La justicia madrileña ha dado un paso importante en la humanización y personalización de los procedimientos. Por primera vez en España, una persona presentó declaración como víctima en un juzgado acompañada de su perro de apoyo.
El caso de Eika, un perro de apoyo en un proceso penal
La mujer que declaró acompañada con Eika, su perro, tenía una discapacidad intelectual. Debía declarar en un juicio oral para dar testimonio ante el tribunal. Presuntamente, había sido víctima de violencia de género en la primera instancia del proceso penal.
La denuncia fue presentada en el marco de un procedimiento por violencia de género. No se han difundido los detalles sobre los denunciantes. Tampoco se conocen públicamente la identidad del acusado ni la relación exacta que tenía con la víctima.
¿Por qué se autorizó la presencia del perro de apoyo en la sala de vistas?
El Gobierno autonómico ha explicado que la víctima era una persona especialmente vulnerable debido a su discapacidad. El proceso en el que estaba involucrada le provocaba miedo. Su rutina estaba alterada y la mujer mostraba un gran nerviosismo.
En conocimiento de esta situación, la Oficina de Asistencia a las Víctimas de Delitos propuso al juez que su perro de apoyo acompañara a su dueña en el momento de sus declaraciones. La propuesta de la OAVD era excepcional y en España no existían antecedentes. El juez aceptó y la víctima declaró con su perro de apoyo junto a ella.
Esta oficina ha sido clave para la víctima. Se trata de un servicio público y gratuito dependiente del Ministerio de Justicia. Su finalidad es atender integralmente a las personas que han sufrido un delito. Allí, la víctima recibe el asesoramiento legal, el apoyo emocional y ayudas para afrontar el proceso judicial.
En el marco de estas ayudas prácticas, la OAVD entendió pertinente que la mujer fuera acompañada por su perro de apoyo, Eika.
¿Por qué era importante la presencia del perro de apoyo para el estado emocional de la víctima declarante?
Los perros de apoyo forman parte de la vida de las personas a las que asisten. Están entrenados específicamente para ofrecer asistencia práctica y emocional en la vida diaria.
No solo son animales de compañía. Ayudan a brindar seguridad y autonomía a sus tutores. Contribuyen al bienestar físico y psicológico. Las personas asistidas por un perro de apoyo se acostumbran a su presencia y confían en el animal. El animal es como un puente que une al discapacitado con su entorno.
Esta es la función de Eika en la vida cotidiana de la mujer. En el juzgado, su presencia le proporcionó un entorno de seguridad y confianza en ese momento de gran tensión, que le provocaba miedo y nerviosismo.
La sala de vistas de un juzgado es intimidante, especialmente para una persona vulnerable que está bajo presión. Eika actuó como un recurso emocional y ayudó a la víctima a mantener la calma y a sentirse acompañada en su proceso por violencia de género.
La presencia del animal no alteró a formalidad ni el rigor del procedimiento. Pero garantizó que la víctima pudiera expresarse con claridad y serenidad. Su testimonio se desarrolló en excelentes condiciones. La mujer agradeció el apoyo y la ayuda que se le ha ofrecido.
La justicia se humaniza
El caso de Eika simboliza un avance hacia la sensibilidad institucional. La justicia se humaniza al permitir integrar medidas que apoyo que favorecen la participación de las personas sin perder la imparcialidad ni la formalidad del acto.
El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Migual Ángel García Martín, destaca que este ha sido un paso hacia una justicia más accesible y cercana.
En tiempos en los que tanto se habla de la inclusión, a la atención a la diversidad y a las diferencias, medidas como las de este caso contribuyen a que todos los ciudadanos ejerzan sus derechos en condiciones reales de equidad.
