La Fundación Arte, Cultura y Patrimonio ha rendido un sentido homenaje este viernes en memoria de José María Ballester, madrileño de nacimiento y segoviano de corazón, considerado uno de los grandes referentes en la defensa del Patrimonio Cultural en España y Europa. El encuentro reunió a miembros del Consejo Consultivo de la entidad, especialistas del sector, amigos y familiares del homenajeado, que recordaron su trayectoria y su influencia decisiva en la preservación del patrimonio histórico.
El acto se abrió con un discurso a cargo del presidente de la Fundación, José Manuel de Riva, que recordó “la mirada delicada sobre lo antiguo y lo vivo” que caracterizó su trayectoria, así como su empeño en que “la memoria no se disuelva, sino que nos sirva de brújula”.
Ballester, nacido en Madrid en 1940, pero “segoviano de corazón”, mantuvo siempre una profunda vinculación con la cultura castellana. Su carrera profesional comenzó en el periodismo cultural, con colaboraciones en Diario Madrid, ABC y Blanco y Negro. Desde aquellos primeros años, entendía que “las piedras, los paisajes, los pueblos viejos no eran sólo testigos del pasado, sino voces que piden ser escuchadas”.
Su trayectoria posterior estuvo marcada por una dedicación “sin fisuras al Patrimonio Cultural, lo material y lo inmaterial, lo visible y lo que está al borde del olvido,” como ha recordado De Riva durante su discurso. Durante más de 25 años ocupó cargos de responsabilidad en el Consejo de Europa, donde promovió la idea de que proteger el Patrimonio es también una forma de cuidar la convivencia y el presente. Desde allí contribuyó, entre otras acciones, a que el Camino de Santiago fuera declarado Itinerario Cultural Europeo en 1987, un hito clave para su proyección internacional.
En España, Ballester fue impulsor de la creación de Hispania Nostra en los años 70, y desde junio de 2022 formó parte del Consejo Consultivo de la Fundación Arte, Cultura y Patrimonio, donde, según subrayó el discurso, aportó “certeras contribuciones que enriquecieron nuestro proyecto” hasta su fallecimiento, el pasado 1 de abril.

El acto de homenaje recordó también su visión profunda y humanista de la conservación. Para él, “no veía ruinas muertas, sino gentes vivas, herencias que interpelan”, una perspectiva que vinculaba siempre el Patrimonio con el paisaje, el territorio, la artesanía y la economía local. Gracias a esa manera de comprender lo común, “pueblos, iglesias y rutas olvidadas vuelvan a cobrar dignidad y sentido”.
Su figura fue definida como la de “un español universal, ejemplar en todos los órdenes”, alguien que “antepuso siempre los principios y valores a cualquier interés personal”, algo que en 2021 le llevó a ser galardonado con la Medalla Richard H. Driehaus a la Conservación del Patrimonio, reconocimiento que subrayó la amplitud de su legado.
“Hoy, en este homenaje, no solo le despedimos, sino que le encomendamos como faro de coherencia, de amor a lo común, de generosidad silenciosa”, destacó De Riva.
Durante el acto, también han tenido unas palabras para recordar su legado amigos y familiares, como su hijo, José María Ballester, quien destacó la visión universal que caracterizaba a su padre, subrayando que “él encuadraba Segovia en su cosmovisión del mundo. No era centrarse en Segovia por Segovia, sino hacer de Segovia un ejemplo para proyectos internacionales culturales”. Añadió que su perspectiva no era provincial sino global: “siempre encontraba una visión universal de Segovia, aunque visitáramos otras ciudades españolas”, añadió Ballester, que agradeció a los asistentes el homenaje a su padre.
La actual marquesa de Lozoya, Dominica Contreras, tomó también la palabra para aportar una visión más cercana y familiar sobre el homenajeado, del que “solo tengo palabras de agradecimiento”, señaló. Recordó su juventud con José María Ballester, destacando que “éramos primos, amigos, pasamos juntos nuestra primera juventud, nos unían las mismas aficiones” y que ya con 17 o 18 años, quedaba claro que “llegaría muy lejos”. Contreras subrayó la apertura y hospitalidad de la casa familiar, que “estaba abierta siempre a toda la familia” y destacó la importancia de mantener vivo el legado patrimonial segoviano, en especial el Acueducto, del que Ballester era un firme defensor, recordando que “es nuestra responsabilidad conservarlo, mimarlo”. Contreras también elogió el rigor académico de su primo, “siempre dispuesto a hacer un favor” mencionando su ayuda en el estudio del patrimonio de la ciudad, “José María, también sus compañeros de consejo, me dieron la más magnífica bibliografía sobre otros acueductos del Mediterráneo, las últimas publicaciones, las memorias de las excavaciones” y cerró su intervención con un sentido agradecimiento: “por todas estas cosas, muchísimas gracias”.
En el homenaje también participaron amigos y compañeros que quisieron mostrar su gran aprecio por José María Ballester, tanto en persona como a través de vídeos grabados por aquellos que no pudieron asistir personalmente al evento pero que igualmente quisieron transmitir su cariño por el homenajeado. A través de ellos, pusieron de relieve el profundo vínculo de José María Ballester con el territorio y los paisajes que tanto amaba, especialmente lugares como el pueblo de San Mamés (Cantabria) y la iglesia de San Manuel. Se destacó su influencia en proyectos de desarrollo local y conservación, en particular en la ganadería sostenible, que permitió a muchos jóvenes ganaderos construir un futuro dentro del sector y, al mismo tiempo, contribuir a la preservación del territorio. Los participantes subrayaron que su ejemplo y su legado siguen siendo una inspiración para las nuevas generaciones. Además, recordaron su carácter entrañable, su profesionalidad y el impacto positivo que dejó en quienes tuvieron la oportunidad de trabajar con él.
Para concluir el acto, la Fundación hizo entrega a la familia del homenajeado de una obra de arte en vidrio, procedente de los talleres de la Real Fábrica de La Granja, como obsequio para recordar la figura de su progenitor y su gran compromiso con la provincia de Segovia.
