Unos años por las malas cosechas; otros por el comportamiento negativo de los mercados; siempre por los fuertes incrementos de los precios de los medios de producción más importantes, la realidad es que la renta agraria no levanta cabeza. Y, 2012 no ha sido una excepción.
Según los primeros datos oficiales, la renta agraria en este año solo ha registrado una subida del 1,1% sobre el anterior, con una cifra total de 22.442 millones de euros. Pero, hay dos datos que definen la realidad del sector con mayor claridad. Uno, que se trata de la segunda cifra de renta agraria más baja de la última década. Dos, que el valor de toda la producción agraria en 2012 ascendió a 42.500 millones de euros y que para obtener la misma, agricultores y ganaderos tuvieron unos costes de producción y poner por delante un total de 21.000 millones de euros.
Los datos ofrecidos por la Administración sobre el comportamiento de la renta agraria no suponen ninguna sorpresa. Ha sido un mal año para los cerealistas o los productores de girasol, con la compensación de subidas de los costes; un mal año en la producción de vino, también con el aliciente de buenas cotizaciones en origen; campañas cortas también en frutas y hortalizas, con algunas mejoras discretas en los precios.
Mientras tanto, en la ganadería ha sido una buena temporada para los productores de bovino de carne por las exportaciones a los países árabes y han mejorados los precios del porcino, dentro de sus oscilaciones. También ha sido un gran año para la avicultura de carne y mucho mejor para la de puesta en precios, consecuencia de la caída de la producción por la aplicación de las normas sobre bienestar animal, y mal 2012, uno más, para los ganaderos de ovino-caprino, en caída libre y sin que nadie ponga el freno. En cuanto a la producción de leche, también ha sido un curso pésimo por la subida de los piensos, sin posibilidad de repercutir la misma en el coste del producto ante el poder dominante de la gran distribución para imponer condiciones a los industriales y, a la postre, sobre los ganaderos.
Consecuencia de esos buenos precios se puede hablar de un primer año con los populares discreto, pero no catastrófico. Ha sido cosa del tiempo y de los mercados.
A la hora de mejorar los niveles de rentas, la política que demanda el sector tiene que ir obviamente en una doble dirección: mejorar la productividad y conseguir más eficiencia en los costes.
Por otro lado, en materia de productividad, para aumentar el volumen y el valor total de los productos agrarios, la situación es dispar. En el campo español, dentro de las limitaciones que suponen la climatología o las condiciones de los suelos con grandes secanos y regadíos con altos costes de agua, el sector agrario ya ha hecho un importante esfuerzo de modernización, ajuste de estructuras real, más allá de los datos estadísticos del Ministerio, que habla de 900.000 explotaciones. Uno de los retos radicaría en el desarrollo de los procesos de ordenación y concentración de la oferta para operar en igualdad de condiciones con los intermediarios, operadores e industriales y poder regular mejor los mercados. Para determinados sectores, esa mejora se concretaría en la comercialización de productos más elaborados o con una presentación diferente para lograr en los mismos un mayor valor añadido.
El gran reto que tiene ante si el sector agrario, a la vista de la evolución de la renta, es lograr una reducción y un uso más eficiente de los medios de producción. En 2012, agricultores y ganaderos tuvieron que invertir en medios de producción, piensos, semillas, abonos, maquinaria gasóleo o energía eléctrica casi 21.000 millones para obtener una producción valorada en 42.574 millones de euros. La mitad de lo que han ingresado. El dato significativo más importante es que hace seis o siete años, los gastos en medios de producción solo suponían entre un 30% y un 40%. Responsabilidad del sector sería el gastar lo justo en mecanización para las necesidades de cada explotación, en abonar adecuadamente sabiendo las necesidades de cada suelo.
Pero, no es una responsabilidad del trabajador, sino de la Administración, que es quien tiene que cumplir los compromisos en materia de reducción de las tarifas para la energía eléctrica en los regadíos, las subvenciones y también los controles, en el uso del gasóleo y lograr unos mercados, en el caso de los fertilizantes, donde no exista el poder dominante de los monopolios para fijar sus condiciones.
La renta agraria no levanta cabeza fundamentalmente porque cada año son más importantes los costes de producción, mientras no crecen en la misma medida el valor de las producciones.
