Los estudios históricos y sociales sobre ciencia de los últimos años demuestran un cambio de tendencia;se puede empezar a construir una historia en femenino y plural. Es decir, protagonizada por mujeres que, de manera individual, o como parte de un equipo, contribuyen a diferentes áreas de la ciencia. La biomedicina, por tanto, no es una excepción. A ese colectivo pertenece la investigadora postdoctoral Raquel Rodrígues desde hace algo más de 15 años. Hoy, como otras tantas, celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que trata de arrojar luz sobre una labor que, hasta hace no mucho, estaba relegada a un segundo plano.
Rodrígues forma parte de ese 49% de mujeres que se dedican a la ciencia en España, según datos de Eurostat. Se licenció en Biología en 2005 y, cuando acabó la carrera, “no sabía qué hacer”. Poco después descubrió a un grupo de investigación que buscaba predoctorales para hacer la tesis, y a la segoviana hacía tiempo que se le despertó el interés por la investigación científica.
La mitad de su carrera trabajó en enfermedad renal y, la otra mitad, en cardiovascular. Ahora estudia los factores que pueden influir a los aneurismas, en la Universidad Autónoma de Madrid, contratada por el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). Sus palabras desbordan pasión por lo que hace.
Para Rodrígues, es clave conmemorar la figura de la mujer en la ciencia, puesto que considera que, en este mundo, son muchos los casos de “infravaloración y poca visibilidad”. Pese a “no estar en igualdad”, celebra los avances que se están produciendo.
No obstante, la presencia de mujeres científicas en las narrativas históricas escolares sigue siendo reducida. Durante la carrera, Rodrígues estudiaba sobre todo a hombres. Por ejemplo, lamenta que no le explicaran el papel de Rosalind Franklin en la fórmula del modelo de doble hélice que describe la estructura del ADN, que “no se le reconoció en el Premio Nobel”. “Hay carreras científicas más puras, como física o química, en las que las mujeres ni se plantean adentrarse”, asegura, quizá porque los científicos más reconocidos en ese ámbito son hombres, lo que puede llevar a pensar que “son carreras masculinas”.
En su laboratorio, hay ocho científicos: seis son mujeres. En investigación biomédica es mayor su presencia. Esto ha hecho que no sintiera “ningún tipo de rechazo”: buena parte de sus “jefes” han sido mujeres. Pero le parece que esto es “bastante extraordinario” porque “en casi todos los grupos de investigación los jefes suelen ser hombres”. Rodrígues demuestra que es un caso más de todas aquellas mujeres que están tras grandes investigaciones y que hace tiempo que pasaron a un primer plano.
