Los ojos están centrados en Andalucía: el PP pone toda la carne en el asador para tratar de arrebatar al PSOE su feudo más importante y los socialistas van a dar el do de pecho en lo que queda de campaña para no perder la Comunidad en la que han gobernando siempre, el territorio de España de mayor población y que aporta el más importante número de diputados.
Pero el 25 se celebran otras elecciones importantes : las asturianas. Francisco Álvarez Casos decidió convocarlas a los ocho meses de legislatura cuando no logró el apoyo de los populares para sus presupuestos, por lo que estaba obligado a gobernar con los anteriores, elaborados por el PSOE y que en su momento habían sido rechazados por el PP. Una incongruencia y todo un síntoma sobre el estado de salud de las relaciones entre ambos partidos.
Estos nuevos comicios, sin ser tan importantes para las dos grandes formaciones del país como las andaluzas, tienen un especial significado para Rajoy: comprobar si el golpe que les dio el exsecretario general el pasado 22 de mayo estuvo provocado por el rechazo ciudadano al anterior equipo del PP, o porque realmente los asturianos querían un presidente del perfil de Álvarez Cascos, muy vinculado a esa tierra.
El escenario respecto al 22-M es muy distinto para los populares, aunque se mantiene el de los socialistas, que presentan al mismo candidato, Javier Fernández, y el de Izquierda Unida. Sin embargo, los sondeos indican que UPyD podría tener representación parlamentaria.
La incógnita está en saber si la suma de socialistas e IU supera a la del PP y Foro. Y el morbo está en ver si es posible esta última suma, si los dirigentes conservadores y Foro están en condiciones de llegar a un acuerdo de gobernabilidad en el caso de que pudieran superar a los votantes de izquierdas.
Cascos, que era perfectamente consciente de que podía perder el Gobierno cuando anunció por sorpresa el pasado 30 de enero que convocaba elecciones, cree, por otra parte, que puede remontar las encuestas actuales, como lo hizo en la anterior ocasión. Que la remontada sea suficiente como para mantenerse en el Ejecutivo es una incógnita que se despejará el 25 de este mes.
El Partido Popular ha estado dirigido en los últimos años por el hasta hace pocas semanas alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, y por Ovidio Sánchez, que han llevado la formación a conveniencia de Gabino de Lorenzo, sin convocar las reuniones de ejecutivas y tomando decisiones sin consultar a la dirección. Desde hace años se encontraron con la oposición de Cascos a sus compadreos políticos, y junto al exministro, además de otros dirigentes regionales, se encontraba Mercedes Fernández, Cherines, una batalladora mujer que no ha dudado en denunciar, como Cascos, las arbitrariedades del dúo Gabino-Ovidio.
Cuando el exsecretario general decidió ser candidato a las autonómicas pasadas y tuvo el visto bueno de Gabino y de la dirección nacional, exigió que se le dieran poderes para tomar decisiones, que pasaban por renovar la cúpula del PP en Asturias. Y ahí se encontró con un Gabino de Lorenzo inamovible, al que apoyaron Rajoy y Cospedal. Fue cuando Cascos decidió crear su propio partido, Foro de Asturias, y comprobar a quién preferían sus paisanos. Cherines no le secundó: ella se sentía popular.
El 22-M se demostró lo que era muy evidente en la calle: el rechazo generalizado de los asturianos conservadores a Gabino de Lorenzo y el apoyo a quien consideran un hombre de los suyos, Cascos. Pero el PP nacional, en lugar de reflexionar sobre la situación que se había creado, apoyó todas las decisiones de bloqueo a Foro impuestas por Gabino, que no dudó en apoyar al PSOE contra el nuevo presidente del Principado. Excepto en la votación a la alcaldía de Gijón, donde desde la dirección nacional se ordenó a los concejales del PP votar a la candidata conservadora, a pesar de que Gabino había dado instrucciones de no hacerlo, lo que pondría la alcaldía en manos socialistas. Fue quizá el primer aviso para ambos dirigentes: tras las elecciones generales y el acceso del PP al Gobierno, Gabino fue nombrado delegado del Ejecutivo en Asturias. Una salida digna, decían en la sede central popular; una patada hacia arriba, afirmaban los que conocían bien el problema.
La dirección nacional, por fin, había decidido tomar cartas en el asunto. No solo quitó de en medio al alcalde de Oviedo sino que hizo lo que Cascos había aconsejado: imponer una nueva presidenta y candidata a la Presidencia del Principado que fuera votada por la Ejecutiva regional. Y eligió precisamente a Cherines Fernández, prueba evidente de su descontento con la línea que habían marcado de Lorenzo y Sánchez y que había colocado al PP en la peor de las situaciones en Asturias.
Cascos y Cherines Fernández no han hablado desde hace tiempo, pero hay afecto entre ellos y pueden negociar en el futuro.
En el entorno del exministro tienen la sensación de que a su presidente no le dolerían prendas en apoyar a la candidata popular para la presidencia en el caso de que el PP tuviera más votos que el Foro y entre los dos partidos pudieran cerrar el paso a un Gobierno de izquierdas. En cambio, en el de Cherines, cuando se pregunta si apoyarían a Cascos en el caso de que tuviera más votos que ellos, la respuesta es que «tendríamos que consultar con la dirección nacional». Porque tal como se han desarrollado las cosas en la región, Génova lleva las riendas del asunto, y está ahí la designación de Cherines Fernández como muestra. Pero por mucho que confíen en ella, que confían, es evidente que todavía no está muy bregada en cuestiones de estrategia política, forma parte de una operación diseñada en Madrid y no en Oviedo, y, por tanto, en la capital tendrán mucho que decir una vez que se conozcan los resultados.
Aún así, sin que se hayan tomado decisiones hasta conocer los resultados, el ambiente que se respira en el Partido Popular es que si se puede impedir un Gobierno del PSOE habría que hacerlo porque en caso contrario, explica un colaborador de Cherines «nuestra gente no nos lo perdonaría. Ya es hora de que enterremos el hacha de guerra con Paco Álvarez Cascos».
