Tocados puede, pero no hundidos; así están los jugadores del Caja Segovia. Y lo están, pero sólo en el marcador de la eliminatoria (1-2), ya que una derrota en el partido que hoy se celebrará a partir de las 19:00 horas en el pabellón Pedro Delgado, proclamaría al Barcelona campeón de Liga. Por esta razón el encuentro de esta tarde es una de esas finales de verdad, de las de a vida o muerte; y en caso de salir vida, ya se pensaría en la semana que viene y en el Palau.
En el ánimo, sin embargo, los jugadores a las órdenes de Jesús Velasco siguen a flote y mucho más que eso. Nadie hacía presagiar un crucero tan largo en la temporada 2010/2011 y, mucho menos, nadie esperaba a estas alturas de la final encontrárselos en peligro de extinción, pero a salvo en su isla -de todo menos desierta-, con la misma esperanza que Robinson Crusoe de regresar a casa y ser recibidos con honores. Porque lo único que ha quedado seguro tras el primer partido celebrado en Segovia, es que la victoria final sólo podría tener lugar a miles de kilómetros de casa. El resto son todo hipótesis, apuestas, pesimismo y optimismo; futurología.
Además, la juventud otorga la virtud de la inocencia y el atrevimiento, y por eso los jugadores de Jesús Velasco, nada más perder el encuentro del viernes, durante el tiempo de estiramientos, estiraban también sus opciones y calentaban todos sus músculos, hasta el corazón, con la firme intención de ganar el partido de hoy. “Hemos demostrado que podemos competir contra ellos y vamos a salir a ganar para que esto se resuelva en el Palau”, era el denominador común en los mensajes de toda la plantilla. Quien pueda creer que se trata del típico tópico está en su derecho, pero las miradas, más que las palabras, dicen la verdad y los ojos de estos chicos de poco más de veinte años, eran tan transparentes como la vitrina en la que se soportaba la copa que ansían levantar.
Y puede que en esa ambición y en ese descaro que sólo proporciona la falta de experiencia estén las bazas del Caja Segovia hoy. Lleva siendo una de las claves a lo largo de la final, pero esta tarde puede incluso que tenga más peso; dependerá de cómo se lo tomen los chicos, y de que todas las rotaciones salgan concentradas y dispuestas a hacer lo que mejor saben, jugar divirtiéndose.
Jugadores como Antoñito y Borja deberán volver a la tranquilidad del primer partido y olvidarse, en cierto modo, de que están jugando una final; acordarse del patio del colegio y los balones de plástico podría ser un buen remedio. De hecho, Jesús Velasco ha sido reiterativo en el mensaje a sus jugadores: “hay que disfrutar”. Sólo así podrá forzarse el quinto partido frente a un Barcelona que hoy puede que vuelva a sentir esa presión del favorito que ya tuvo en el primer encuentro. Al menos eso esperan las cerca de 4.000 personas que volverán a darse cita en las gradas del Pedro Delgado.
Además, el equipo de Marc Carmona, tan experto como mayor, comparado con el segoviano, sí que llega tocado físicamente a este cuarto partido. No hay que olvidar que en el Caja Segovia Matías sigue con los problemas de siempre y se supone que Sergio González continúa sin estar como para saltar a jugar, pero en el Barça, dos de sus jugadores más desequilibrantes en esta final, Igor y Fernandao, terminaron el partido del viernes con múltiples molestias. Y no recupera igual un tendón de 20 que uno que ronda los 30.
Por otro lado, a Wilde, ese tipo que de dos tiros que hace, tres van a puerta, se le presupone aún algo fastidiado; claro, que se ríen dos de esa palabra en piernas del ‘13’ de la buena suerte blaugrana.
De este modo, si Marc Carmona, a pesar de la plantilla que tiene, quiere lamentarse, razones puede encontrar; así que los jugadores del Caja Segovia harían bien aprovechándose de las carencias físicas del rival. De resultar este factor fundamental, y ganar los de Jesús Velasco este cuarto partido, en el seno del Caja se aceptaría con gusto pulpo como animal de compañía y todo quedaría visto para sentencia en Barcelona.
Pero para ello, aún quedan cuarenta largos minutos que sufrir y disfrutar, tras los cuales el Caja Segovia espera que quede un equipo no sólo tocado, sino además algo hundido; el Barcelona. Ese conjunto que nunca creyó que ganar la Liga frente a unos jovencitos le costaría más que derrotar a los todopoderosos Inter y El Pozo en las copas del Rey y de España.
