Una lectura pública de la Constitución, en presencia de los poderes del Estado y en la sede del Instituto Cervantes, ha sido el primer acto en el que se ha podido oír la voz de la Princesa de Asturias en una intervención oficial. La iniciativa coincidió con su 13 cumpleaños y con el 40 aniversario de la aprobación de la Carta Magna por las Cortes.
Se trataba, según dijo el propio Felipe VI al inicio del acto, de la “mejor forma de reafirmar, una vez más, la fidelidad y el compromiso de la Corona con la democracia, con la libertad, con España y la Constitución española”. Para las primeras palabras en público de la Princesa, que a lo largo de 2018 ha ido ganando presencia pública, no se eligió un acto dinástico ni de otro tipo, sino exclusivamente constitucional y enmarcado en las celebraciones del 40 aniversario.
El Rey agradeció al Gobierno y al Cervantes que organizasen el acto, en el que participó el Ejecutivo casi en pleno, los poderes del Estado y los líderes del PP y de Ciudadanos, que se acercaron desde el Congreso, pero ningún representante de partidos nacionalistas ni de Unidos Podemos, que en las últimas semanas está redoblando su ofensiva contra la Monarquía.
En la calle, unas pocas decenas de ciudadanos le cantaron el cumpleaños feliz a Leonor y gritaron ‘vivas’ al Rey. Dentro, en el salón de actos del Cervantes, muestras de cordialidad entre las autoridades asistentes y dosis de emotividad. Entre el ruido de los flashes de las cámaras, Leonor subió al estrado, con un escalón de dos alturas especialmente preparado, y leyó el artículo 1 de la Constitución con voz infantil, segura y sonriendo a los asistentes al final de cada frase.
El Rey, que la había precedido leyendo el Preámbulo, aguardó a su derecha, y la niña le dio un beso tras finalizar su intervención, posó un instante y bajó a saludar a su madre, también muy sonriente y sentada en primera fila junto a la Infanta Sofía. Como es habitual en los últimos actos, Leonor se colocó, como heredera, al lado del jefe de Estado, y a su otro lado estaba sentado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que es quien continuó la lectura.
Convivencia
Así, a Felipe VI le correspondió proclamar el deseo de la nación española de “garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo” y “consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular”. También de “proteger a los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”, promover la cultura y la economía, “establecer una sociedad democrática avanzada” y contribuir a unas relaciones internacionales pacíficas.
Después, la Princesa de Asturias leyó que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”, que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” y que “la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria”.
«Estaba muy nerviosa, pero lo ha hecho divinamente» juan carlos i
A Sánchez le tocó el artículo 2, el que establece la “indisoluble unidad de la nación española”; a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el 3, sobre las lenguas; al presidente del Senado, Pío García-Escudero, el 4, sobre la bandera. Además, de los aplausos a cada orador, el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas, fue acogido con sonrisas por lo breve del artículo que le ha tocado, leer, el 5, que establece que “la capital del Estado es la villa de Madrid”.
El del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, leyó el 6, sobre el pluralismo político y los partidos, y la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el 7, sobre sindicatos y patronales.
Como Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón finalmente no pudo asistir, el primer grupo de lectores lo cerró Miquel Roca con el artículo 9, el que establece que “los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. En este punto, la Familia Real abandonó el Instituto Cervantes, tras una breve conversación.
