Tres puntos. El Caja Segovia sólo se jugaba tres puntos en su partido frente al Lobelle. No era una guerra, ni una venganza, ni una encerrona, ni ninguna de esas estupideces que nos inventamos los periodistas para que después vengan los tontos de turno a buscar los enfrentamientos para descargar su adrenalina. Eran sólo tres puntos lo que había en juego.
Pues el equipo segoviano se empeñó no sólo en perder tres puntos, sino también en tirar por la borda buena parte de su credibilidad haciendo el más soberano de los ridículos frente a un rival que llegó a Segovia a hacer lo que sabe, pegar en defensa, llorar a los árbitros… pero también competir, y eso implica jugar la pelota y buscar el gol. Porque este juego consiste en eso, en meter un gol más que el contrario, o en encajar uno menos, que eso queda a gusto de cada entrenador.
El Caja no hizo el ridículo porque no se esforzara, ni porque no corriera, ya que todos los jugadores sudaron la camiseta. El ridículo viene cuando no está Matías sobre la cancha y sólo Lozano y Esquerdinha son capaces de hacer algo con la pelota, mientras que el resto ni la quiere, ni la busca. El ridículo viene cuando algunos jugadores jóvenes que tienen que abrirse paso ni lo hacen, ni parece que tengan ganas de hacerlo en un futuro próximo. El de ayer era un partido para que los jóvenes comenzaran a hacerse mayores. Parece claro que ni Borja, ni Antoñito, ni David, tienen muchas ganas de crecer. Unos porque hasta hace cuatro días no eran ni jugadores de División de Honor. El otro porque comienza a dar la sensación de que (literalmente) no le da la real gana. Y eso, los jóvenes, porque los veteranos no perdieron la oportunidad de convertirse en macarras por horas en lugar de intentar hacer cosas con la pelotita.
Con todo y con eso, en los primeros tres minutos de partido el mejor del Lobelle fue su portero Alex, que sacó varias manos muy meritorios a remates de Esquerdinha y Lozano. Pero cuando Borja se marcó un gol de rebote en su propia portería el esperpento comenzó a tomar forma en la portería de un Cidao que debería empezar a entender que los nervios bajo los palos son los peores amigos de un portero. No es la primera vez que el capitán del Caja sucumbe bajo la presión de jugar un partido importante.
A todo esto el conjunto visitante, que ya había dejado un par de recados en defensa (y ojo que el Caja también repartió de lo lindo) se encontró con un 0-1 a favor y un rival en pleno proceso de descomposición. Jugadores como los gallegos no iban a desaprovechar la ocasión de dejar sentenciado el partido cuanto antes, y así ocurrió, ya que Aicardo culminó con calidad un contragolpe, y 37 segundos más tarde Charlie hacía lo propio en otro contraataque tras la enésima pérdida de balón segoviana en el centro de la cancha. Velasco pidió tiempo muerto ante lo que se avecinaba, ya que los locales, que se habían aguantado sobre la cancha con el quinteto titular, se estaban dejando el partido en las rotaciones.
Pero ya era tarde. El Lobelle ya había encontrado la herida del Caja, y se dedicó a hurgar en ella con toda la saña (de la deportiva y de la otra) de la que fue capaz, tocando el balón cuando le dio la gana, defendiendo con intensidad (léase agresividad) después de haber medido a una pareja arbitral de las que te hace seguir pensando que alguien dentro de la LNFS le sigue pasando cuentas al Caja Segovia, y sabiendo que contaba con Alex bajo los palos por si acaso a alguno de los jugadores locales les daba por mirar al marco contrario. Que tampoco se dio tanto.
Así que cuando Rafael recogió un balón suelto cerca de su área, corrió sin oposición 20 metros y chutó raso para hacer el 0-4, y cuando poco más tarde Luis superaba a Cidao en un mano a mano en el que le dio tiempo a saludar al tendido antes de hacer el quinto, estaba cantado que la segunda parte iba a sobrar.
Sin embargo, los aficionados no se movieron de sus asientos, quizá pensando en el milagro de una remontada que sería histórica. Pero de eso no hubo nada de nada, porque en vista del resultado a los de casa les dio por resolver cuentas personales que quedaron pendientes de partidos anteriores, a lo que sin duda contribuyeron las acciones de las de Rafael, un jugador de una enorme calidad, pero a la vez uno de los peores deportistas que juegan sobre una cancha de fútbol sala.
El Lobelle quería humillar al Caja dejándole con el marcador a cero, además de marcándole un gol de chiste en una falta desde 30 metros que pilló a Cidao en cualquier otro sitio menos donde tenía que estar. En los últimos 40 segundos, Lozano desde el punto del doble penalti, y Tobe con un remate flojete, maquillaron el marcador, pero no la sensación de que el Caja Segovia fue un juguete en manos de un equipo mucho mejor.
