La euforia despertada por los descubrimientos en la generación y transporte de electricidad a principios del pasado siglo provocó el interés de muchos industriales españoles que, acompañados por los mejores ingenieros de la época, recorrieron las vertientes de los ríos ibéricos en busca de los enclaves más apropiados.
La mayoría fueron viajes sorprendentes, llenos de aventura y, en muchos casos, bastante tortuosos, ya que las zonas más propicias para la generación eléctrica se encontraban en lugares de difícil acceso y muy lejanos de las poblaciones. Para acceder a ellos, había que realizar largos desplazamientos por tortuosas veredas e incluso abrir nuevos caminos.
En el caso del Duero, a pesar de haber sido una tradicional vía de transporte, fue el ingeniero vasco José Orbegozo quien, después de estudiar el río, se dio cuenta de las enormes posibilidades del tramo internacional. Dada la magnitud del proyecto y con el fin de desarrollar todas las concesiones bajo una única dirección, en julio de 1918 se crea la Sociedad Hispanoportuguesa de Transportes Eléctricos que, en 1928, pasa a denominarse Saltos del Duero, una de las empresas germen de Iberdrola.
El proyecto de Orbegozo consistía en construir enormes saltos y crear grandes embalses en los ríos Esla y Tormes para regular el caudal y garantizar la producción de las potentes centrales que se instalasen aguas abajo, bien en el tramo nacional o internacional del Duero que, en la misma frontera entre España y Portugal y a lo largo de 160 kilómetros, ofrecía un desnivel de 400 metros.
Este planteamiento resultaba innovador y, a la vez, arriesgado, ya que creaba en el Esla (Zamora) una fuente de energía que quintuplicaba el consumo del conjunto de España, además de convertirse en la base reguladora de un sistema integrado por los saltos de Ricobayo, Villalcampo, Castro, Saucelle y Aldeadávila, los dos últimos en el tramo internacional del Duero. Este ambicioso proyecto representaba, en su conjunto, más de 10.000 millones de kWh de producción anual de energía eléctrica.
Construcción. Las obras comenzaron en 1929 por el aprovechamiento de Ricobayo, en el río Esla, y continuaron en Villacampo (1942), Castro (1946), Saucelle (1950) y Aldeadávila (1956), todos ellos en el río Duero, totalizando una potencia de 3.560 megavatios. De esta forma, con el aprovechamiento de los saltos del Duero se inició la construcción de los grandes embalses reguladores, con centrales a pie de presa, que hasta entonces no habían sido construidos ni en España ni en Europa.
Pero si a principios de siglo Iberdrola, que acaba de cumplir 110 años, se convirtió en una empresa pionera del desarrollo hidroeléctrico español y europeo, un siglo después, la compañía sigue apostando por las energías renovables y se ha convertido en líder mundial en energía eólica con más de 200 parques eólicos en España y 330 en todo el mundo, 2.500 personas trabajando exclusivamente en esta área y una inversión de 25.000 millones en desarrollo de esta tecnología. Si los Saltos del Duero representan uno de los hitos más importantes de la historia de Iberdrola, otra clave del éxito es la apuesta por la energía eólica, la fuente renovable más eficiente.
Compromiso
Además, en todo este periplo la empresa ha mantenido un firme compromiso con Castilla y León. Si en la primera mitad del siglo XX fueron los embalses del Duero, en la actualidad Iberdrola cuenta en Castilla y León con medio centenar de parques eólicos -17 en Burgos, 4 en León, 6 en Palencia, 16 en Soria, 2 en Valladolid, 4 en Zamora y uno en Salamanca-, siendo la compañía líder en el sector. Sus instalaciones suman una potencia de más de 5.000 megavatios, de los que 1.453 están instalados en esos 50 parques eólicos, otros 76 en 31 centrales minihidráulicas, que evitan la emisión a la atmósfera de cerca de 5,2 millones de toneladas de CO2. Sólo entre 2002 y 2012 la eléctrica invirtió en la región más de 1.600 millones.
Como es lógico, estas millonarias inversiones también se han traducido en la creación de puestos de trabajo. Así, mientras en 2001, la empresa sólo tenía 50 empleados destinados a las renovables, en la actualidad cuenta con unos 2.500 repartidos por todo el mundo. En Castilla y León, esta área cuenta con una plantilla de 108 personas, aunque genera un gran número de empleos indirectos no sólo en la construcción y puesta en marcha de las instalaciones, sino también en la fase de explotación -unas 14 personas por cada cien megavatios-.
Además, el medio rural de Castilla y León ha sido el gran beneficiado de una de las señas de identidad de Iberdrola en material laboral, la contratación de empleados del lugar en donde se genera el negocio. Cabe destacar que más del 90 por ciento de los trabajadores de los parques eólicos y de los puestos indirectos creados procede de los municipios en donde se ubica la instalación. Además, al tratarse de empleos que requieren de una formación continua debido a la alta tecnología con la que operan los parques eólicos, son puestos de trabajo cualificados.
Por otra parte, la apuesta por las renovables y el reto de seguir aplicando medidas respetuosas con el medio ambiente, también han tenido reconocimiento internacional. Iberdrola tiene una intensidad de emisiones un 30 por ciento menor que la media del sector europeo, lo que le ha valido para ser la única eléctrica del mundo en estar, desde su primera edición, en el índice mundial más importante, el Dow Jones Sustainability Index, que además del estado financiero, mide los índices sociales y ambientes.
Pero a pesar de ello, la empresa sigue impulsando y buscando tecnologías más eficientes y sostenibles, y sólo el pasado año invirtió en I+D+i 145 millones. Además, recientemente la compañía se ha sumado al Pacto por la Biodiversidad, cuenta con un Sistema de Gestión Ambiental Integrado que permite reducir los riesgos ambientales y desarrolla políticas medioambientales que le han valido numerosos reconocimientos.
