El ser humano ha vivido en constante diálogo con su entorno natural: un medio que, al igual que le proveía de todo lo necesario para subsistir, era capaz de arrebatárselo. El contexto actual, en el que convergen las consecuencias del cambio climático y el rugido del interior de la Tierra en la isla de La Palma, es tristemente adecuado para hablar de uno de los roles que la Naturaleza ha marcado antropológicamente en las comunidades sociales.
Más allá de recreaciones historicistas, quisiera dejar claro que la Humanidad, de una manera u otra, ha rendido en todos los tiempos cultos a la Naturaleza. Elementos como el agua, el fuego, la tierra… o astros como el sol fueron reverenciados. La plantación de un árbol como símbolo de fundación de la población es una práctica que se conoce desde muy antiguo y que entronca con un ritual milenario que nace con la sedentarización de las civilizaciones.
Tiene sentido que también para el gobierno de esas sociedades se utilizaran estos símbolos. En el árbol se encierra no solo la operatividad sino la continuidad del gobierno más allá de quien lo ostente. El economista y político regeneracionista Joaquín Costa ya indicó que, al igual que las plantas bajas suponen la renovación año a año, el árbol supone la permanencia secular, símbolo de la igualdad en el Concejo.
Por eso quiero, o al menos así lo pretendo, que esta visión segoviana que ofrezco sea cosmopolita en el más amplio sentido de la palabra. Solo así podemos comprender cómo las dinámicas locales tienen un porqué y cómo están en constante interacción con otros fenómenos que nada tienen que ver con el ornato público sino con una funcionalidad clara y precisa: ser espacio de representación política y social.
También quisiera indicar en este punto en el que posiblemente hayan encontrado similitudes con el Árbol de Guernica que sí, que las olmas y otros árboles que cumplen con similar función no son otra cosa que el enlace entre el poder político y la naturaleza en una suerte de dendrocracia según lo indican autores como Ignacio Abella.
Los Reyes Católicos ya ordenaron la construcción de Casas de Ayuntamiento a través de una orden emanada de las Cortes de Toledo celebradas en 1480 en la que instan a “ciudades e villas de nuestra corona real” que no tengan “casa pública de Ayuntamiento e de Cabildo” que la construyan en dos años. Aún así los árboles de los antiguos concejos se mantuvieron. Y algunos reyes, como Carlos III, promovieron su replantación. Normalmente fueron olmas, como veremos. Y dieron (o dan) testimonio de la vida que tuvieron algunos despoblados en la actualidad.
Las olmas
Uno de los testimonios más antiguos en Castilla sobre esta utilización de los elementos arbóreos está documentado en las Cortes que se celebraron en Nájera allá por 1217 y que tomaron juramento a Fernando III el Santo como Rey “debajo de un gran olmo”.
Una de las menciones documentadas más antiguas en Segovia de reuniones para debatir sobre los asuntos de gobierno las encontramos en la Colección Diplomática de Cuéllar. Se conserva una mención a la reunión del Concejo cuellarano en 1476 bajo el olmo que se encontraba junto a la iglesia de Santa Marina.
El tema cultual parece renacer o mantenerse en el siglo XVII. O al menos tenían constancia de ello. Miguel de Cervantes, en los Trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), menciona explícitamente un “baile al olmo”. Esta manifestación enlaza, o al menos puede ser vinculada, con las sesiones de baile de rueda que ocurrían en torno a estos árboles… Muestra de ello es el actual baile de rueda que se realiza en la olma que se asienta frente a la Ermita del Cristo del Caloco de El Espinar.

El escritor alcalaíno nos ofrece más referencias de aquella sociedad rural y agraria de la que participaba tanto la propia Alcalá como la Castilla donde transcurre la acción del libro. En el capítulo LI de la primera parte del Quijote se describe una plaza castellana al uso: “sentábase en un poyo que debajo de un gran álamo está en nuestra plaza”. La existencia de un poyo o una gradilla circundante a tales árboles cumplía con varios objetivos. El primero era el de afianzar el terreno donde se hincaban (e hincan) semejantes gigantes arbóreos; y el segundo, más funcional, servir como hemiciclo para las reuniones concejiles así como de asiento para asuntos más funcionales como resguardo en los días de mercado, feria… Dentro de la documentación que ha servido de soporte para realizar el presente artículo, encontramos la referencia de Rapariegos donde en 1686 se pone cerco a la olma; cerco que bien podría ser ese sitio donde sentarse.
Segovia capital tuvo también su olma. El historiador José Antonio Ruíz Hernando indica que todavía en el siglo XVI en la plaza Chica de Segovia (hoy ya incluida en la Plaza Mayor de la ciudad y cuya razón de ser estaba en la presencia en dicho espacio de la anterior iglesia de San Miguel) se encontraban los símbolos concejiles, tales como la picota y el árbol.
Hay que indicar que no debía ser la única olma existente dentro del recinto amurallado. El periodista menorquín José María Cuadrado recoge en el volumen dedicado a Segovia, Salamanca y Ávila de su obra España: sus monumentos y artes, su naturaleza e historia la existencia de un olmo secular en plena aljama judía segoviana. Justamente la ubica en la plaza del Socorro, ante la puerta de San Andrés, a finales del siglo XIX. Es más que probable que se encontrase en la ubicación de la actual estatua de Agapito Marazuela.
Sigo este itinerario textual con una de las troncas más majestuosas de olma (la verdad que la ubicación acompaña). Aunque la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza tuvo la capitalidad en la localidad homónima, tenía su sede administrativa y de gobierno en la Casa de Juntas que se situaba junto a la iglesia/santuario de la Virgen de las Vegas de Requijada. No queda nada de la antigua edificación de la institución pedrazana. En las inmediaciones sólo se mantiene el templo y… el árbol enfermo, punto de encuentro de los 18 pueblos que conforman esta comarca histórica segoviana.
Si permanecemos en los alrededores del río Cega, se puede contemplar otro ejemplo en Valleruela de Pedraza. Frente a su discreto pórtico románico, está incrustada en el pretil de la iglesia otra olma que, soberbia, se alza sobre el caserío, mira cara a cara a la Sierra de Guadarrama y que aunó hasta el siglo XIX, momento en el que se produce la segregación, a los vecinos del añejo de La Matilla.
Otro arquetipo conservado lo encontramos en plena campiña cerealista. Frente a la ermita románica de San Miguel de Párraces, único resto de lo que fue dicha localidad y dependiente en este momento de Villoslada-Santa María la Real de Nieva, se conserva la toza de una olma que servía de punto de encuentro de reuniones de los representantes del Sexmo de la Trinidad de la Comunidad de Segovia, así como lo concerniente a sus dos “cuarentales” que les corresponden por las cuadrillas de Paradinas y Bercial.
La grafiosis arrasó con la mayoría de las vetustas olmas que supusieron ese punto de encuentro en las comunidades, no solo de Segovia, sino de toda la península. En muchos pueblos se optó por retirar las viejas olmas ya muertas por dicha enfermedad. Hacia 1986, la Villa de Coca, cabeza de su Comunidad, decide retirar de su Plaza Mayor la olma. La gran nevada caída en la Sierra de Guadarrama en febrero de 1999 fue capaz de doblegar a la antigua olma de Rascafría y en la que se dice que se escondió el célebre bandolero natural de Santo Domingo de Pirón Francisco Delgado, el “Tuerto Pirón”.
Al menos, la inexistencia de las olmas queda referenciada en el nomenclator de calles y plazas de nuestros pueblos. En Navares dentro del nomenclátor de calles se encuentra la de “La Olma”. O en Hontalbilla, se mantiene la plaza de la Olma.
Prensa histórica
Otra de las fuentes para conocer dónde las pudo haber es la prensa histórica. A finales del siglo XIX, hay constancia en Madrona de la existencia de un gran árbol el cual, según García Falera, respondía a esta tipología.
Julia Moreno Páramo indica en su artículo “La Villa de Riaza, cabeza del partido de su nombre en el siglo XIX” que había una gran olma “frente a la entrada de la ermita [de San Roque]”. Bajo ella se hacían las transacciones en los días de feria (el Santo Ángel de la Guarda, San Juan de Junio y San Frutos), así como el baile de gaita y tamboril los domingos y días festivos o la venta de confites en tales momentos de asueto.
En 1928, según un estudio sobre la provincia publicado por Casa Hernando, se explica que eran comunes las olmas “en la plaza de la Iglesia o la del Concejo”. Hasta 1931 llegó a conservarse al menos en Aldeonsancho la “olma milenaria” circundada por un banco de piedra que no solo servía para resguardarse bajo su sombra. Testigo fue del cambio de provincia la olma centenaria de Colmenar de Arroyo cuando se desgajó de Segovia (aún manteniendo el vínculo histórico y político de la Comunidad de Ciudad y Tierra) para pasar a la nueva provincia de Madrid. De hecho el etnógrafo Julio Caro Baroja indica en su estudio Ritos y mitos equívocos el uso del femenino para designar a los árboles junteros de enorme magnitud.
Por último, quisiera señalar que en algunos casos se optó por la replantación de olmas. La verdad es que las instituciones, como la Diputación de Segovia, han facilitado desde sus viveros olmas ya resistentes a la grafiosis. Igualmente la institución provincial ha hecho posible trabajos como la consolidación de ejemplares como el de Adrados.
Al igual que las olmas no sobrevivieron a consecuencia del mal de la grafiosis, se conservan otras especies de árboles que se destinaron a este mismo fin.
Otros árboles representativos
Vaya por delante que todo lo dicho para las olmas, vale para cualquier especie arbórea que cumpla con esa función. En Segovia encontramos ejemplares de chopo autóctono en Arevalillo de Cega o Collado Hermoso. También hay castaños de indias como puede ser el caso de Caballar. En el interior de la Ermita de Hornuez, referente identitario para los pueblos de la Comunidad de Villa y Tierra de Maderuelo, se conserva en su interior otro árbol juntero: el enebro calcinado que, según la tradición, custodió la talla de la Virgen hasta que un rayo apercibió a los pastores cuyos ganados careaban esos términos de que allí se hallaba escondida la imagen.
Junto a la Ermita de la Virgen del Pinarejo de Aldeanueva del Codonal, ubicada a la vera de la Cañada Real Leonesa Oriental, se conserva un gran ejemplar de pino piñonero antiquísimo conocido como “Pino de la Virgen”.
Y por no hablar de árboles singulares, también tenemos el nombre de muchos de los municipios de la provincia que aluden a la presencia de ejemplares arbóreos simbólicos para la comunidad: Rebollo, Fuenterrebollo, Fuente el Olmo (tanto de Íscar como de Fuentidueña), Fresno de la Fuente, Moral de Hornuez, Fresno de Cantespino, Navalmanzano, Sauquillo de Cabezas, Cerezo de Arriba, Cerezo de Abajo, Fuentesaúco de Fuentidueña, El Olmo, El Olmillo…
