Joaquín Sabina es, seguramente, una de las figuras más reconocidas de la historia de la música española. Lo es por la calidad de sus letras y su manera de contar la realidad sin tapujos. Es algo que ha acompañado desde siempre a este jienense nacido en Úbeda y que creció en un país que en aquel momento estaba marcado por la escasez y las diferencias sociales. Esto también influyó en su forma de escribir y ver el mundo. Nada idealizar las cosas, ni siquiera su infancia. Todo tal y como lo vivió y vio. Realista, aunque muchos lo consideren crítico.
Para conocer bien las letras que caracterizan al cantautor andaluz es fundamental saber de sus raíces, analizar su infancia y juventud teniendo en cuenta la situación de aquella España, la de la posguerra. Así, ahora que ha pasado el Día de Reyes, Sabina cuenta como lo vivía él en su pueblo: “El de los Reyes Magos era un día muy triste. Vivía en una plaza donde los niños iban a enseñar sus juguetes. Los ricos llevaban una bici y yo, un aro. Me cagaba en la madre que los parió”.
La madre de Sabina era ama de casa y su padre policía. El artista creció en un país golpeado todavía por la guerra y la miseria. Su educación se llevó a cabo en las monjas Carmelitas y destacó de su infancia que fue “duramente religiosa, de comunión frecuente, misa diaria, confesión frecuente. No podías tener malos pensamientos, y yo me mataba a pajas”.
Su objetivo era el de escapar de Úbeda, una localidad que posteriormente declaró que recordaba como un lugar “hermoso pero asfixiante”.
Su padre le detuvo
Sabina se marchó con el tiempo a Granada y allí participó “en actividades antifranquistas. Volví a Úbeda pensando que iba a estar tranquilo, pero llamaron por teléfono diciendo que me llevaran preso y mi padre, Jerónimo, tuvo que detenerme. Llegó a casa y dijo ‘Hijo mío, estás detenido’. Fue un viaje de tres horas espantoso, no abrió la boca en todo el viaje”, contó Sabina.
En la comisaría le decían: “No te doy dos hostias porque está tu padre ahí fuera y es compañero”. Cuenta que le llevaron junto a su padre al despacho de un jefe superior y “le echó una bronca y lo humilló diciéndole que la policía en Úbeda no funcionaba bien. Amé a mi padre y odié al que lo humilló”, recuerda. A pesar de esto, Sabina no siguió callado y continuó participando en actos contra la dictadura de Franco.
Reino Unido, el exilio de Joaquín Sabina
Con 21 años y estudiando Filología Románica, Sabina acudió a una manifestación en Granada contra Franco y el proceso de Burgos. En los disturbios lanzó un cóctel molotov contra una oficina bancaria. Si lo hubiesen detenido, hubiese acabado en la cárcel, por lo que decidió exiliarse con un pasaporte falso y tras estar en Francia acabó instalándose en el Reino Unido.
Allí comenzó a cantar en restaurantes y conoció “a un grupo de okupas, era un movimiento magnífico, no ocupaban cualquier casa, vivíamos como Reyes. Me gustaba escribir y empecé canciones, y empecé a cantar en clubes de gente exiliada”, recuerda el andaluz de aquella época fuera de nuestro país.
Punto y final a su carrera
Durante su trayectoria musical, Sabina ha publicado numerosos discos y gran parte de ellos se han convertido en referentes de la música española. Álbumes como 19 días y 500 noches o Física y Química marcaron a millones de personas por todo el mundo. Ahora, con la retirada de los escenarios Sabina cierra una etapa en la que la letra de muchas de sus canciones refleja su propia experiencia en la vida.
