Si alguien tenía alguna duda de por qué la Semana Santa de Segovia ha sido declarada ‘de Interés Turístico Nacional’, ayer encontró la respuesta. La espectacularidad de los actos religiosos al aire libre, unida a la belleza de la ciudad, conforman una fórmula que funciona, capaz de atraer cada año a miles de visitantes. Y este año no iba a ser menos. Es más, el soleado día, con una temperatura impropia de mediados de abril, propició una afluencia superior a ejercicios anteriores.
A primera hora de la mañana, nada más abrirse el Centro de Recepción de Visitantes, en la Plaza del Azoguejo, sus trabajadores comprobaron que iba a ser un día duro. No daban abasto, a pesar de su diligencia. El recorrido Acueducto – Calle Real – Plaza Mayor – Alcázar prácticamente se colapsó a partir de mediodía, y así siguió hasta la caída de la tarde. Como es habitual en estas fechas, bares y restaurantes se afanaron para atender a todo el público. Y en el comercio abierto se percibía movimiento. Mucho.
Por la tarde, las cofradías acapararon el protagonismo. Tras los oficios celebrados en las parroquias de Segovia, en los que se repitió el rito del lavatorio de pies, simbolizando el realizado a los apóstoles en la Última Cena, comenzó el traslado hasta la Catedral de la mayoría de las imágenes que desfilarán hoy.
Nueva Segovia, San José, San Millán, Santa Eulalia, el Cristo del Mercado, San Lorenzo y los Maristas sacaron de sus iglesias algunas de las joyas de la imaginería segoviana, con la pretensión de invitar a los creyentes a un momento de reflexión en el inicio del Triduo Pascual. Segovia brindó sus calles como escenario para la devoción, permitiendo que en algunos de sus rincones pintorescos se pudieran contemplar hermosísimas imágenes, como la de ‘Jesús con la Cruz a cuestas’ pasando por el Arco del Socorro, una foto que quedará en la retina de cuantos allí estuvieron.
