Aún recuerdo nuestros viajes en tiempos de walkman a pilas… en un autobús en el que se oía y se cantaba a Sabina, Aute, Silvio, … “pinchaban” las veteranas y los cascos quedaban en casa. Obradović habla de autobuses silenciosos donde antes había conversaciones, risas y complicidad. Estos días “Colgados del Aro” recupera la entrevista a Josep Mª Izquierdo su segundo, “esta generación de jóvenes está todo el tiempo con el móvil en a mano, o con los cascos ésos. Parecen zombis”.
Pones la tele y en muchos equipos se repite una escena, cascos puestos, mirada fija en la pantalla, capuchas, silencio. La tecnología, mal utilizada, está rompiendo algo esencial en los equipos de élite que se replica en categorías inferiores. No es nostalgia; es convivencia y bien gestionada puede ser una ventaja real. En el deporte escolar, en el barrio, en los pueblos, la relación humana siempre ha sido un valor diferencial. Aquí no sobra nada: ni talento, ni recursos, ni tiempo.
Estos días de nieve y campos vacíos parece un buen momento para reflexionar, da igual la categoría o el deporte. El club es el espacio social que invita a convivir, hay que mantener la cultura del “tercer tiempo” y adaptarla a jugadores y familias, mantener ese ratito de convivencia necesario para destensar, reír y compartir.
El deporte base no solo enseña a competir; enseña a hablar, a escuchar, a compartir. Cuando el móvil ocupa ese espacio, algo se rompe. Quizá la verdadera ventaja competitiva hoy esté en lograr que un grupo se mire y se sienta unido. Porque el pase decisivo, sigue naciendo de la confianza colectiva y esa no se descarga. Esperanza hay y también valores, así lo hemos sentido esta semana de mano del pueblo de Adamuz, no es deporte, es humanidad. Gracias.
