Los seres humanos queremos ser felices. Aunque el entorno y las circunstancias indiquen lo contrario, muchos deseamos la felicidad, y por eso es una de las preguntas clave de la filosofía, que acompañan a las no menos importantes: “¿quiénes somos?” o “¿qué es la vida?”.
¿Qué es la felicidad? Hoy en día, innumerables psicólogos, psicoanalistas, filósofos, místicos, autores de autoayuda, pero también médicos, biólogos y hasta antropólogos, intentan responderla desde sus respectivos ámbitos, como el cardiólogo español Valentín Fuster, que sostiene una interesante teoría.
Quién es Valentín Fuster
Valentín Fuster es un cardiólogo español radicado en Estados Unidos desde los años 70 del pasado siglo. Catalán, nieto por parte de madre del marqués de Carrulla e hijo del psiquiatra Joaquín Fuster, se siente orgulloso de su origen mallorquín y judío.
En los 90 comenzó a trabajar en el Hospital Monte Sinaí, en Nueva York, y hace poco tiempo fue nombrado director general del CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares) en Madrid.
Ha estado muy involucrado en la difusión de hábitos saludables para mantener sano el corazón, y sus libros así lo atestiguan.
Este preámbulo es para entender por qué un cardiólogo insiste en 4 hábitos que, para él, son indispensables para conseguir la felicidad, y por qué este tema es tan importante.
La felicidad según Valentín Fuster
Fuster tiene ya 82 años. Si no nos convence su currículo, al menos su avanzada edad debería hacernos pensar en que sabe de lo que habla. Este científico está convencido de que la felicidad no es algo que nos viene desde fuera, sino un proceso interno, consciente y voluntario.
Para él, sentirse bien no es producto del entorno ni del azar, más bien de nuestra capacidad de mantenernos estables aun en medio de circunstancias catastróficas que no podemos controlar. Sus cuatro factores: Tiempo, Talento, Transmisión de positividad y Tutoría.
Esa estabilidad le permite al individuo mantener la calma (a pesar del dolor) cuando el entorno cambia constantemente, y lo que hace que su ánimo sea firme, sin depender de los estímulos externos.
Según Fuster, un cuerpo sano requiere de una mente con propósito, que involucre la ayuda a los demás, y que tenga capacidad de introspección. Es decir, que sea capaz de reflexionar sobre sí mismo, su comportamiento y el significado que le aporta. De ahí que afirme: “la gente más feliz es la que da, no la que recibe”.
Las cuatro T
- Tiempo: no es tiempo para descansar o para entretenerse. Fuster habla de Tiempo para reflexionar (que él aplica con rigurosidad): “15 minutos al día pienso en lo que es prioritario”, para entender qué es lo importante y discernirlo de lo urgente.
- Talento: Fuster explica que se relaciona con saber (y aceptar) eso que uno hace mejor. Cuando hacemos lo que mejor sabemos, la neurosis asociada a la frustración desaparece, porque nuestro tiempo cobra sentido.
- Transmitir positividad: es un hábito que consolida el equilibrio interno, y además contribuye a tener mejores relaciones sociales. En cierto modo, eso nos acostumbra a ver el lado bueno de las cosas, y no caer en la queja.
- Tutoría: dejarse aconsejar por expertos puede cambiar la vida. Estos expertos pueden ser un profesor que nos guía en la facultad, un amigo con más experiencia, una persona que ve en nosotros cualidades que aún no vemos. Eso nos permitirá ganar seguridad interna y decidir con convicción.
Fuster afirma que este proceso, individual y constante, nos proporciona un escudo emocional y psíquico para protegernos de la pérdida de propósito, de la neurosis y la confusión a las que la agitada vida moderna nos tiene acostumbrados.
De esta forma, el cardiólogo enlaza la psicología positiva y la cardiología preventiva, como una manera voluntaria y consciente de ubicarnos en nuestra propia realidad, y cambiar lo que pensamos, sentimos y hacemos con respecto a ella. No podemos cambiar los hechos, pero si nuestro modo de enfrentarlos.
