El equipo cántabro que llegó a Segovia con el cuchillo entre los dientes no hizo prisioneros y comenzó el encuentro con varias marchas por encima que las locales en cuanto a juego e intensidad. Así, las mejores ocasiones fueron cayendo del lado visitante, aunque la mejor noticia para un Segosala en la lona, preso de falta de actitud e imprecisiones, era el resultado gafas. La gran culpable de mantener las tablas, Laura Hernando. La guardameta segoviana se puso el mono de trabajo y, a base de intervenciones mayúsculas, se vistió de héroe para sostener a un Segosala inmerso en un quiero y no puedo constante frente a un Mioño superior al que su único pero fue la falta de colmillo. Hasta que acertó.
Al filo del descanso, Lucía Herrera aprovechó un error defensivo del Segosala para hacer justicia sobre el parqué y adelantar al conjunto cántabro. El gol inicial no pilló por sorpresa al equipo de Agustín Pérez que, cuando estaba empezando a asomar la cabeza con una mayor profundidad en sus ataques, recibió un mazazo importante que no definitivo. Así, tras el paso por vestuarios, el Segosala pareció olvidarse del luminoso, siguió mejorando en actitud y juego y fruto de ello, sacó a relucir su mejor versión. Esa que le hace estar en la parte alta no por fortuna y sí por motivos propios.
De esta manera, en apenas cuatro minutos, el equipo de Agustín Pérez hizo olvidar su mal inicio de partido y demostró su descomunal pegada. Sandra González y Eva Jiménez dieron la vuelta al partido en un visto y no visto y, acto seguido, Miriam Esteban se unió a la fiesta para poner el 3-1 en el marcador. Una ventaja de dos goles que, en el mismo minuto, de nuevo Eva Jiménez amplió sellando su doblete. Un correctivo en forma de castigo demasiado severo para un Mioño que, en un abrir y cerrar de ojos, vio como todo el trabajo del primer período quedó en vano.
El Segosala le dio de su propia medicina al conjunto cántabro y, lo que en una primera parte las visitantes perdonaron, en la segunda, las locales castigaron. Con el 4-1 en el luminoso, el Mioño se lanzó a tumba abierta en busca de recortar distancias y optó por el juego de cinco con portera-jugadora, pero la pizarra cántabra no fue rival para el Segosala. Cómodo desde la defensa con garra y oficio, el equipo de Agustín Pérez fue jugando con el reloj a favor frente a un Mioño que apenas generó peligro.
Fue entonces cuando, otra vez una Eva inspirada sentenció a las visitantes a falta de dos minutos y firmó su póquer de goles para poner el 6-1 definitivo. Un triunfo vital que permite al Segosala irse a un nuevo parón con la moral por las nubes y un paso más cerca de su gran objetivo.
