Con la vista puesta en el cielo varios centenares de romeros cumplieron con la tradición de venerar a San Frutos, el santo eremita que da nombre al paraje enclavado en el Parque Natural de las Hoces del Duratón.
Precisamente fue la amenaza de lluvia, que finalmente no se materializó, lo que desanimó a muchos fieles a acudir a este aislado lugar pero no por ello menos idílico. Y muchos fueron los incondicionales quienes que como cada año aprovecharon para cumplir con las diferentes tradiciones que acompañan a la romería. Además de la misa de campaña, que siempre que el clima lo permite, se oficia en el exterior del templo; los fieles pasaron bajo el altar, y dieron tres vueltas a la piedra para así conseguir la protección del santo, patrón contra hernias y dolores.