El fundador del Grupo Pesquera, Alejandro Fernández, ha presentado su nuevo vino, un tinto cuyo nombre y contra etiqueta están aún por determinar y que ha elaborado junto a su hija, la enóloga Eva Fernández, en plena batalla judicial por el imperio que comenzó en 1975 y del que su ex mujer y sus otras dos hijas le habrían desalojado reuniendo sus participaciones para cesarle en la administración.
De hecho, el tinto no se ha elaborado en sus tierras precisamente por esta disputa. Según las fuentes de la defensa de Fernández, él es el legítimo propietario de los viñedos Pesquera, que se venían arrendando al grupo empresarial. También es el titular de la tarjeta de viticultor imprescindible para que lo vendimiado goce de la DO Ribera del Duero. Sin embargo, cuando una vez le cesaron de sus cargos quiso vendimiar las tierras, las nuevas administradoras se lo impidieron y recogieron la uva. El contrato que esgrimieron para hacerlo ha sido denunciado por la Fiscalía Superior de Valladolid, que acusa a la ex mujer y a la hija Olga de un presunto delito de administración desleal y falsedad en documento mercantil. Mientras, la tarjeta de viticultor que utilizaron para vendimiar fue revocada por el Consejo Regulador, de modo que toda aquella cosecha de las tierras Pesquera no puede ya comercializarse con la Denominación de Origen Ribera del Duero. El caso está en instrucción en un juzgado de la provincia castellanoleonesa.
La defensa de Alejandro Fernández propuso a la otra parte un entendimiento. Dado que él y su ex mujer (están separados de hecho) tienen la misma participación, un 49,7%, en el Grupo Pesquera y éste cuenta con cuatro bodegas, plantearon la posibilidad de repartir dos y dos y compensase económicamente, si era necesario. Entre reinversiones y tesorería, se calculan en torno a 50 millones de euros el capital con el que contaba la sociedad. Sin embargo, esta ‘conciliación’ fue rechazada.
Fernández quería seguir haciendo vino, así que se embarcó en este proyecto con su hija Eva, quien era la enóloga del Grupo Pesquera hasta que cesaron a su padre y fue despedida, en un asunto que se enjuicia precisamente ahora en Valladolid, donde ella denunció que el cese había sido improcedente.
La uva para el nuevo vino fue seleccionada y comprada a la sociedad Viña Solana y sus instalaciones, alquiladas para producirlo en un proceso que lleva en marcha dos años. Esta situación hace que deban superar variados «trámites administrativos» antes de poder llevarlo al mercado, según explican fuentes cercanas al proyecto.
