La final por el título de Liga en la División de Honor de fútbol sala vivió su segundo capítulo con la victoria de un Barcelona que comenzó dominando con rotundidad al Caja, y acabó pidiendo la hora ante la ambición de un equipo segoviano que pudo haber forzado la prórroga en el último segundo partido, con un remate al palo de Sergio Lozano.
El Barcelona cambió algo más que su quinteto titular para afrontar este segundo partido. Cierto es que Cristian se puso bajo los palos, en una demostración evidente de falta de confianza en un Sedano que en el primer encuentro no estuvo súper, pero también cambió la actitud del conjunto blaugrana a la hora de afrontar el choque. Se acabó lo de especular, y el equipo local se lanzó en tromba a por un Caja que aguantó la primera embestida, pero no la segunda.
Con tantas alternativas como tiene el equipo de Marc Carmona, lo extraño era que en el primer encuentro no usara alguna de ellas. La de Fernandao es la básica, la que siempre usan cuando hay algún tipo de agobio, o incluso para superar la presión con un solo pase, pero ayer el cuadro local puso en juego la baza de Igor, y lo cierto es que entre estos dos jugadores se bastaron para superar a la defensa de un Caja que comenzó demasiado pronto a pasar por problemas.
La circulación del balón de los segovianos fue inexistente durante los primeros diez minutos de partido, y bastante pobre en los diez siguientes, porque la presión barcelonista, apoyada por unos colegiados que (como se esperaba) se comieron el silbato, era tan fuerte que los segovianos apenas podían superar el centro de la cancha. Cristian fue un mero espectador hasta el minuto 14, cuando rechazó un lanzamiento cruzado.
Pero para entonces el daño ya estaba hecho. Fernandao abrió la herida del Caja en una acción en la que superó por fuerza y calidad a Geison y Esquerdinha, estrellando dentro de la portería de Cidao su potente lanzamiento. Poco después, Igor realizaba un slalom marca de la casa para hacer el segundo tanto local.
Jesús Velasco se vio obligado a pedir tiempo muerto para detener una hemorragia que podía ser definitiva para la suerte del partido. Modificó quintetos buscando una mejor circulación y más claridad en los acercamientos al marco de Cristian, pero los jugadores poco podían hacer, puesto que el Barça dominó en todos los tiempos del juego. Torras tuvo en sus botas el 3-0, pero entre Cidao y el palo lo impidieron. Poco más tarde, Lin sí acertaba con la portería segoviana aprovechando una mala salida del capitán del Caja. Así que al descanso se llegó con el 3-0 que sólo se podía calificar como justo a tenor de lo presenciado sobre la cancha de un Palau que empujó de firme a los suyos.
El Caja corría el riesgo de verse fuera del partido, y muy tocado en el apartado moral, si en la segunda parte no reaccionaba. El Barcelona trató de iniciar el segundo tiempo marcando un cuarto gol que decidiera definitivamente el choque, pero pronto cedió en su empuje porque físicamente empezó a notar el cansancio. Entre eso, y que en una de las primeras acciones de mérito de los segovianos, Carlos se marcó el 3-1 en propia puerta tratando de evitar que marcara Antoñito, el partido comenzó a cambiar de signo.
El Caja empezó a creer en sus posibilidades, y su juego de toque fue paulatinamente imponiéndose. Las ocasiones blaugranas comenzaron a espaciarse mucho más en el tiempo, con Cidao sacando remates de Torras y Saad, mientras que en la portería contraria Cristian se multiplicaba para amargarle la vida a un Borja que aún no se explica cómo el portero del Barça fue capaz de sacarle varios remates de manera increíble.
El partido se iba metiendo en los minutos de la verdad, y el Caja, por más que remaba, no encontraba el segundo gol. Lo tuvo David, pero fue objeto de un penalti meridiano que los colegiados no quisieron señalar, como tampoco quisieron ver nada minutos antes en una acción de Borja dentro del área segoviana en la que los de casa reclamaron mano. A menos de dos minutos para el final, y con el Barça aplastado en diez metros, David colocaba el 3-2 al finalizar un balón suelto en el área, y fue entonces cuando verdaderamente el Caja se vio con posibilidades reales de llevar el partido a una prórroga en la que tenía las de ganar.
El portero-jugador de los visitantes fue un ejercicio de mala suerte increíble, sobre todo en el último segundo del encuentro, cuando el remate duro y arriba de Sergio Lozano se estrelló con el palo. Carlos cogió el rechace, y con el tiempo cumplido lanzó a portería, marcando el 4-2 con el que el Barça respiró. Hay final, porque hay dos equipazos jugándola.
