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De regreso al monte

por Redacción
11 de marzo de 2013
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Desde hace siglos, la historia de El Espinar ha dependido de sus montes. Si la iglesia de San Eutropio atesora hoy grandes obras de arte no es por casualidad sino porque mientras se construía el monasterio de El Escorial llegaron a esta tierra los mejores profesionales de la época en busca de vigas de madera para levantar aquel grandioso monumento y, de paso, dejaron en el templo de El Espinar importantísimas joyas. Así ocurrió con Alonso Sánchez Coello o Pompeyo Leoni.

El caso anterior no es el único que demuestra que la madera ha marcado el camino de El Espinar. Cuando en 1888 se inauguró la línea de ferrocarril entre Segovia y Villalba, El Espinar supo aprovechar las oportunidades que ofrecía aquel nuevo medio de transporte para impulsar su sector maderero. En 1901 se abrió una fábrica de madera. Luego otra, y otra… hasta sumar seis, donde se transformaba la madera para su posterior envío, por tren, a Madrid.

Más recientemente, tras la Guerra Civil, en los años del hambre, los montes espinariegos proporcionaron a infinidad de gabarreros un medio para ganarse la vida. Fueron tiempos duros, sí, pero, como indicaba ayer el historiador Servando Hurtado, fueron precisamente esos recursos naturales los que evitaron una emigración masiva, como ocurrió en la mayoría de los pueblos segovianos.

Los montes, siempre los montes… En los momentos de gloria y también, en los de decadencia. Llegó una etapa, los años 60 y 70, en la que pareció que los montes iban a quedar abandonados definitivamente, perdiéndose los oficios que acogían. Pero no fue así. Juan Andrés Sáiz Garrido se encargó, hace ya tres lustros, de sacar a los gabarreros del baúl y colocarlos ante los flashes de las cámaras, iniciando una fiesta que ha ido cogiendo auge de forma progresiva hasta convertirse en imprescindible en el mes de marzo. Pero, además, el espinariego ha vuelto otra vez su mirada hacia el monte, por cuestiones económicas.

Aunque hoy en día apenas quedan en el municipio una decena de familias que viven de la venta de leña, el número de personas que sube al monte a por un cargamento para consumo propio ha aumentado, de forma exponencial, por culpa de la crisis. “Hace media docena de años iban a por leña 50 ó 60 personas; ahora serán unas 300”, estima el agente forestal Cipriano Dorrego. Hace escasos meses, el Ayuntamiento sacó a concurso un centenar de parcelas para la extracción de leña de roble albar en la mata de Navalrey. Se presentaron cerca de 600 solicitudes… La conclusión de Dorrego es clara: “Con los precios a los que se ha puesto el gasoil, mucha gente prefiere la leña”. De hecho, después de que durante una larga temporada se pudiera encontrar leña en cualquier sitio del monte, últimamente escasea, y se han empezado a ver casos de furtivismo. Eso sí, con sistemas más modernos a los de los gabarreros de hace medio siglo.

En este “resurgimiento” del papel del monte, el esfuerzo de los viejos gabarreros es visto como un ejemplo que bien merece un homenaje. Y, así, se aprovecha la vistosidad del oficio para organizar una función que atraiga turistas en la temporada baja.

Ayer, en la jornada que cerraba la fiesta, los actos tuvieron lugar en el núcleo de El Espinar. En una mañana de sol y nubes, aunque sin lluvia, el desfile de los gabarreros partió de ‘El Pinarillo’. Iban burros y caballos con cargas de leña, mulas arrastrando pinos y hasta una pareja de bueyes. En la Plaza del Altozano, la comitiva hizo una parada para que Juan Rodríguez realizara una exhibición de corta vertical de un pino. Merecía la pena contemplar su técnica. Hacía una entalladura en el tronco, y en el hueco metía un listón, sin anclar, que le servía para ir subiendo metros y continuar la labor de llegar a lo alto del árbol donde, supuestamente, debiera eliminar la copa.

Ya en la Plaza de la Constitución, se procedió al nombramiento de los ‘Gabarreros de Honor’, honor que este año ha recaído en Luis González y Juan María González. Además, el alcalde, Francisco Jorge, entregó el ‘Pino de Plata’ al presidente del Grupo Siro, Juan Manuel González Serna, subrayando que “se merecía un reconocimiento oficial” por su trabajo en pro de El Espinar, donde se hizo cargo de una fábrica en crisis y acabó logrando que saliera adelante.

Tras varias exhibiciones de corta, José Luis Muñoz puso el broche de oro, aupándose, con la ayuda de unos “callos”, a lo alto de un pino de 22 metros, para, como hacían los antiguos gabarreros, cortar allí ramas con las que hacer una carga. Para acabar, el largo pino se segó, con un tronzador, cayendo con gran estrépito.

Era la hora de que los gabarreros regresaran al monte. Con ellos irán muchos espinariegos, en busca de leña, como antaño.

“Vamos a salir del pozo en el que estamos, pero tenemos que trabajar todos más”

El empresario Juan Manuel González Serna interpretó el premio ‘Pino de Plata’ como “un reconocimiento a las casi 3.700 personas que formamos el Grupo Siro”. “Con este galardón —añadió— reconocéis en nosotros unos valores que los gabarreros tenéis, los del esfuerzo, superación y sacrificio”.

El presidente del Grupo Siro reconoció que, en El Espinar, “hemos tenido la suerte de coger una fábrica que atravesaba un momento de crisis y dar la vuelta a la situación”. González Serna estimó que “la mejor decisión” del Grupo Siro ha sido situar en la factoría de El Espinar el departamento de I+D+i, “nuestra fábrica de ideas”. En dicho departamento, que suma 72 trabajadores de siete nacionalidades, “se está construyendo el futuro del Grupo Siro”, defendió.

Sobre la actual crisis económica, de la que dijo que es “la peor” que ha conocido, González Serna estimó que la única receta para salir es “trabajar”. “Estoy convencido de que vamos a salir del pozo, pero tenemos que trabajar, todos juntos, no solo unos pocos, con generosidad”, concluyó.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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