El Caja Segovia ha alcanzado tal solvencia en la Liga, que ya no le hace falta jugar de manera excelsa para ganar los encuentros de manera tan clara como lo hizo ayer frente a un Reale Cartagena que corrió y corrió durante los cuarenta minutos de partido, y que sólo dejó de correr para mostrar a los árbitros su más enérgica protesta por su actuación.
Por quitarnos el tema arbitral de en medio, y centrarnos en lo que fue el partido en sí, habrá que decir que Gallo y Velasco no serán la mejor pareja de la competición, ni de lejos, pero que ayer fueron capaces de repartir errores por igual. Quizá las protestas del Cartagena vinieron motivadas porque en años anteriores el Caja no sabía pegar y llorar, y ahora, a base de recibir y no poder hacer nada, ha terminado aprendiendo a defender en la raya de la legalidad, más o menos como hacen todos, sólo que para algunos equipos esa raya está un poco más lejos que para otros, en una distancia que (salvo honrosas, y escasas, excepciones arbitrales) suele marcar la situación en la tabla clasificatoria.
Aunque se esperaba cualquier cosa del conjunto que entrena Luis Fonseca, la salida a la cancha del Cartagena dejó sorprendidos a los jugadores del Caja, que no se esperaban una presión en toda la pista. Los numerosos balones perdidos por los de casa en los primeros compases del encuentro así lo demuestran, y Cidao tuvo que emplearse a fondo en alguna ocasión, como en la que desvió un mano a mano con Del Moral aún con el empate sin goles en el electrónico.
Pero paulatinamente los de Jesús Velasco le fueron cogiendo el aire al partido. La entrada de Borja Blanco, David y Fabián puso orden en el juego, mientras que la aparición del joven Víctor llevó descaro y mordiente al juego ofensivo local. Si a ello le sumamos la aportación de Antoñito y de Kristjan, va a resultar ahora que el Caja tiene bastante más fondo de armario del que se esperaba en los albores de la temporada.
Precisamente fue Kristjan el autor del duro remate que Fabio (lesionado en un dedo por un compañero durante el calentamiento previo al encuentro) no pudo detener, dejando el balón franco a Borja, que marcaba el 1-0, y templaba los ánimos de unos y de otros. El Cartagena lo intentaba, pero a cada minuto que pasaba sus jugadas ofensivas se ensuciaban cada vez más, hasta convertirse en meros acercamientos cuyo mayor rédito pasaban ganar un saque de esquina, casi siempre tan mal ejecutados que le daban la ocasión al Caja de salir a la contra. En una de ellas, Sergio aprovechaba una gran cesión de Kristjan para marcar el segundo de los de casa.
De esta forma, el partido se ponía muy cara para los segovianos. Tanto fue así que el Caja bajó el pistón, y pasó simplemente a controlar el juego, tocando con comodidad mientras que su oponente bastante tenía con intentarlo a la contra aprovechando la relajación local. Bartolo pudo poner el 2-1 en el electrónico, pero su remate, sólo ante Cidao, se estrelló en el palo. Posteriormente Borja Blanco se encontró con el brazo/pecho de Lomba en su lanzamiento sin portero. Los árbitros se decantaron más por el pecho que por la mano, así que se llevaron la pitada del respetable, que vio bastante más de lo segundo que de lo primero.
Tras el descanso, el Caja buscó apretar en pos del tercer gol que le diera la tranquilidad definitiva, pero tampoco se empleó demasiado a fondo, quizá impedido por la actuación de la defensa visitante, siempre activa en su intento de frenar cualquier acercamiento. Sergio se tropezó con el palo en una gran acción personal, y los dos Borjas se encontraron con Alex antes de que Borja Blanco sí acertara con la meta contraria en una buena acción de Víctor rompiendo por el centro.
Ese gol ya daba como ganador al Caja, pero no vino a derrotar al Cartagena, que se hartó de correr detrás de una pelota que en todo momento estaba en los pies de los segovianos. Cuando Fonseca ordenó portero-jugador, a cinco minutos del final, sus jugadores estaban tan agotados que apenas eran capaces de enlazar cinco pases para madurar la jugada en superioridad. Aún así, llegó el 3-1, obra de Moi, que vino a dar un soplo de vida al encuentro, soplo que se encargó de apagar de un plumazo Sergio, culminando un nuevo contragolpe, y Borja Blanco desde el punto del doble penalti, certificando una solvente victoria de un Caja que sigue rompiendo moldes.
