El Monasterio de San Bernardo, en Santa María de Valbuena, acogió este lunes una nueva entrega de piezas restauradas por la Fundación Las Edades del Hombre, merced al convenio que desde 2002 mantiene con la Diputación de Valladolid. En esta ocasión son cinco las tallas anónimas, fechadas entre los siglos XV y XVIII, que tras el exhaustivo trabajo de los restauradores de “uno de los talleres mejor equipados de la Comunidad” (en alusión al Centro de Conservación del Patrimonio de la Fundación) volverán en todo su esplendor recuperado a templos de Cervillego de la Cruz, Villamuriel de Campos, Barruelo del Valle, Fuente Olmedo y Wamba.
La directora del Centro de Conservación y Restauración de la Fundación Las Edades del Hombre, Consuelo Valverde, fue la encargada de desgranar los trabajos realizados en cada pieza. Así, sobre el ‘San Juan Degollado’ de la iglesia de la Degollación de San Juan Bautista, de Cervillego de la Cruz, explicó que su mano izquierda, que porta un cordero y un libro, presentaba unas chapas de metal que le daban consistencia para sujetar ese peso de forma inadecuada.
Por ello, hubo que desmontar esa mano, eliminar el soporte metálico y añadir parte de un bloque de madera para poder unir el brazo con la mano mediante espigas interiores de fibra de vidrio, que le dan más consistencia y estabilidad a la obra. Además, se eliminó un tornillo que se había incrustado en el brazo derecho para paliar una rotura previa, y se recuperaron los notables desgastes que presentaba el peleteado de la figura en su policromía.
Por otra parte, el ‘San Roque’ de la iglesia de San Pelayo de Villamuriel de Campos, como el resto de obras entregadas, presentaba un severo ataque de insectos xilófagos en su base, por lo cual hubo que realizar un tratamiento de anoxia para consolidar el soporte. Asimismo, se eliminó la suciedad superficial acumulada y se recuperaron los colores, muy vivos y llamativos, del manto azul del santo, además de reconstruir volumétricamente la bocamanga de la mano izquierda, donde “faltaba una pieza importante para dar una lectura completa a la obra”.
En cuanto a la ‘Santa Ana Trina’, de la iglesia de San Pelayo, en Barruelo del Valle, fundamentalmente tenía un problema de estructura, con elementos desencolados. Tras analizar el repolicromado, se procedió al estucado y restauración cromática con pigmentos al barniz, para distinguir lo original de lo que ha sido preciso añadir posteriormente.
La ‘Santa Brígida’ de la Iglesia de San Juan Evangelista de Fuente Olmedo contaba con peanas dañadas, que provocaban inestabilidad al conjunto y que tuvieron que ser reconstruidas. Además, presentaba un repolicromado en la cara y en la vuelta del manto y su pelo, recuperando su cabello dorado original.
Por último, la obra que precisó una intervención más completa fue el ‘Cristo crucificado’ de la iglesia de Santa María de la O de Wamba, que entre otros problemas presentaba en su espalda una amplia grieta que había provocado la pudrición de la madera, después de que décadas atrás intentaran cubrirla con yeso, que se había convertido en un agente agresivo con los materiales originales a través de la humedad. Por ello, sustituyeron esa capa nociva por una madera más blanda, además de reemplazar unos clavos que tampoco eran los originales, y de sustituir la cruz en la que estaba clavado el Cristo por otra hecha con una madera mucho más estable, que aliviaba las notables tensiones a las que la anterior sometía al conjunto.
124 obras en 23 años
El secretario general de la institución, José Enrique Martín Lozano, explicó que tras los 23 años de vigencia del convenio, se han recuperado 124 obras repartidas en casi 80 municipios de la provincia, y aplaudió el tiempo y el compromiso ligados a esta iniciativa, ya que “el patrimonio es territorio, pero también identidad y pertenencia”.
