El ‘buque insignia’ de las mujeres en la Fórmula Uno, la española María de Villota, ha visto truncado su sueño de ser la tercera fémina en pilotar en la categoría reina del motor tras sufrir un grave accidente, y se aleja así la posibilidad de que una mujer vuelva a irrumpir en un mundo dominado por hombres.
A diferencia de las otra tres embajadoras, la austríaca Monisha Kaltenborn, directora ejecutiva de Sauber; la alemana Susie Wolff, probadora del campeonato alemán de turismos; y la británica Katherine Legge, piloto de la Indy Car, De Villota era la que podía dar el salto al asfalto.
La madrileña chocó contra la rampa de un camión durante unos entrenamientos en el aeródromo de Duxfurd. Tras una operación de cara y cráneo se confirmaron los malos presagios: perdió el ojo derecho y su estado sigue siendo grave aunque estable.
El motor es un deporte reservado a los hombres: solo dos mujeres, las italianas Maria Teresa de Filippis y Lella Lombardi, llegaron a conducir un Fórmula Uno. De Villota podría haber sido la tercera, pero ahora se abre una cuestión: ¿cómo afectará a la futura inclusión de más mujeres ?
La española lucía sin complejos su melena rubia por los circuitos y perseguía un sueño. «Quiero correr, revolucionar todo esto», indicó en una entrevista.
Hija de Emilio de Villota, el primer español en competir en el ‘gran circo’, era una mujer conocida y querida, como demuestra la enorme repercusión internacional de su tragedia. Aunque no hay ninguna mujer en el horizonte, el camino ya lo trazaron primero Lombardi y De Filippis y luego la española.