El Caja Segovia 2011/2012 necesitaba un partido así para crecer. Necesitaba un partido “perro”, con un rival pegajoso, un marcador en contra, y unos colegiados convertidos en una ruleta rusa para que los aficionados pudieran ver si estos jugadores tan jóvenes del Caja tienen algo más que el talento que se les supone por vestir la camiseta de uno de los equipos de fútbol sala más veteranos de España. Y, una vez terminado el partido, sí se puede decir que este Caja tan insultantemente joven también tiene raza y orgullo para sobreponerse a todas las adversidades, y tras recibir un parcial de 0-4, devolver la “bofetada” con un 5-0 en los ocho últimos minutos de partido que llevaron el electrónico del 3-5 al 8-5 final.
Para explicar lo sucedido ayer sobre la cancha del Pedro Delgado hay que echar la vista atrás unos diez años, cuando en España el fútbol sala era sinónimo de espectáculo y juego ofensivo. Caja Segovia y Manacor saltaron a la cancha con esa intención de ir a por el partido desde el primer momento, y en tres minutos los aficionados ya habían tenido la ocasión de celebrar tres goles, dos del equipo de casa, y uno visitante, que dispuso de otras dos ocasiones que falló de manera incomprensible.
De esta manera, el partido se instaló en la locura desde el primer minuto, en buena medida por el fuerte ritmo que ambos conjuntos imprimieron al choque, jugando un sala vertical y con mucha presión sobre el balón. Quizá debido a esa locura en el juego, los colegiados enloquecieron a su vez, porque de manera incomprensible perjudicaron claramente en sus acciones al equipo de casa en los primeros veinte minutos, para tratar de compensar tras el descanso.
El Manacor se aprovechó de los favores arbitrales en sus tres goles. El primero, tras una falta inexistente señalada a Antoñito; el segundo fruto de un penalti que tampoco existió, y el tercero precedido de una clamorosa falta de José Ruiz a Lolo por el que el internacional español llegó incluso a pedir disculpas al andaluz antes de iniciarse la segunda parte.
El Caja tiró de acierto en sus primeras tres ocasiones de gol, pero poco a poco se fue descomponiendo, en parte por la fuerte presión manacorí, en parte desquiciados por la actuación arbitral, que colmó el vaso de la paciencia de Jesús Velasco en la acción del empate a tres, logrado a menos de un segundo para el final, y que llevó al técnico a marcharse al vestuario antes incluso de que la primera parte tocara a su fin.
En el inicio de la segunda parte se pudo ver a un Caja Segovia más sereno, que dispuso de la primera ocasión clara con un remate cercano de Borja Díaz que sacó José Ruiz bajo los palos. Pero el Manacor sacó provecho de los momentos de duda de los segovianos, y Rubén tras pegarse con todos sus rivales marcó de tacón el 3-4, y poco después era Juan Carlos López quien cruzaba con rabia un balón perfectamente enviado por Paulinho para hacer el quinto.
Decir que en ese momento el Caja estaba contra las cuerdas es quedarse corto, pero ya se sabe que es en los malos momentos cuando surgen los grandes jugadores. Borja Díaz, muy desdibujado durante todo el encuentro, remató con potencia un saque de banda a la red, y poco más tarde asistía a David para que éste igualara de nuevo la contienda con ocho minutos aún por jugarse.
Al igual que el 3-5 hacía inclinarse la balanza del lado del Manacor, estos dos tantos segovianos pusieron el partido de cara para los locales, ayudados por una afición que volvió por sus fueros, llevando al equipo en volandas. Borja Blanco estrelló en el cuerpo de Chus López el penalti con el que los colegiados quisieron compensar sus errores del primer tiempo, ya que hubo contacto de Toñete con Sergio, pero pareció bastante más fuera del área que dentro. Un minuto más tarde, el que no falló fue Lolo en un doble penalti cercano al área visitante que puso en la escuadra.
Como el partido estaba loco de atar, nadie confiaba en que el 6-5 fuera el resultado definitivo, ya que los jugadores ambos conjuntos ofrecían evidentes síntomas de cansancio debido al gran ritmo que habían impuesto al choque. Cuando Pato puso a Juan Carlos López como portero-jugador en la cancha, Sergio ya había fallado en el segundo palo el séptimo tanto del Caja, por lo que tocaba sufrir. Y bien que sufrieron los segovianos cuando Paulinho, sólo dentro del área, mandó fuera una buena asistencia de Martín Amas.
David se encargó de redondear su gran tarde robando el balón que supuso el 7-5, y Lolo demostró sus galones a balón parado haciendo el octavo del Caja desde el punto de doble penalti. Al final, la victoria se quedó en casa, y los aficionados terminaron aplaudiendo con justicia a los protagonistas del partido, y silbando con más justicia todavía a quienes quisieron serlo a base de silbato.
