A las 13 horas en punto de este jueves, 12 de febrero, sonaba la detonación. Con ella ha cambiado, para siempre, el skyline del Bierzo. Con la explosión caía, primero la nave de tolvas y después las dos chimeneas de la Central Térmica de Compostilla II, el último emblema del importante pasado minero e industrial de la comarca. Eso sí, algún tipo de fallo ha dejado en pie, de forma sorprendente, parte de una de ellas. Eran dos imponentes torres, de 270 y 290 metros de altura, que formaban parte del paisaje de la comarca desde que se levantaron, hace medio siglo.
Una de ellas dio servicio a los grupos 1, 2 y 3, mientras que la otra pertenecía al 4 y 5. La central abrió sus puertas en 1972, aunque los últimos grupos son más modernos, con una ampliación que concluyó en 1985. Endesa completa así la demolición de las grandes infraestructuras de la central, después de que en el verano de 2023 se dinamitaran también las torres de refrigeración.
Para ello la compañía eléctrica usó 1.074 kilos de explosivos, que han conseguido demoler las chimeneas, de 44.000 toneladas de peso. Se valorizará el 95 por ciento de los residuos, según comunica Endesa. Estos trabajos corrieron a cargo de empresas especializadas en demoliciones, la compañía Recifemetal y 4D.
Pena en el Bierzo
La voladura de las chimeneas, cuyo operativo se inició a las 9 horas entre fuertes medidas de seguridad, se vivió con enorme tristeza entre los vecinos de Cubillos del Sil, donde se ubica la central. Decenas de bercianos se agolparon en el aparcamiento del campo de fútbol, en la misma entrada de la instalación, para poder ver por última vez las torres.
Entre ellos Ángel Morales, uno de los operarios más antiguos de la central, que trabajó en ella prácticamente desde su apertura y que veía el final de este símbolo con nostalgia. “Es una etapa más. El tiempo pasa y la vida sigue. Quiero pensar que se va a reindustrializar en condiciones. Eso espero”.
A su lado, otros vecinos de la comarca, se mostraban apenados por el final de estas chimeneas que llevan viendo prácticamente toda su vida. “Siempre que pasabas por la carretera las veías”, dice una vecina de Ponferrada. “Solo quieren destruir. Ahora que vayan a por el pantano, que se hizo precisamente para enfriar esta térmica”, añadió otro ciudadano.
La Central Térmica de Compostilla, perteneciente a Endesa, dio trabajo durante casi sesenta años a centenares de familias, años en los que la instalación fue una de las más importantes en generación eléctrica de Castilla y León, con la quema de carbón que se sacó de las cuencas mineras, principalmente de la comarca.
La Central
Abrió sus puertas en 1972, dando continuidad a la primera central de Endesa, Compostilla I, en Ponferrada.
La compañía eléctrica solicitó su cierre en 2018, ante la crisis de la minería y la pérdida de competitividad por el incremento del precio de las emisiones de CO2 y las restricciones ambientales de la Unión Europea. Cerró, definitivamente, en junio de 2020, después de intensas protestas de trabajadores, colectivos y vecinos del Bierzo.
Desde entonces, se llevan a cabo labores de desmantelamiento, que hoy han cumplido con su último gran hito. Se espera que el desmantelamiento total esté acabado a lo largo de este año.
En este tiempo también se han sucedido iniciativas para intentar mantener las torres de refrigeración, voladas en el verano de 2023, así como las chimeneas derribadas este jueves.
