El diccionario de la RAE recoge la palabra ‘bluf’ como la hispanización del término anglosajón ‘bluff’, que define en una de sus acepciones como “persona o cosa revestida de un prestigio falto de fundamento”. Lejos del firmante de esta crónica está el menoscabar la carrera profesional de un artista con casi dos décadas de trayectoria a sus espaldas y millones de discos vendidos, pero la sensación que dejó el concierto inaugural de las fiestas segovianas a cargo de David Bustamante fue la de asistir a un espectáculo muy alejado de la fama y el talento que el cantante de San Vicente de la Barquera ha acreditado a lo largo de su carrera profesional. La presencia de Bustamante atrajo hasta la plaza de La Artillería a miles de personas ávidas de escuchar al ‘crooner’ surgido de la primera hornada de la factoría de Operación Triunfo, que llegaba a Segovia con una propuesta algo más intimista que en sus anteriores trabajos, con el bolero y la música mexicana como ejes temáticos.
Pero la cosa no empezó bien. En un escenario como el Acueducto, donde otros cantantes y grupos se crecen, Bustamante inició su actuación difuminado por un sonido errático que le acompañó durante toda su presencia en el escenario, y que a buen seguro pudiera ser una de las causas de la aparente apatía del cantante durante toda su actuación. El concierto llevó al público por una línea que no esperaba, ya que sus fieles esperaban escuchar algunos de sus clásicos de los primeros años, cuando Bustamante disputaba el trono del ritmo latino y del disloque de cadera a su compañero Bisbal o a héroes como Ricky Martin o Chayanne. Ni siquiera los intentos de empatizar con participación en las canciones o los pequeños diálogos que todo artista tiene con su público cayeron en gracia. Sólo en el último tramo del concierto Bustamante hizo concesiones con algunos de sus viejos temas, pero de forma casi forzada, como queriendo marcar distancias con una época que, sin duda, le ha llevado hasta su actual lugar en el mundo de la música ligera.
Regresando a la acepción que encabeza la crónica, es obvio que el prestigio de Bustamante no está falto de fundamento, y que ha conseguido labrarse un público fiel a base de trabajo, pero con conciertos como el que ofreció en la noche de San Juan en Segovia, quizá comience a perder enteros.
El ‘fiasco’ del concierto inaugural quizá sirva también como reflexión para los programadores de los conciertos de las fiestas, que espoleados por intentar agradar a todos los públicos, puedan confundir en algún caso calidad con cantidad. En años anteriores, Segovia recibió con calor a artistas como Sergio Dalma o Rosario que ofrecieron lo mejor de si mismos bajo los arcos del Acueducto. Los cerca de 40.000 euros de caché del ‘triunfito’ que surgen de las arcas municipales merecen un mayor esfuerzo sobre el escenario, porque los artistas no sólo viven del nombre.
