y se descuelguen, algunos modestos tratan de aprovechar la pasividad del resto para acumular puntos antes de que lleguen las vacas flacas, o sea, antes de que los más poderosos afinen sus instrumentos y sea prácticamente imposible sumar de tres en tres.
Mallorca, Valladolid, Rayo, Deportivo e incluso el propio Málaga (descabalgado del término poderoso tras la normalización del proceso de los petrodólares) ya gozan de un par de partidos de ventaja sobre Espanyol y Osasuna, por ejemplo, únicos equipos que todavía no han estrenado su casillero de puntos. En la guerra de guerrillas que termina siendo cada campeonato en su parte más sufrida, dos partidos son un mundo. Mientras todos no hayan explotado su margen de mejora, algunos prefieren reventar de inicio y que la ola, la inercia de jugar con tranquilidad, vaya acercándoles a los deseados 42 puntos.