Lejos quedan las citas de la Feria de San Andrés en las que centenares de cabezas de ganado se apiñaban en las inmediaciones de Turégano para participar en esta convocatoria anual. Hoy las reses han sido sustituidas por los caballos de vapor que desarrollan los grandes tractores estacionados en la Plaza porticada, y que representan el principal reclamo ferial.
De aquellos años sólo se mantienen recuerdos y algunas fotografías que conservan enmarcadas los bares y restaurantes de la villa. La actividad hostelera constituye uno de los principales baluartes de la feria, donde se realizan la mayoría de transacciones económicas, así como en el medio centenar de puestos de alimentación y artesanía colocados en el interior de la carpa de la Plaza y en las calles adyacentes.
Como no podía ser de otra manera, la crisis se deja sentir también este año. La cita arrancó el pasado viernes y termina hoy domingo. Tres empresas concesionarias de las principales marcas de maquinaria agrícola siguen comprometidas con el certamen. Y también algunos artesanos y vendedores ambulantes.
El alcalde de la villa, Juan Montes, reconoce que la feria ha decaído en los últimos años, aunque asegura que se sienten obligados a mantener esta ancestral convocatoria que data de la Edad Media y que cuenta con numerosas referencias en la historia local y nacional. El cronista oficial, Victoriano Borreguero, da cuenta de ellas en su abundante bibliografía. Este año, con motivo de la serie de TVE, Isabel, se ha extendido la popularidad de algunos de esos hechos relevantes en la historia. En el siglo XV alguien escribió:»Desde tiempos inmemoriales se acostumbraba a hacer en dicha Villa una feria…»), aunque el comienzo y la duración de la misma eran distintos de los actuales. Desde el Ayuntamiento, su titular recuerda el esfuerzo que se ha realizado para conseguir mantener la Feria, que pudo rematarse hasta unas semanas antes, apostilla el concejal Pablo Martín.
Las bajas temperaturas de estas fechas tampoco contribuyen a facilitar la celebración ni la presencia de público. Sin embargo se ha paliado, un año más, con la instalación de una carpa climatizada, y a lo que ha contribuido la Diputación provincial. Precisamente fue el diputado de Promoción Económica, Rafael Casado, el encargado de inaugurar la feria en la que estuvo acompañado por los representantes municipales.
Entre los puestos habilitados en su interior se pueden encontrar y adquirir vinos, embutidos, quesos, conservas, y otros productos alimenticios. También los puestos de artesanía se dan cita en esta carpa, donde igualmente hay empresas dedicadas a los nuevos sistemas de calefacción. Y tampoco falta un stand promocional de turismo en Turégano. En la calle se encuentran puestos de material ganadero, textiles y de productos que también son típicos en esta feria, como el bacalao, que durante décadas ha sido, con el lechazo, el producto típico que se degustaba en sus restaurantes.
En la edad de oro de la Feria de San Andrés se servía vino y bollería, especialmente para cuando se cerraba un trato, en lo que llamaban «echar el alboroque». Si el trato era excepcional, se celebraba en terrazas y tabernas con el plato típico de la feria, el bacalao al ajo arriero.