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Cubrir las plazas de carácter público en el medio rural segoviano

por Víctor Sanz Gómez
27 de junio de 2021
en Segovia
Casa del médico y consulta en Sotosalbos.

Casa del médico y consulta en Sotosalbos.

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Hay que conocer el territorio para gestionarlo. Solo desde la vivencia de la realidad se puede dar una respuesta adecuada a las problemáticas que puedan surgir en el día a día.

Mucho se habla sobre despoblación y cómo prestar los servicios en zonas despobladas. Doloroso es el dato que ha ofrecido recientemente el Colegio Oficial de Médicos de Teruel (aunque de sobra es conocida esta realidad para los segovianos también) en el que, a las claras con luz y taquígrafos, señalan que se quedaron recientemente plazas sin cubrir en el Hospital de Alcañiz tras un Concurso de Traslados y 32 llamamientos a interinos. O incluso el problema manifiesto que supone para muchos ayuntamientos de la España interior el encontrar personal para cubrir la secretaría municipal.

Hubo un tiempo, relativamente cercano, en el que determinadas competencias que ahora son autonómicas o nacionales fueron municipales. Por increíble que pueda parecer el traspaso de responsabilidades supuso, en el caso del medio rural, una tabula rasa tan aparentemente inocente como perjudicial a la larga dado que el sistema actual premia, directa o indirectamente, las plazas de funcionariado en núcleos y centros de mayor tamaño o entidad en contra de las que se puedan ofertar en un municipio pequeño.

Sobre las recetas contra la despoblación se habla mucho. Hay que reconocer que es trending topic. Por eso yo, más que hablarles de planes o estrategias, quiero hoy en estas páginas hacer retrospectiva y ver cómo en los pueblos se las apañaron para cubrir los puestos que la sociedad consideraba fundamentales para su desenvolvimiento y su conservación en el tiempo.

A pesar de ser una sociedad mayoritariamente analfabeta, gracias a su conocimiento del entorno y de la vida los habitantes de los pueblos supieron sacar partido a los recursos que tenían para hacer atractivos estos empleos. Las gentes rurales, que veían bien pagada su prestación personal con escabeche, chorizo, queso y vino… dejaban los dineros obtenidos de las contribuciones y derramas para pagar a esos perfiles profesionales. Ahora bien, tanta sapiencia por parte de algunos de estos cargos también ocasionó un aprovechamiento a veces interesado y desmedido.

Para mostrar los resortes utilizados en esa Segovia rural, agraria y ganadera que buscaba garantizar la cobertura de determinados perfiles, les comentaré algunas propuestas que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Segovia durante el siglo XIX. Hay que señalar también que estos ejemplos de persuasión son extrapolables a todos los pueblos de la provincia.

Educación

Un extracto del Boletín Oficial de la Provincia de Segovia, con fecha 2 de julio de 1840, muestra la oferta de la plaza de maestro en Caballar por hallarse vacante. Se le ofrece un sueldo de 1100 reales; y además, casa gratis y una cuota extraordinaria a convenir con las familias. Aparte, y aunque el Boletín no lo menciona, Pascual Madoz en su Diccionario geográfico indica que el docente tiene en suerte también media obrada de huerta de regadío para su uso y disfrute. Todo ello exento de impuestos.

En Coca, por diciembre de 1837, se encuentra vacante la escuela de primeras letras de la villa, cuya dotación constaba de salario en dinero (550 reales), en especie (casa y 40 fanegas de trigo pagadas de arbitrios), un cuarto [de real] de sábado, y real /real y medio mensual por cada alumno.

En El Espinar, durante 1839, se ofertan dos plazas de “maestro y maestra de primeras letras”; y en el contrato se les ofrece: 3300 reales anuales, la ya mencionada vivienda gratuita, una oficina contigua que pueden alquilar y cuyo beneficio es para ellos, y el gozar de todos los aprovechamientos vecinales en igualdad con el resto de la población.

En Aldehorno, a lo largo de 1846, sale la plaza de maestro. Al profesor se le paga en especie; y entre dichas mercaderías se enumeran 20 cántaras de vino.

Sanidad

Ni que decir tiene que la cobertura sanitaria siempre ha sido una de las principales necesidades a cubrir en los pueblos junto con el maestro. Los concejos buscaban la forma de conseguir que la plaza de médico-cirujano se mantuviera atendida. En 1833, el Boletín de Segovia publica la licitación que lanzó el Ayuntamiento de Hoyuelos para cubrir la plaza de cirujano. Constaba dicha propuesta de 100 fanegas de trigo y ‘casa de balde’. Al cirujano que atendiera Sonsoto y Trescasas en 1843, aparte de ofrecerle cereal (63 fanegas de trigo y 42, de centeno), se le paga también con 42 libras de lino. En Lastras del Pozo, por ejemplo, se le da a mayores una caballería.

En Bernuy de Coca, hoy Entidad Local de Santiuste de San Juan Bautista, se ve que no tenían partera. De mejora, además de salario y hogar, el médico recibe por atender cada parto 10 reales y por asistir a los menores, ocho.

Al profesional sanitario que llegase a Riofrío de Riaza en 1841, aparte de salario monetario, se le da: 40 fanegas de trigo, otras tantas de centeno; y cada vecino debe llevar al cirujano una carga de leña y una arroba de patatas.

En Grado del Pico, junto con su anejo Villacadima, publican por esas fechas la vacante en la plaza de cirujano. Y aquí junto con la ya citada vivienda, el salario en especie (200 fanegas de trigo), 100 reales del presupuesto municipal para asistencia de las familias vulnerables, la carga de leña… se le da pastos para la caballería y se le exonera del impuesto sobre la barba, tributo que llega a España copiando modelos impositivos de Inglaterra y Rusia.

Pero una de las reseñas más pintiparadas y que muestran esa estrategia de marketing y publicidad al estilo de la época es la motivada por la licitación de la plaza de farmacéutico en Navas de San Antonio en diciembre de 1861. Dice así:

“Se declara vacante la plaza de Farmacéutico titular de este pueblo, situado en la carretera general que de Madrid conduce a La Coruña y otros puntos, dotada con 10000 rs. anuales, pagados 9000 por los vecinos, y los 1000 restantes de fondos municipales, cobrados por el Ayuntamiento y satisfechos en trimestres. […] Los Sres. Profesores que opten a dicha plaza pueden entregar o dirigir sus solicitudes a esta Alcaldía así como también si gustan enterarse de las bases que han de regir en el contrato, en los que se hallan consignados aún más beneficios en favor del que fuere agraciado.”

Secretario

Aunque todavía en muchos pueblos se conservan igualmente las ‘Casas del Secretario’, he de reconocer que no fue fácil encontrar referencias a esa prebenda dentro de las ofertas que se publicaban en el Boletín de la administración segoviana. Esa mención a vivienda gratis para el que ostentase el cargo de secretario aparece en pliegos de contrataciones para la construcción de Casas Consistoriales. Sirvan de ejemplo los decretos de los Ayuntamientos de Navas de Oro y Los Huertos (1904) donde aparece explícitamente la existencia o construcción de dichas viviendas. En el caso de Turégano, por ejemplo, se muestra como mejoramiento la existencia de un auxiliar o ayudante de secretario que contribuiría a la mejor llevanza de las cuestiones municipales al primero.

Voz pública

En la memoria de muchos segovianos (entre los que me incluyo) resuena todavía el sonido de la gaitilla, cuerno o turuta que enmarcaba la entonación de los mandados del Ayuntamiento. A los últimos voceros públicos les sustituyó un impreso de bando en tablones públicos; o en algunos casos, un sucedáneo electrificado a través de altavoz.

Al hilo del presente artículo sobre cómo se hacían atractivos determinados trabajos que consideraban fundamentales para los pueblos estaba precisamente este. En el Boletín de la Provincia de Segovia, de 13 de agosto de 1842, se publica la vacante de la plaza de voz pública de la villa de Cuéllar debido a la avanzada edad de su anterior titular. La dotación de la plaza constaba de 500 reales pagados por el Ayuntamiento, 154 para asumir los gastos de vivienda; por cada remate o venta de vecino de Cuéllar tenía asignados 8 reales, y si era forastero “un cuarto por razón de puesto”.

Veterinario

La salud del cuerpo también necesitaba de la salud de los animales necesarios para la venta, el transporte o la labranza. Con la consabida vivienda (la Casa del Veterinario), encontramos varias ofertas de plazas de veterinario o albéitar. Traigo dos reseñas de San Cristóbal de la Vega (1844) y Marazoleja (1873), en las que aparte de su salario, se le elimina la cláusula de exclusividad que se cernía sobre este tipo de desempeños en una única localidad y se les habilita, si los pueblos comarcanos tienen a bien, para realizar visitas a dichas localidades.

Otros oficios

Había otros oficios de diferente categoría que también eran provistos por los ayuntamientos. Algunos de ellos, como el de herrero, han pasado a la esfera empresarial; pero en otro tiempo fueron también de competencia municipal. Estas plazas, al igual que las anteriores, eran anunciadas en el Boletín de Segovia; si bien es cierto que de una entidad menor que las ya referidas. En el caso de Aldehorno, tras quedar vacante la herrería, se oferta dicha plaza con una concesión de “58 o 60 fanegas de trigo” así como “todo cuanto gane en todas las herramientas que haga o gobierne”.

Efectivamente pueden señalarme de nostálgico o de desconocedor de una realidad que no viví, pero que ya les anticipo que sí me contaron. Solo pretendo mostrar las fórmulas que aplicaron nuestros antepasados para subsistir. Es el momento de volver la vista atrás y de no menospreciar el legado del pasado que, aunque mejorable en algunos aspectos, nos dará buena parte de las claves para el futuro. La importancia del Común, más allá de las circunstancias individuales, prevalece más que nunca en este tipo de prácticas. Posiblemente buena parte de la lucha contra la despoblación se comience a ganar cuando los habitantes del medio rural liderados por sus ayuntamientos redescubran que en la unión está la fuerza para superar los retos que están por venir.

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