El gato es, junto con el perro, la mascota más popular entre los seres humanos, y se calcula que hay alrededor de 600 millones en todo el mundo, es decir, que hay uno por cada diez personas. Los vemos durmiendo entre nosotros o actuando como si las mascotas fuéramos nosotros, y se cree que vienen acompañándonos desde hace unos 10.000 años.
Para muchos, estos animales son originarios de Egipto, donde habrían sido domesticados por primera vez y donde fueron momificados y honrados con esculturas y pinturas. Quizás por eso sigan comportándose como si fueran superiores a nosotros; pero hay información reciente que indica de que la domesticación se produjo en otro lugar.
El origen de su domesticación
Historiadores y etólogos asocian la domesticación de los gatos al surgimiento de la agricultura en Oriente Medio, cuando los grandes depósitos de granos y cereales atrajeron a los roedores, y estos fueron seguidos por sus depredadores naturales, los pequeños felinos salvajes.
Los seres humanos habrían favorecido la presencia de los gatos como cazadores expertos, y estos habrían pasado eventualmente de los silos de granos a los hogares. Esta teoría en parte ha sido confirmada por el descubrimiento de entierros de gatos domésticos en lugares como Chipre, que datan del período en que se inventó y extendió entre los humanos la actividad agrícola.
Lo que dice el ADN antiguo
Con todo, hay nuevas evidencias que apuntan a otra región como lugar de domesticación de los gatos. Un estudio realizado por investigadores europeos, publicado recientemente en la revista Science, donde se analizaron 87 genomas de felinos domésticos antiguos y modernos, señala el norte de África como punto de partida de nuestra relación con ellos.
Así que la domesticación no se dio en Oriente Medio, sino en algún punto del norte del continente africano, donde el gato montés africano, o una especie afín a esta, dio paso al Felis catus, el animal doméstico tal y como lo conocemos hoy día.
De allí habría pasado a Egipto y Oriente Medio, y luego a Europa, gracias a la expansión del imperio romano hace 2.000 años. A China habrían llegado a través de la Ruta de la Seda en el siglo VIII, seguramente como regalos exóticos.
El gato leopardo de Asia
En la práctica los chinos convivieron con otro felino durante varios miles de años, sin relación con el gato doméstico actual: el gato leopardo, también conocido como gato de Bengala (Prionailurus bengalensi). Estos gatos habrían estado con seres humanos entre el 3400 a.C. y el 150 d.C.
Este felino es el resultado del cruce de uno doméstico con una gata de Bengala, realizado en los años 60 del siglo pasado, en Estados Unidos, dando origen a una raza de gatos domésticos con la piel similar a la de un leopardo o un jaguar.
Por qué se rompieron los lazos con su antecesor
Los seres humanos convivieron con estos felinos durante más de 3.000 años, pero algunos expertos creen que no llegó a domesticarse por completo, y aunque eran excelentes cazadores de roedores también se podían alimentar de aves domésticas, los que los convertía en un problema.
Los humanos habrían abandonado su relación con el Prionailurus bengalensis en el siglo II de nuestra era, al producirse una disminución en la actividad agrícola.
El gato silvestre europeo
Antes de la domesticación de los felinos de la mano de los romanos, los europeos habrían domesticado parcialmente ejemplares de gato montés europeo (Felis silvestris), de los que se han encontrado restos en yacimientos arqueológicos, anteriores al 200 a.C.
De las tres especies de felinos con los que los seres humanos tuvimos relación, al final nos quedamos con el descendiente del gato montés africano.
