Resulta un tópico decir que el deporte alienta el espíritu de sacrificio que la vida cotidiana requiere. La victoria que supone al ganador alcanzar la meta compensa ese pequeño sufrimiento. Pero hay quien opta por disfrutar de todo el momento de abnegación disfrutando de los paisajes únicos que existen en la provincia, como las Hoces del Duratón o el patrimonio de la villa de Sepúlveda.
Es el caso de los cerca de 50 caminantes y corredores que realizan la prueba ya conocida como Chemarosky, que parte del puente de Villaseca para subir río Duratón arriba hasta el puente Talcano, por el molino y la Balconada, para entrar en la villa sepulvedana y descender callejeando hasta la Fuente de la Salud, donde los participantes disfrutan de un reconfortante baño en sus aguas termales.
A pesar de las bajas temperaturas que los días de diciembre invaden todos los rincones, los corredores gozan de una jornada en la que la propia Naturaleza les abriga y les ofrece sus propios recursos. Las propiedades curativas de la Fuente de la Salud animan a los deportistas a disfrutar de sus beneficios medicinales.
Finalizada la carrera, que no tiene carácter competitivo, es momento de reponer las fuerzas gastadas, para lo que algunos colaboradores preparan unos días antes productos típicos como dulces. Las ‘rosquillas de la Teo’, de Cabezuela, han logrado hacerse un prestigioso hueco entre los paladares de los participantes. Y posteriormente, la Peña Los Modorros, de Sebúlcor, acoge un almuerzo en el que se citan todos los corredores. Este año los 40 participantes dieron buena cuenta de 20 cuartos asados en horno de leña. Los hojaldres de Cantalejo sirvieron para poner la guinda a la sesión gastronómica.
Los 18 kilómetros entre los riscos de las Hoces se quedaron cortos para los participantes. El ambiente creado en torno a esta prueba permite que cada año se sumen más participantes en la que Pepa Zafra se encarga de realizar un montaje audiovisual para regocijo de todos ellos.
