El lunes 5 de enero, Castilla-La Mancha disfrutó, o al menos quienes estaban bien preparados, de su primera nevada en 2026 que en gran parte fue producto de un frente de origen ártico y del paso de la borrasca Francis, con temperaturas el 6 de enero que alcanzaron los -15 °C.
Y es probable que lo que muchos ciudadanos de Castilla-La Mancha hayan tomado como un evento inusual o inesperado se haya recibido como algo normal en un pueblo de la provincia de Guadalajara, considerado el más frío de España, y donde en una ocasión la temperatura llegó a bajar a -28,2 °C.
Un pueblo hermoso y gélido que vale la pena conocer
Hablamos de Molina de Aragón, y los -28,2 °C se alcanzaron el 28 de enero de 1952. 69 años después, en enero de 2021, la temperatura llegó a -25,2 °C. Aunque la de 1952 no es la temperatura más baja que se ha registrado en un pueblo en España, el récord lo ostenta Calamocha, con -30 °C en diciembre de 1963.
Lo que convierte a Molina de Aragón en el pueblo más frío de España es que durante más de 300 días al año este pueblo sufre de heladas, y las temperaturas son tan bajas que ya en noviembre muchos lugareños cierran sus casas y se van, y no vuelven hasta febrero, acentuando así la sensación de despoblamiento.
Es quizás esto lo que lleva a afirmar a su alcalde, Francisco Javier Montes, que “somos la Siberia española en todos los sentidos, no solo por el frío, también por la despoblación”.
En el pueblo viven 3.200 habitantes y, curiosamente, uno de sus atractivos es precisamente la de ser tan frío casi todo el año. Pero no es lo único que lo caracteriza.
En el ayuntamiento destacan monumentos como la fortaleza de Molina de los Caballeros, una construcción árabe medieval, y la Torre de Aragón, edificación del siglo X que era una extensión del castillo y funcionaba como torre vigía, convertida en uno de los símbolos principales del lugar.
La ciudad conserva gran parte de su atmósfera medieval, particularmente embellecida cuando hay nevadas, como sucede en invierno, cuando los visitantes pueden disfrutar de sus calles empedradas y de los techos y monumentos cubiertos por la nieve.
“Aquí el frío no congela el ánimo ni el espíritu”
Es un pueblo donde hay que acostumbrarse a las grandes oscilaciones de temperatura en un mismo día, sobre todo en verano, cuando la variación puede ser hasta de 20 °C. Al respecto comenta el alcalde: “En verano durante el día tenemos un calor similar a Toledo y por la noche dormimos con manta”.
Con la construcción del Parador Nacional, desde el que se tiene una vista excepcional del castillo y del pueblo, el turismo no ha dejado de crecer en verano, incrementándose en un 25% respecto a años anteriores.
Destaca Montes que “el Parador ha sido clave. Gracias al turismo en verano llegamos a triplicar población siendo más de 9.000 habitantes”.
Pero son las bajas temperaturas que dominan casi todo el año las que dan un carácter especial a Molina de Aragón; que hace afirmar a Francisco Javier que “aquí el frío no congela el ánimo ni el espíritu”, pero sí los obliga a tomar previsiones.
Los habitantes de esta localidad deben prepararse desde temprano para la llegada de la bajas temperaturas: “En abril o mayo ya preparamos la leña para cuando comienza a refrescar”; y todos conocen y practican algunos trucos para evitar que el frío extremo les juegue una mala pasada, como dejar corriendo un hilo de agua en el grifo para evitar que las tuberías se congelen.
Además de su patrimonio urbanístico, Molina de Aragón ofrece la oportunidad de disfrutar de la belleza natural de los alrededores, a través de una serie de senderos con los que se pueden recorrer montañas y bosques cubiertos de nieve, especialmente en esta época del año.
