Una edición más del curso de pintores pensionados. Un año más dando vueltas al paisaje de Segovia con una variada y sugerente amalgama de visiones y paletas. Un curso más en el que calor y color, palabras y pinceles, risas y silencios, proyectos y fracasos, experiencias y experimentos, han convivido y dialogado conformando libremente un diseño curricular abierto, exigente y respetuoso para dar vida a esta pequeña pero emblemática Academia del Paisaje, con mayúsculas, en que se convierte cada verano el Palacio Quintanar para dar continuidad, mitad por azar y mitad por dedicación y empeño de la Academia de S. Quirce, a una de las iniciativas artísticas más longevas y sin embargo más innovadoras de panorama pictórico español.
A pesar de la persistente y bien provocada crisis, afortunadamente casi no se ha hablado de la bicha, especialmente porque se ha explorado el mejor territorio para superar toda crisis como es la creatividad, el mejor crédito como es la confianza en las energías propias, el mejor recurso como es la proyección dialogante y respetuosa de cara al futuro.
Todas las personas que presentaron la exposición remarcaron junto a la calidad artística y técnica de las obras expuestas, el valor de la experiencia vital, emocional y estética que el Curso de Paisaje aporta a todo el alumnado becado, creando un auténtico estilo de vida en el que el arte como debate e innovación, como crítica y respeto, como identidad particular y diferencia colectiva, aporta todo el valor y significado a las urgencias de la sociedad democrática actual. Más de una vez hemos repetido que el paisaje en el arte es una actitud críticamente ciudadana, la expresión más democrática posible de la experiencia creativa. Al menos ese debería ser el gran valor y reto del curso. “Llegar a ser antes que artistas, buenas personas”, resumía y cerraba así su intervención de inauguración Antonio Ruíz Hernando, director de la Academía de S. Quirce.
“Siempre retorno”, dice el grafiti de Vaquero Turcios en el patio del Palacio Quintanar, como nostalgia y compromiso, – sorprende que coincida este curso con una ambiciosa exposición suya en la Casa de la Moneda de Segovia – que, junto a la reflexión de Juan Manuel Bonet en la lección inaugural del curso de 2012, de que la pintura del paisaje es “obsesiva y repetitiva”, enmarcan ambas referencias el reto y le necesidad de repensar la pintura de paisaje tanto a nivel artístico, como a nivel cultural. Ya que volver a ver la cara al paisaje, es mirarnos a nosotros mismos. “El paisaje soy yo”, decía Flaubert, con lo que en el fondo estaríamos enfrentándonos con el severo problema de identidad, más allá de modismos rancios o de oportunismos retro.
De alguna forma la expectación creciente con que se recibe esta muestra cada año, viene a confirmar que en el fondo todos esperamos descubrir esas nuevas formas de mirarnos, de reconocernos y de identificarnos en el paisaje que va mutando cada año en ojos nuevos y en pinceles otros.
Junto al compromiso explícito de Clara Luquero, alcaldesa de Segovia, al que se sumaron otras autoridades presentes, de no ahorrar esfuerzos y recursos para mantener el curso en años venideros, sería una buena oportunidad para que la Academia repensase esta actividad.
En las salas de La Alhóndiga podemos ver una extensa muestra colectiva de las obras de los 15 jóvenes artistas, cuatro pintoras, solo cuatro, y once pintores, que han participado en el Curso de Pintura de Paisaje del Palacio de Quintanar del verano de 2014. En este curso se ha alcanzado la edición número 64, ya que estos cursos, hay que recordar, se reiniciaron en Segovia en 1950.
Los pintores participantes han disfrutado de una Beca de tres semanas en Segovia para realizar uno de los escasos cursos de paisaje que se imparten en España. El Curso de Pintores Pensionados se viene realizando en Segovia ininterrumpidamente desde 1950, organizado con empeño y constancia por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce con el patrocinio de instituciones públicas y privadas, como el Ayuntamiento de Segovia, la Junta de Castilla y León y la Diputación provincial, así como varias fundaciones y empresas locales. Este año el protagonismo de patrocinio privado lo ha asumido el restaurante Cándido.
Una vez más recordamos, superando amnesias programadas, que el Curso de Pintores Pensionados de Segovia es el continuador de la “Escuela de Pintores del Paular” que creara allá por 1918 1a Dirección General de Bellas Artes para becar la estancia de pintores durante los meses de verano en las antiguas celdas del Real Monasterio de Santa María de El Paular, entonces en ruinas, a pesar de que el gobierno de Alfonso XII en 1876 lo había declarado Monumento Nacional. También conviene recordar que el Curso desde entonces a hoy siempre mantuvo de forma sorprendente el mismo espíritu científico, naturalista y lúdico que inspiró las actividades que surgieron de la Institución Libre de Enseñanza que fundara F. Giner de los Ríos.
El curso combina un extenso y ambicioso programa de formación con visitas, en este curso a las Hoces del Duratón, los jardines de la Granja, así como distintos itinerarios por Segovia ciudad, y muy diversas y complementarias ponencias y presentaciones de artistas y estudiosos de la creatividad y sus relaciones con la historia, la literatura y la música, que después las/os artistas pretenden materializar con mayor o menor fortuna en una intensa tarea y dedicación artísticas sin horarios ni programas predeterminados.
Los pensionados proceden por selección de las Facultades de Bellas Artes de toda España, con una invitación especial en los últimos años a la Escuela de Diseño de la Casa de los Picos de Segovia.
Por tradición el curso concluye con un exposición de los trabajos realizados, como muestra de gratitud y evaluación, de ellos se han premiado en tres categorías sendas obras de Ikaitz Obeso (medalla de oro) de la Universidad del País Vaco, de Jan Monclús (medalla de plata) de la Universidad de Barcelona, y de Guillermo Masedo (medalla de bronce) de la Universidad Complutense de Madrid.
El presente curso ha estado dirigido por Francisco Lorenzo Tardón, coordinado por Juan Antonio del Barrio Álvarez y Fernando Herranz Solís ha actuado como productor.
