Daniel Gil ha expuesto su obra en varias ocasiones en Segovia Aún se recuerda la primera vez en 1980, tuvimos ocasión de ver una muestra de su trabajo en el terreno de la pintura; en 1994, en una nueva cita, sería el grabado el protagonista de aquella exposición, ya que es este campo del grabado una de sus grandes pasiones de Daniel Gil, tanto desde el punto de vista de la creación, como de la enseñanza. Pero será la retrospectiva de grabado, desde 1980 a 2005, la que aún recordemos con mayor empeño. Fue una exposición memorable en la que nos mostró su trabajo desde sus comienzos como grabador hasta el 2005. Tuvimos la posibilidad de apreciar un gran abanico de distintas técnicas calcográficas (aguafuerte, punta seca, aguatinta, manera negra, lavis, barniz blando, gofrados, etc.) aplicadas de forma magistral. Podríamos decir que la de Daniel Gil es una obra tan sabida como esperada. Acudimos a la exposición con la certeza de un reencuentro, pero con matices por descubrir, dispuestos a la sorpresa.
En la actual exposición en el Torreón de Lozoya expone acuarelas de rincones segovianos, diríamos que casi íntimos, singulares, como las dedicadas a las distintas escaleras del enlosado de la Catedral o la iglesia de Basardilla antes de ser remozada, las dedicadas a esa casa de su pueblo, ya desaparecida, tan llena de memoria como de olvido, que en sus ruinas acumulaba bodegones inquietantes y composiciones realmente metafísicas, y el románico, siempre la solemnidad carnosa de la piedra caliza del románico de El Parral o de San Lorenzo en sus contraluces de claustros o pórticos, logrando que las piedras tengan una luminosidad y transparencia como si acabaran de ser talladas. Las acuarelas de Daniel Gil nos dan la inmediatez del motivo, la transparencia de los pigmentos y unos formatos accesibles al ojo.
Especialmente delicados son algunos bodegones de mostajos, de guindillas, de frutas, conciliando así el tiempo pasajero, el motivo anecdótico y la reflexión constante sobre la evanescencia de la memoria, la limitación de la percepción y el valor de la pintura. La renovada caducidad de las amapolas en la acuarela «Erguidos» es todo un motivo de reflexión sobre la fuerza de lo débil y constante y la ruina de lo pesado y descuidado en el muro desconchado de la construcción que sirve de contrapunto, de contraste. Aún nos sigue deleitando el bodegón dibujado con bolígrafo con el chorizo de Cantimpalos y los especieros, por sus luces, sus tonalidades, su manchas, sus reflejos, sus texturas. Soberbia demostración de que con el bolígrafo no solo se hacen líneas.
Junto a algunos grabados de Madrid, nos atraen los soberbios dibujos al grafito, en los que ausente el color, se concentra una lectura más poética de la realidad deshabitada («Retazo de tiempo iluminado») o de los objetos más urgidos («Bodegón de bicicleta»). Aunque hay un dibujo en el que Daniel Gil nos propone una metáfora de la vida y, tal vez, de la misma pintura. «Anclaje» es un símbolo que persiste más allá de toda anécdota, en sí misma es una imagen emblemática de avatares y retos, de ligaduras e inseguridades. Poco importa que sea el mar, sin el azul local, la metáfora del dibujo está por encima de toda descripción, de todo detalle.
Pero sea cual sea el tema que nos proponga Daniel Gil, sus obras garantizan una estructura precisa, una memoria reconocible de la realidad que nos rodea y unas vivencias intensas que sin dramatismo dan entidad y sin efectismos credibilidad. Y siempre abundando en la paradoja de la luz, de la luz y de la sombra, a la par.
La obra de Daniel Gil se sostiene en una iconografía medida, armónica, con un suave punto de contraposición entre la luz y la sombra, entre la piedra y lo vegetal, entre lo caduco y lo permanente, entre la imagen y la palabra. Nada desdeñable son algunos de los versos que acompañan a sus pinturas, remarcando en algunos casos su proceso creativo, complementando en otros casos visiones y metáforas, colores y enunciados, jalbegues y texturas.
«De cerca», así titula en general la exposición Daniel Gil. De cerca, en cuanto al valor de lo efímero, especialmente esas modestas hierbas y florecillas. De cerca, dando protagonismo al detalle. De cerca, enfocando una óptica más allá del ojo. De cerca, recortando un encuadre equilibrado. De cerca, Daniel Gil en cada obra.
EL ARTISTA
Daniel Gil Martín nace en la localidad de Cantimpalos (Segovia). Estudia dibujo y pintura en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, en la que comienza su formación con tan solo quince años.
De 1975 a 1976 publica sus retratos a bolígrafo en el Diario Pueblo y en las revistas Ruedo y La Jaula.
Tras una etapa de ilustrador su trabajo se decantó hacia la pintura y el grabado, modalidad artística ésta última, en la que ha obtenido importantes éxitos en certámenes nacionales. Desde 1994 compagina su faceta de pintor y grabador con la de Profesor de Técnicas Calcográficas, Aditivas y de Estampación en la Escuela de Grabado y Diseño de la Fundación Cultural «Casa de la Moneda» en Madrid.
De 2001 a 2003 imparte cursos de grabado calcográfico dirigidos a la Fundación Amigos del Museo del Prado en la Calcografía Nacional. De su trabajo en este campo artístico dio buena cuenta la última exposición celebrada en el Torreón de Lozoya en 2005, que recogió sus trabajos desde 1980 hasta ese año.
Ha realizado más de 38 exposiciones individuales de pintura, dibujo y grabado en España y en Costa Rica. Entre ellas recordamos las del Ferrol y la Galería Kreisler (Madrid) en 1998; en Burgos, en 2003; una itinerante de grabados por varias localidades de Ávila.
Ha participado en innumerables exposiciones colectivas, certámenes y ferias nacionales e internacionales. De ellas recordamos la de Gijón, la de la Biblioteca Nacional (Madrid), en 1992; varias ediciones de las Ferias de Estampa y de Arcale (Salamanca); en el Museo de Bellas Artes de Taipey (Taiwan). Ha participado en los más importantes Premios nacionales de Grabados como «P. Nespereira», «José Caballero», Madrid 92, de Valladolid.
De los premios recibidos recordamos el Nacional de Grabado de Burgos, el Nacional de Dibujo de la Fundación Gregorio Prieto de Valdepeñas (C. Real) en 1991, el Certamen Andaluz de Bellas Artes del Ateneo de Sevilla (1996).
Entre otras muchas colecciones públicas y privadas sus obras están en la Calcografía Nacional (Madrid), en la Biblioteca Nacional (Madrid), en la R. Academia de Bellas Artes de S. Fernando (Madrid), Fundación BBVA, Colección Juan Abelló, Cajas de Ahorros varias, como la de Ávila y la Segovia.
