Era el mayor de siete hermanos, y como todos los primogénitos tuvo que ejercer de cabeza de familia cuando se quedó huérfano de padre a los 20 años.
No heredó mucho más que el oficio de su padre, zapatero. Y se dedicó al arreglo y a la fabricación de calzado en su pueblo natal, Nava del Rey, en Valladolid.
Pero la crisis —que ya entonces también había— obligó a todos los hermanos a buscar una mejor vida en otros puntos. A pesar de que había trabajo, apenas había dinero. Y optaron por emigrar a Segovia. Aquí se afincó Mariano con su esposa María Sánchez Martín, que falleció en el año 2006.
Llegada la Guerra Civil, fue reclutado para integrar las tropas del Bando Nacional y fue destinado a Castellón. En una contienda recibió un balazo en una oreja, que además de dejarle una marca física de por vida, le recordó lo frágil que puede ser la vida. Tuvo que ser evacuado a un hospital de Aranda de Duero y de ahí a otro en Burgos. Una vez restablecido volvió al frente hasta el final de la Guerra Civil. “Vio muchos cadáveres”, recuerda su hijo Urbano.
Se casó con María y continuó trabajando de zapatero además de hacer de ‘sereno de eras’, guardando el campo. Para completar los ingresos familiares ella, además de ama de casa, trabajó de asistenta. Tuvieron cuatro hijos: Amparo, Marina, Urbano y Rafael-Servando.
En 1954 se instalaron en Segovia tras vender su casa en Nava del Rey por 7.500 pesetas y compartir vivienda con una hermana de él en San Lorenzo. De ahí se trasladaron al barrio de San José. Tras años viviendo de alquiler compraron la vivienda por 40.000 pesetas. Continuó con su oficio de zapatero y también como albañil.
Sus hijos se encuentran repartidos por Segovia, Alicante e incluso Holanda, donde estuvieron de forma temporal algunos.
En el año 1986 el matrimonio, de abuelos ya, vendió su vivienda y compraron otra en la calle El Trigo, donde vieron pasar otra parte de su vida.
Su esposa enfermó y tuvo que ejercer de enfermero, cocinero y más fiel compañero. Finalmente, cuando enviudó él se marchó a vivir con sus hijos, hasta hace dos años en que los cuidados que necesita obligaron a ingresarle en una residencia.
Cerca del centenario de su vida, los hijos, doce nietos y algunos biznietos le acompañaron en su 99 cumpleaños. La semana pasada festejaron el centenario de vida de este hombre de quien destacan su bondad en la Residencia Asistida, donde también recibió un cálido homenaje por parte de los compañeros y trabajadores del centro.
Su nieto Kiko le recuerda como “una persona entrañable, un hombre tranquilo, sencillo y paciente”.
